Opinión

  • | 2016/08/30 00:01

    Dime cómo piensas y te diré qué tipo de líder eres

    Existen dos tipos de mentalidades que determinan la forma en que actuamos y nos relacionamos con el mundo. Como líder, usted cuenta con herramientas para promover en su equipo creencias de aprendizaje constante.

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Lo que somos se ve reflejado en lo que hacemos y en nuestra forma de actuar; por algo dice el refrán que de la abundancia del corazón habla la boca. Es por esto, que la forma en que pensamos determina cómo nos enfrentamos al mundo. Carol Dweck en su libro: Mindset, explica que los seres humanos tenemos dos tipos de mentalidades que determinan nuestra forma de percibir y actuar. Así, existen personas con mentalidad fija y otras con mentalidad de crecimiento. El primer grupo, se caracteriza por creer que “así soy y así me quedo”; lo que implica que sus habilidades y personalidad ya están formadas y que no es posible el cambio. Por ende, estas personas creen que cuando se equivocan es porque han fracasado y por tanto se les dificulta dar segundas oportunidades. Como consecuencia, tienen poca tolerancia al error y tienden a tomarse las cosas personales. Por su parte, el segundo grupo, el de la mentalidad de crecimiento, ve un error como una falta de esfuerzo y como una oportunidad de aprendizaje y a la retroalimentación como la mayor fuente de conocimiento. Aunque a simple vista pareciera que se tiene una mentalidad mala y una buena, esto no es tan claro en la práctica. De hecho, muchas personas no son conscientes de esto y pueden, por tanto, presentar muchas dificultades en la vida. Lo importante, ante todo, es reconocer que las mentalidades son creencias que tenemos acerca de nosotros mismos y por ende estas se pueden cambiar.

Si usted es una persona que busca hacer las cosas bien a la primera o no las hace, que se castiga fuertemente cuando se equivoca, se siente motivado por que constantemente le estén celebrando sus éxitos y sus cualidades, muy seguramente usted tiene una mentalidad fija. El gran problema es que ésta nos hace creer que que no se puede cambiar, y  crea una necesidad constante por probar el propio valor, lo que hace que las dinámicas de las relaciones se conviertan en una lucha de egos en el que gana el que más flores recibe. En cambio, pensar desde otra mentalidad, nos permite creer en la mejora continua, en esforzarnos por ser cada día mejores y en considerar nuevos puntos de vista. Así, la mayor recompensa que se recibe es el haber alcanzado las metas por encima de esperar un premio o felicitación. Darwin Smith, antiguo CEO de Kimberly Clark, es un claro ejemplo de una mentalidad de crecimiento, pues afirma que su éxito como líder se debía a que todos los días se esforzaba por estar calificado para su trabajo. Si usted desea ser un líder que fomenta ésta mentalidad en su equipo, siga las siguientes recomendaciones:

  1. Celebre el esfuerzo por encima de los resultados: Como líder, usted puede determinar si su equipo se mueve bajo una mentalidad fija o una de crecimiento. Enfatizar la segunda, hará que las personas se reten más a menudo y por tanto estén dispuestas a correr más riesgos. No celebre el talento, reconozca el esfuerzo y alimente el crecimiento.
  1. Cree planes de desarrollo con su equipo: Establezca con su equipo no solo las metas laborales, sino también las metas de crecimiento como equipo. Promueva la retroalimentación constante y la participación activa.
  1. Promueva el aprendizaje continuo: Conviertase en un modelo que promueve el estar constantemente aprendiendo de la situación. Si se cometen errores, enfatice la retroalimentación y espacios para rescatar las lecciones aprendidas.
  1. Sea humilde: La mentalidad de aprendizaje implica el aceptar que sus ideas pueden no ser siempre las mejores. Abra su mente y esté dispuesto a aceptar sus errores y pedir ayuda.
  1. Crea en el poder del “no todavía”: Cuando reconozca que aún faltan cosas por hacer o aprender, no vea a su equipo como una causa perdida, simplemente acepte que todavía no tienen las habilidades y busque formas para desarrollarlas.

Finalmente esté atento a su propia mentalidad, pues nuestra tendencia natural es la de imponer nuestra forma de pensar en los demás y por ende, su equipo responderá a la mentalidad que usted proponga.

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