Opinión

  • | 2016/11/26 00:01

    Dos caminos para volver al crecimiento

    Incrementar los salarios puede hacerse sin subir los valores nominales, mientras que invertir en renovación de infraestructura puede crear nuevos puestos de trabajo.

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El crecimiento de la demanda agregada se encuentra estancado como consecuencia de que los hogares, los gobiernos y las empresas no pueden usar e invertir el dinero suficiente para generar nueva demanda por bienes y servicios y así impulsar la creación de nuevos empleos, o un aumento de los salarios.

Los niveles de desempleo permanecen altos y afectan especialmente a las mujeres y a la población más joven que aunque bien preparada – muchos con posgrados y experiencia – no logran encontrar un empleo bien remunerado, de tal manera que una parte importante de la población está por fuera de la economía sin aportar a la producción o al consumo y menos a la seguridad social. Lo último representará un desafío a largo plazo para los Gobiernos pues tendrán que hacerse cargo de una cantidad significativa de individuos que no alcanzarán a acumular suficientes ahorros para tener una jubilación que garantice un nivel de vida mínimo. 

De las tantas soluciones que pueden pensarse para resolver el problema, en mi columna anterior he planteado dos salidas. La primera, aumentar los salarios para incentivar el consumo desde los hogares y la segunda, que los Estados inviertan en la renovación de infraestructura para impulsar la demanda. La combinación de ambas puede contribuir a que las empresas vuelvan a invertir, lo que debería derivar en la creación de nuevos empleos, y en el sostenimiento del precio de los salarios. Al final el beneficiado es el crecimiento económico que sería impulsado por mayor dinamismo de la demanda agregada. 

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Un incremento de los salarios puede hacerse sin aumentar los valores nominales, en cambio de subir el valor nominal puede reducirse el número de horas trabajadas para ganar lo mismo. Una jornada laboral más corta con el mismo salario equivale a un aumento e incentiva la creación de nuevos puestos desde los empleadores que deberán hacer nuevas contrataciones para hacer su producción.

Obviamente esa acción hace que los costos laborales aumenten pero no significa que sea el doble, lo que debe pasar es que una jornada más corta haga que una empresa que antes empleaba diez personas para completar su producción, luego necesite doce para lograrlo. El incremento de los costos laborales es proporcional al incremento de los salarios y una parte de esos gastos sigue siendo deducible de impuestos disminuyendo el impacto sobre las empresas. Además hay un efecto colateral positivo relacionado con la creación de nueva demanda por parte de los individuos que demandaran servicios y bienes, para ocupar su tiempo libre.

Renovar la infraestructura existente es el otro camino que se debe combinar, ahora mismo la mayoría de economías emergentes e industrializadas tienen déficits en infraestructura o está obsoleta, afectando la productividad y el propio crecimiento económico. El Global McKinsey Institute también ha calculado que el mundo debe invertir U$3,3 trillones anuales (millones de millones) hasta 2030 en infraestructura solo para mantener las tasas actuales de crecimiento, la mayoría de esas inversiones deben hacerse en las economías emergentes en sectores como la energía y vías.

Invertir en infraestructura es un buen catalizador de la amplia liquidez mundial porque hace que el dinero vaya directamente a la economía real, así mismo es un sector generador de empleo que también demanda bienes desde otros sectores. La inversión en infraestructura en lugar de presionar los balances de los Gobiernos es una solución viable a los problemas de baja demanda y empleo, su financiamiento puede hacerse usando parte de la liquidez que están suministrando los bancos centrales del mundo comprando activos financieros vinculados a la infraestructura que tendrían mayor rendimiento que los bonos de los gobiernos calificados con AAA, pero que sin embargo por ser proyectos impulsados por el gobierno pueden tener garantías asociadas que hagan que su nivel de riesgo sea lo suficientemente bajo como para ser atractivos por los bancos centrales e inversores institucionales como fondos de pensiones, aseguradoras, y fondos soberanos.

La puesta en marcha de soluciones que mejoren los salarios e incentiven la demanda ayudan a cumplir los objetivos de disminución de la brecha de desigualdad que ha venido ampliándose, y hacer que los precios suban un poco para evitar que efectos deflacionarios reduzcan la producción, este último es un problema contra el que han estado batallando Japón por más de diez años y la Eurozona desde la crisis de 2008.

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