| 6/3/2014 11:00:00 AM

El vademécum después de las elecciones

Diego Cediel, Profesor de la Universidad de La Sabana.

Hace unos días se criticaba con vehemencia la irresponsable actitud política de los dos grandes canales de televisión privados, al no mostrar disposición para celebrar un debate presidencial mientras el presidente-candidato no se presentara. Opinión de Diego Cediel.*

Como la nobleza obliga, la presente columna reconoce como invaluable la presión de la ciudadanía, expresada en las redes sociales para que dichos debates se materializaran.

Sin una incontenible marea de trinos y de publicaciones en las principales redes sociales reclamando el espacio de discusión, los candidatos habrían pasado de agache la exigencia democrática de someter a discusión sus propuestas y proyectos políticos. Así el debate celebrado por la Gran Alianza de medios emitido por el Canal RCN fue el primero de los dos pactados por los candidatos presidenciales. El segundo fue el viernes en la noche, en el Canal Caracol.

Lo interesante del primer debate fue que fijó las posiciones del electorado en función de su candidato. Fueron muy pocos los electores que cambiaron su intención de voto y, la mayoría, terminaron persuadiéndose por uno u otro. Es claro que ambos debates sirvieron para cautivar a los indecisos.

Asimismo, lo rescatable de los debates y del mismo resultado de la elección fue que, como siempre, el gran derrotado fue el proyecto político impulsor del voto en blanco. Quienes reclamaban abjurar del sistema político y de su clase dirigente con el ‘castigo’ del voto en blanco desconocen la historia del ‘país político’. Desconocen con la mayor tranquilidad e ignorancia que los colombianos así voten en contra de algún candidato, votan. Así ha sido desde la Regeneración, pero es muy difícil leer la historia de Colombia con el deseo electoral del momento.

Si esta idea suena a despropósito sería interesante preguntarle a la mitad de los electores de Antanas Mockus en la primera vuelta presidencial de 2010, qué se siente asumir ese digno voto democrático, el de votar en contra. También, los colombianos saben que las elecciones presidenciales tienen un costo muy alto y, que no están dispuestos a echar por la borda todo ese desgaste logístico, presupuestal y de capital humano por la tirrias políticas personales de unos artistas e intelectuales camufladas en el voto en blanco.

Esos defensores del ‘voto en blanco’, desde sus posiciones privilegiadas de ‘ilustrísimos’ intelectuales y excelsos miembros de la farándula nacional, creen que porque su catadura política es refinada y ‘crítica’, quienes votan por un candidato y, aún peor, quienes participan en las campañas, son una horda de ignorantes que legitiman las fechorías de los políticos corruptos. Nada más parroquial y trasnochada que esa idea. Pero si la defienden grandes escritores de novelas de mafiosos y de sicarios, es digna de ser loada.

Lo loable, fue la entereza y la gallardía de Aida Avella de asistir al debate de fórmulas vicepresidenciales por la Señal Institucional. Pero solo eso tuvo de atractivo. Es increíble la miopía política y publicitaria del sistema de medios públicos. Por eso es que ha estado rayando en la quiebra y el cierre. Ningún candidato vicepresidencial, con tres dedos de frente, asistiría a un debate casi en simultáneo al debate de las fórmulas presidenciales, en un canal con mayor rating y mejor arsenal publicitario (léase económico).

Así las cosas, el segundo debate fue la extensión de las impresiones del primero. Con la plana completa de los candidatos, algunos obtuvieron un mejor registro mediático y otros, confirmaron su incomodidad en las lides electorales. Entonces, como en los cierres de la sección de deportes luego de presentar los resultados de la fecha del torneo de fútbol nacional, se expondrá lo bueno, lo malo y lo feo del primer debate, porque fue éste el que más ánimos despertó en la sociedad colombiana.

En términos técnicos y procedimentales, lo mejor fue el respeto por el tiempo. No es digno de un debate que cada quien asuma como propio el cronómetro. Tan importante es ello, que en un debate en Estados Unidos, entre George W. Bush y Al Gore, casi no se celebra de manera intempestiva, porque el desacuerdo entre las partes si el tiempo lo manejaba el moderador o las respectivas campañas.

Lo interesante. El tema de los escándalos marcó un tiempo justo por haber sido el tema inicial. Era obvio. Con el nivel de crispación y de atención mediática sobre la manipulación del video de denuncia de Semana y El Tiempo, los moderadores decidieron darle su lugar a ese asunto y, así lo despacharon al inicio y sin la saña que se esperaba.

Lo peor y lo más obvio: lo aburridos que fueron todos. Si se empieza por Pardo, los candidatos salieron tan precavidos que disimulaban sus nervios en frases de cajón y etiquetas electoreras que los hicieron patinar en más de una vez. Si no, cabe recordar la reducción del renglón de educación por Marta Lucía Ramírez en las respuestas rápidas.

No obstante, lo o (la) mejor de las opciones fue Marta Lucía Ramírez. Tuvo una actitud sobria, concreta y clara. Al obviar sus defectos, se mostró agradable en su expresión y, demostró conocimiento y preparación. Tenía la plena conciencia de para qué era el debate. Su actitud de concordia y prudencia solidificaron sus críticas y argumentos. Salió fortalecida y, por eso tuvo el despeño que tuvo.

El peor de los candidatos: Peñalosa. Como siempre validó que su peor enemigo en política, es él mismo. Mientras que Santos, Zuluaga y López como era de esperarse: ‘ni fu, ni fa’. Se hundieron en una maraña de acusaciones y excusas, los primeros, que desaprovecharon la oportunidad de cautivar con sus ideas. Mientras que Clara López aun no entiende que el lastre de su partido la va a acompañar toda la vida. Intentó desmarcarse de los ilícitos del Polo, pero no le bastó. Ser continuadora de la labor de Samuel Moreno, pesa. Y, en elecciones más.

Por lo pronto, con todo y debates, ya está definida la segunda vuelta. Los colombianos tendrán que votar (porque en efecto lo hacen, así eso les lacere la inteligencia suprema a algunos de nuestros bastiones intelectuales nacionales) por un par de opciones que sintetizan dos modelos país similares. Pero que en la práctica tienen divergencias absolutas y definitivas. Esperar si son las más apropiadas para los desafíos de Colombia.

* Profesor de la Universidad de La Sabana

Publicidad

¿Tienes algo que decir? Comenta

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.