Opinión

  • | 2016/07/09 00:01

    Decidiendo

    Decidir es a veces difícil. Aunque no podamos estar 100% seguros de si lo que decidimos es lo correcto, podemos ser conscientes de nuestros sesgos para mejorar cómo tomamos las decisiones.  

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Decidir y decidir… constantemente debemos tomar decisiones. Estas van desde lo relativamente trivial, como si uno sale a almorzar con los colegas o se come algo rápido frente al computador, hasta cosas más fundamentales como cambiar de oficina, ampliar el equipo de trabajo, ajustar la estrategia del negocio o cambiar de empleo.

Hay decisiones que uno toma relativamente rápida y fácilmente. Pero hay otras que uno preferiría encontrar tomadas al despertar la siguiente mañana. 

En parte nos cuesta tomar decisiones porque tenemos que predecir el futuro. ¿Qué va a ser más rentable para mi negocio, seguir comercializando los mismos servicios o ampliar el portafolio? ¿Sería más feliz quedándome en el trabajo en el que estoy, yéndome a uno nuevo o abriendo mi propio negocio?

El tema es que, ex ante, no podemos estar 100% seguros de la respuesta a cada una de estas preguntas. De hecho, en los años 80 Philip Tetlock (Wharton) organizó un torneo en el que les pidió a casi 300 economistas, científicos políticos, periodistas y analistas que realizaran cerca de 28,000 predicciones. Los resultados del “experto promedio” sólo fueron un poquito mejores que los obtenidos por alguien que adivinara. El torneo continúa haciéndose (www.gjopen.com) y las predicciones sobre temas políticos, económicos y demás que realiza el top 2% de los participantes (conocidos con el modesto nombre de “súper-predictores”) son sustancialmente mejores que las que uno obtendría si adivinara !Pero es el top 2%!

La mayoría de nosotros tampoco somos buenos prediciendo qué tan bien o qué tan mal nos vamos a sentir en el futuro. Por ejemplo, uno tiende a pensar que sería muchísimo más feliz si se ganara la lotería y, precisamente por eso, muchos la compran. Pero Brickman, Coates y Janoff-Bulman y otros después de ellos, han encontrado evidencia que sugiere que los afortunados ganadores de una lotería no son sustancialmente más felices que un grupo de control.

Si bien no somos tan buenos prediciendo qué va a pasar o cómo nos vamos a sentir en el futuro, ¿hay alguna forma en la que podamos mejorar el proceso de toma decisiones en nuestros trabajos y negocios?

Una de las estrategias es ser conscientes de los sesgos que afectan ese proceso de toma de decisiones.

El exceso de confianza en nuestras propias habilidades y, en consecuencia, en los resultados que podemos obtener es precisamente uno de esos sesgos. Por ejemplo, en el 2013 el World Management Survey encontró una importante diferencia entre las calidades gerenciales objetivas de los empresarios colombianos (medidas con base en el uso de indicadores de gestión) y las autodeclaradas. De hecho, dentro de los más de 20 países de los que se obtuvo respuesta, Colombia registró la mayor diferencia entre ambos indicadores (1,28). Como quien dice, somos un poco demasiado seguros de qué tan buenos gerentes somos realmente.

Otro sesgo muy común es mantener el statu quo o, en otras palabras, dejar que las cosas se queden como están…a pesar de que haya evidencia de que la cosa no vaya bien. Este sesgo a menudo está explicado por el hecho de que se ha invertido “mucho” en un proyecto. Y, si se le ha invertido tanto, ¿cómo no va a funcionar?

Por ejemplo, hay negocios en dificultades financieras que cierran sus puertas tiempo después del que hubiera sido “ideal” (en términos de minimización de la pérdida). Aparte del tiempo que toma el complejo proceso de liquidación, con frecuencia se escuchan cosas como “si le he metido tanto tiempo, tanta plata y tanta energía a esto, ¿por qué cerrar?”. La contra-pregunta que uno debería hacerse es ¿por qué seguir haciendo lo mismo dado que hasta ahora no ha funcionado?

Decidir es definitivamente muy difícil en muchas ocasiones. Aunque no podamos estar 100% seguros de si lo que decidimos es lo correcto, podemos ser conscientes de sesgos como el sobre-optimismo y el querer mantener el statu quo para mejorar cómo la forma cómo tomamos nuestras decisiones. Esto nos limpia el camino para analizar, tomar la decisión de ajustar e implementar esos ajustes. Y, como dicen por ahí, ¿cómo puede saber uno si la decisión es correcta si nunca la tomó? YALA!

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