Opinión

  • | 2016/03/02 00:01

    Educación y el valor de la formación ética en la sociedad

    Los actores que estamos involucrados en esta nueva gran revolución industrial como lo es la Era Digital todavía tenemos un saldo pendiente con la sociedad: fortalecer la educación con una alta “dosis” de ética y moral que vaya de la par con el crecimiento del país.

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Después de estar presente en diferentes espacios corporativos, académicos y de gobierno, con representantes del sector público y privado para discutir el rol y las oportunidades que tiene un país como Colombia con las TIC y el fenómeno de la digitalización, quiero compartir una vieja preocupación que me ha vuelto a intranquilizar en los últimos días.

Y es que veo que, a pesar de los avances en cuanto a la infraestructura, servicios y aplicaciones en TIC, los actores que estamos involucrados en esta nueva gran revolución industrial como lo es la Era Digital -hablo de los líderes del sector público y privado- todavía tenemos un saldo pendiente con la sociedad: fortalecer la educación con una alta “dosis” de ética y moral que vaya de la par del crecimiento del país.

Aunque se ha venido hablando de manera conveniente de la importancia de formar a los colaboradores en TIC, los mayores énfasis de esa formación han estado concentrados en incentivar aspectos técnicos y en fortalecer las destrezas necesarias para hacer sostenible la revolución tecnológica de la que todos somos testigos. Con esto quiero decir que estamos educando profesionales con amplias habilidades para enfrentar técnicamente el fenómeno de la digitalización y el Internet de Todo (IoE), pero dejando a un lado lo esencial: valores sociales indispensables pensar en un modelo de educación íntegro que permita la formación líderes para el futuro.

Es claro que no se le ha dado el espacio que se merece (y en esto no tengo miedo a equivocarme) a la educación integral y formativa. Ni la academia, ni las escuelas de negocio, ni el gobierno, ni las propias empresas del país estamos incluyendo aspectos fundamentales para la formación de personas, con características que cualquier sociedad agradezca como lo es el compromiso con lo moral y las buenas prácticas en cualquier entidad u organización.

¿Por qué hablar de ética y valores?

 ¿Por qué la ética y los valores deberían ser factores esenciales en un país como Colombia? ¿Por qué llamar la atención de este tema cuando en general estamos concentrados en el déficit notable de profesionales con conocimientos técnicos, estratégicos e inteligentes que sean capaces de habilitar las TIC en Colombia?

Mi respuesta es sencilla: la nueva revolución industrial viene acompañada del fenómeno de la digitalización como protagonista de cambios disruptivos a la hora de hacer los negocios y diferenciarse con los competidores globalmente. Este objetivo no solo conlleva enormes oportunidades para las empresas, pues permite aprovechar los datos que hoy en día no están siendo analizados y utilizados para crecer (casi un 80% del total de datos que circulan en la actualidad); sino que también representa una gran responsabilidad especialmente a la hora de fortalecer un sistema que asegure la reputación, esto de cara al sector privado como público.

Hoy estamos viendo que la información es pública al instante y con una capacidad de amplificarse de forma exponencial gracias a las redes sociales. Lo vemos en los medios de comunicación y en las redes sociales, gracias en gran parte al empoderamiento que tienen los ciudadanos al estar conectados siempre a un dispositivo móvil con acceso no solo a internet. Pero también se hace realidad por cientos de aplicaciones para compartir información o a servicios para actualizar información de manera colaborativa (wikis). Espacios donde los datos confidenciales de negocios, contratos y hasta información de la vida privada (ajena a los negocios) de las personas está siendo compartida con facilidad y sin filtros. 

Este no es -ni mucho menos- un fenómeno pasajero. Por el contrario, es una tendencia que perdurará gracias al alarmante crecimiento de datos móviles que se presenta y que crecerá hasta diez veces más llegando hasta los 5,5 billones de usuarios conectados a dispositivos en la próxima década. La cifra es tan frívola que para darle una mayor dimensión debemos decir que “habrá más población con móviles que con acceso a agua”, como lo concluye el reciente estudio VNI presentado por Cisco.

La realidad actual debe traer consigo una reflexión profunda para todos los líderes de las industrias pero también para los ciudadanos. El punto es darle el valor que se requiere a la información, que si bien trae grandes oportunidades, también representa un constante sentido de responsabilidad que requiere de criterio y rigurosidad para su adecuado manejo. 

Lo que es claro es que el país requiere de líderes que se enfoquen en fortalecer la educación y las costumbres al interior de sus organizaciones; seres que inspiren desde sus actos a sus colaboradores a obrar con convicción con la información que manejan, no solo de las empresas sino de las personas (clientes y ciudadanos).

Mi invitación, en especial  a las escuelas de negocio es que empecemos a educar sobre aspectos básicos como los valores en nosotros mismos, así como en el gran ecosistema que rodea una organización públicas y privadas,  a empresarios y políticos, a empleados, colaboradores, partners, proveedores y clientes. No olvidemos que la educación técnica, estratégica y en negocios en indispensable, pero sin dejar a un lado la enorme responsabilidad de manejar información. Esto debe aplicar para un banco, un negocio de retail, un proveedor de servicios en telecomunicaciones o una entidad pública.

No olvidemos que la digitalización, más allá de ser un riesgo, debe ser un reto para los líderes empresariales y de gobierno, porque es a través de ella que se podrán potenciar y generar nuevos negocios; transformar procesos, tener un mayor contacto con los clientes (ciudadanos para el caso de empresas públicas) y mejorar el porcentaje de cumplimiento de las metas, ventas, reportes, productividad y automatización de procesos.

Sin lugar a dudas, ha llegado el momento para el surgimiento de los nuevos líderes de la próxima década. Líderes inspiradores, sagaces, humanos y por sobre todo íntegros. Los invito a que hagamos de nuestros negocios y las entidades que representamos protagonistas de una nueva era en donde seamos recordados por las buenas prácticas, dejando a un lado acontecimientos como los que estamos siendo testigos en la actualidad. El cambio debe ser liderado por nosotros.

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