Opinión

  • | 2016/06/02 00:01

    De la política monetaria en contra de la inflación

    No pasan desapercibidas (ni pueden hacerlo) las noticias que registran un comportamiento, al menos, preocupante del nivel general de precios de la economía colombiana, en una de sus mediciones más utilizadas: el Índice de Precios al consumidor - IPC.

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No pasan desapercibidas (ni pueden hacerlo) las noticias que registran un comportamiento, al menos, preocupante del nivel general de precios de la economía colombiana, en una de sus mediciones más utilizadas: el Índice de Precios al consumidor - IPC.  Nos dice el departamento nacional de estadística que la variación de este índice en el agregado del último año demuestra que los precios han aumentado cerca de un 8%. Resulta muy  preocupante además que las principales alzas se vengan presentando en bienes necesarios como alimentos y transporte.

La mayoría de análisis apuntan a dos causas principales a las que se les atribuye ésta situación: por un lado el comportamiento de la tasa de cambio peso/dólar y por otro lado los efectos económicos, sociales y ambientales del llamado "fenómeno del niño".

Para quienes hemos trabajado durante años en la nada fácil tarea de promover, en su integralidad, conceptos como Responsabilidad Social de las organizaciones, esta es una nueva evidencia de la validez de entender la sostenibilidad como el desarrollo de una "triple" cuenta de resultados de las acciones humanas individuales y agregadas. Esta triple cuenta demuestra la indivisibilidad de los resultados económicos, ambientales y sociales en la permanente toma de decisiones individuales, empresariales, organizacionales, regionales, nacionales, etc.

Confluyen, por supuesto, en esta situación inflacionaria, las tres dimensiones de la sostenibilidad: económica - tasa de cambio, escasez de divisas, exceso de dinero, comportamiento de mercados, productividad de las empresas y resultados de precios; ambiental - cambio climático, fenómeno del niño y sus consecuencias en escasez de agua y productividad de tierras; y social - no sólo en los impactos negativos sobre productores y consumidores, sino también en la ausencia y destrucción de capital social y sus efectos sobre el capital humano, la infraestructura, la institucionalidad y en general sobre todas las variables relacionadas con la competitividad del país, en eso que Munir Jalil, economista jefe de Citibank acertó en llamar "la suma de todos los miedos".

Ante esta situación nuevamente la ortodoxia macroeconómica y la independencia de la autoridad monetaria serán, como lo han sido siempre en Colombia, no solamente las mejores consejeras sino  guardianes fundamentales de la estabilidad económica y, por ende, la relativa estabilidad institucional y social. Hace bien el Banco de la República en ceñirse a su principio rector y a su principal exigencia con rango constitucional de mantener el poder adquisitivo de los colombianos a través del control efectivo de la inflación. Ya la corte constitucional se ha pronunciado acerca de impactos sobre productividad y crecimiento en las decisiones del banco central, sin embargo no puede renunciar el Banco de la República a su prioridad en los objetivos de política, una y mil veces, el control de la inflación y es difícil negar a estas alturas que el principal instrumento disponible para el logro de este objetivo es la política monetaria, su independencia y su ortodoxia. Una sana política monetaria debe estar complementada con audaces e innovadoras políticas de productividad, industria, desarrollo comercial, infraestructura, competitividad, para garantizar esa estabilidad económica que reclama el país.

Por fortuna, lejos están esos fantasmas del pasado en los que algún gobierno nos invitaba a los ciudadanos a "apretarnos el cinturón" dizque para controlar la inflación mientras promovía proyectos para reducir la autonomía e independencia del banco central; lejos están las amenazas de hiperinflación de las economías de la región debidas precisamente a la falta de ortodoxia económica; lo que si tenemos muy cerca, para aprender, es el ejemplo de países vecinos cuya población sufre hoy los resultados de la irresponsabilidad y el populismo en las decisiones macroeconómicas.

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