Opinión

  • | 2016/09/01 00:01

    El Acuerdo: Hubiera querido

    La guerra de hoy, que utiliza el terrorismo como su principal herramienta, es una guerra interminable en donde siempre, siempre, es la población civil la mayor perjudicada. De los últimos conflictos mundiales todos, excepto Sri Lanka (que es una isla) han terminado en la mesa.

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  • Hubiera querido vencerlos en el campo no en la mesa pero rara vez así se ganan las guerras. Esas victorias épicas, napoleónicas, hacen parte de la historia o de la ciencia ficción. La guerra de hoy, que utiliza el terrorismo como su principal herramienta, es una guerra interminable en donde siempre, siempre, es la población civil la mayor perjudicada. De los últimos conflictos mundiales todos, excepto Sri Lanka (que es una isla) han terminado en la mesa.

  • Hubiera querido su arrepentimiento, de rodillas. Que nos pidieran perdón a todos los colombianos por el terror que sembraron durante décadas.

  • Hubiera querido que su discurso estuviera desprovisto de  la soberbia que manejan los que no se creen vencidos, y que reconocieran que los problemas de este país, que son reales, hace rato dejaron de tener en ellos un interlocutor que no escogió la vía democrática.

  • Hubiera querido una negociación corta, de esas que se logran con una contraparte débil. No darles un trato de iguales, ni aguantarse cuatro años de deliberación y debate como si se estuviera no firmando una entrega sino refundando la patria.

  • Hubiera querido la entrega de su botín de guerra. Ese que se construyó a punta de narcotráfico, de extorsión, de secuestro, de dolor. Que reconocieran que ese dinero lo tienen, la han guardado, y están esperando usarlo. Que con ese dinero se resarcieran las víctimas del conflicto a las que les quitaron todo: su dignidad, sus tierras, su vida.

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  • Hubiera querido que pagaran cárcel como cualquier otro criminal, como el roba gallinas o el delincuente de cuello blanco.

  • Hubiera querido que se sometieran a nuestro sistema judicial, al existente, y encontraran en él un sistema exento de vicios que los trataré con justicia y no tener que crear todo un sistema nuevo, transicional, con jueces independientes para juzgarlos.

  • Hubiera querido no tener que regalarles curules, sino esperar a que una vez terminaran de cumplir sus penas se ganaran un espacio democrático producto del supuesto apoyo popular que dicen tener.

  • Hubiera querido no tener que mantenerlos con mis impuestos, ni regalarles plata para un emprendimiento. Que se ganaren la vida como cualquier otro colombiano que a punta de esfuerzo y de trabajo honesto hoy se gana el mínimo y no tiene acceso a crédito, mucho menos a regalos por no tener ni historial crediticio ni como pagarlo.

  • Hubiera querido que después de cuatro años de negociación, el acuerdo no fuera un marco general de buenas intenciones que ahora tendrá que ser implementado con facultades extraordinarias que harán que en la práctica todavía mucho esté por desarrollar.

  • Hubiera querido un Gobierno que durante todo este tiempo, en pos de la firma, no se hubiera quedado callado de forma complaciente, cobarde y antidemocrática con las atrocidades de la dictadura venezolana que ha sido tan “importante” para el proceso.

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  • Hubiera querido no nacer con la guerra, vivir en paz, crecer sin ser observador y víctima de la barbarie.

Pero, no se trata de lo que hubiera querido, ¿no?, la vida generalmente no funciona así, en ninguna parte. Al final, este acuerdo no se trata de lo que fue, se trata de lo que puede ser. Imperfecto como  es, este acuerdo es la única manera viable que ha encontrado este país  no para llegar a la Paz, pero si para terminar la guerra.

Para votar por el Sí no necesito leerme los acuerdos. No me he terminado todavía de leer ni nuestra constitución que con sus 380 artículos tomo menos tiempo en elaborarse que este acuerdo, ni tampoco la declaración de los derechos del hombre y el ciudadano que brilla por su simpleza en sus 17 artículos que han servido de marco para la mayor parte de las constituciones del mundo que luego su sistema legislativo se encarga de desarrollar (como el acuerdo).

Mis disculpas a sus autores que sé que le pusieron todo el esmero a su redacción, pero para mí del acuerdo lo único que tiene importancia es su última página, en donde se consignan las firmas. El acuerdo es definitivamente un acto de Fe. Apegarse a su letra, es desconocer la realidad práctica de que ahora va a ser implementado, y sobre todo desconocer que lo que se firmó, lo que realmente significa, es que nos ahorraremos las víctimas de la guerra que ha cobrado miles de vidas de colombianos no importa de qué lado los queramos ver.

Voto por el Sí con los diez dedos y no porque crea en Santos ni en Timochenko que por supuesto son transitorios sin demeritarles su importancia, sino porque creo que nosotros vamos a ser capaces de darle vuelta a la página y reconstruir un país mejor, ahí sí, en Paz.

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