Opinión

  • | 2014/09/08 15:00

    Nuestra mala educación

    Los comentarios de Gina Parody, actual Ministra de Educación Nacional, sobre los elementos en los que enfocará la gestión de su cartera en los próximos años dejan varios vacíos en el ambiente. Opinión de Alberto Naranjo.*

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El primero de ellos, es nuestro gran amor a la información y nuestro gran abandono a la formación. Para la muestra, la reacción que suscitaron los malos resultados de los estudiantes colombianos en las pruebas PISA, ayudada por los medios de comunicación. Dados estos resultados, la presión mediática hizo que el gobierno rápidamente creará una nueva cátedra de educación financiera en los colegios públicos; para mi juicio nada más improvisado.

Asimismo, la nueva Ministra habla de bilingüismo, jornada completa para que se estudie más horas y mayor calidad en los maestros para aprender más y mejor conocimiento, entre otros elementos. Más información en las cabezas de todos los niños y jóvenes nos llevará a ser un país próspero, parece ser la premisa. Seremos los grandes innovadores del mundo y los trabajadores más productivos. Muy difícil decir que no a semejante sueño y a su receta, especialmente si es dictada por profesores investigadores con PhD o por la OECD.

Sin embargo, aunque quizás esto sea bueno y efectivamente llegase a pasar, nuestra sociedad seguirá siendo una sociedad enferma. Enferma porque nunca hemos construido una sociedad donde quepamos todos y donde todos nos sintamos parte de algo construido en común acuerdo, en conjunto. Y esto se resuelve no dando más y mejor información a nuestros jóvenes, sino formando individuos alrededor de la sociedad que queremos.

Somos un país de individuos, no un país de sociedad. Cada quien define qué es lo bueno y qué es lo malo, cada quien asume su desarrollo sin importar el desarrollo de los demás, cada quien sabe que no dar papaya es lo único que hay que saber para poder vivir en nuestra “sociedad”. Y entonces, ¿cómo podemos cambiar esto por un modelo más incluyente?, ¿Con mejores maestros?, ¿Más horas de clase? y ¿Mejores sueldos? Definitivamente no lo creo.

Se debe hacer un alto en este vertiginoso camino hacia la prosperidad y pensar cómo un niño de estrato bajo puede sentirse parte de una misma sociedad donde hay un niño de estrato alto. Y sentirse parte, significa que al cruzarse sus caminos pueda existir un diálogo, que los dos sepan que arrojar basura a la calle está mal, que aunque cada uno pueda seguir caminos distintos en un futuro ambos merecen el respeto del otro, y se mirarán a la cara con la posibilidad de compartir experiencias o aprender el uno del otro. Y eso se aprende con líderes que entiendan que en realidad este es nuestro gran problema como sociedad, no la falta de conocimiento.

Segundo, quiero discutir un punto que de alguna forma está relacionado con el primero. Se trata de la elección de tener un sistema educativo mixto, público y privado, en donde se enfatiza en lo público y se regula lo privado.

En un sistema privado, las instituciones educativas, llámense escuelas, colegios, instituciones tecnológicas, instituciones técnicas, instituciones universitarias, o universidades, saben que la competencia por recibir la matrícula de un estudiante las hace buscar ser diferentes las unas a las otras. Entre más diferente sea un colegio privado de los otros, más fácil poder apropiarse de un segmento del mercado, dados los muy diversos gustos y preferencias de las personas en una sociedad.

Pero, ¿qué tiene que ver este sistema privado de incentivos con la idea de una sociedad en donde todos podamos sentirnos parte? Pues precisamente que en un sistema donde un colegio privado busca diferenciarse cada vez más de la competencia, esto se hace a costa de un modelo de sociedad en donde haya un mínimo consenso para vivir juntos. Todos entonces terminamos siendo tan distintos que hablar de cosas comunes se vuelve imposible. Y esto sin contar con el sector público que va a una velocidad menor que el sector privado a pesar de los muchos intentos por disminuir la brecha de conocimiento por parte del Ministerio.

Es imposible ganarle al sector privado, y cada día que pasa estaremos cada vez más distanciados los unos a los otros, a menos que el foco de la política educativa sea no el conocimiento y la información sino la formación. Allí, el Ministerio puede hacernos similares, acercarnos como sociedad. No estoy en contra de la diferenciación, estoy en contra de pensar que eso nos hará sociedad. En ese sentido se debería estar pensando más en unificación de proyectos educativos institucionales, y en bases comunes para todos (públicos y privados) en donde podamos vivir en sociedad.

La diferencia es innata al ser humano pero esta diferencia no puede alejarnos como individuos y el rol del Ministerio de Educación es ser garante de que todos podamos vivir en un mismo lugar, sin matarnos, sin herirnos, sin tenernos miedo. Esto solo se logrará cuando nuestro sistema educativo se dé cuenta que es a través de este que se construye sociedad. Ojalá vengan nuevos líderes con capacidad para entender esto.


* Director del programa de Economía y Finanzas
Universidad de La Sabana

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