Opinión

  • | 2014/05/26 15:00

    Chigüiros a pagar la luz

    Con la llegada del siglo XXI, surgió la discusión acerca de los daños causados al medio ambiente pero la sociedad solo fue capaz de dimensionar el problema social cuando se convirtió en víctima de las consecuencias. Opinión de Andrés Felipe Fonseca.*

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En las últimas semanas se han presentado denuncias impactantes acerca de la situación que afronta actualmente el departamento del Casanare. Éste Sufre una de las peores sequias de la historia reciente, la cual cobró la vida de más de 4.600 chigüiros y la destrucción de 250.000 hectáreas verdes. Diversas posiciones sobre los culpables abogan por quienes deben tomar cartas en el asunto para solucionar dicha problemática.

Los medios de comunicación han bmbardeado a la sociedad con noticias sobre el daño ambiental que se está presentando en diferentes regiones, pero seguramente pocos entienden todas las implicaciones económicas de esta problemática. Para comprender a cabalidad los cambios en los ecosistemas, lo primero por entender es la diferencia entre el daño ambiental y el cambio climático. El primer término hace referencia al efecto que generan los seres vivos en el medioambiente; el segundo es considerado un proceso natural que ante una situación de daño ambiental que acelera y agudiza el cambio climático.

El aparato productivo de la sociedad moderna necesita de energía para el desarrollo de todas las actividades económicas: energía humana, mecánica, eléctrica, etc. que son esenciales en los quehaceres cotidianos, al igual que las familias en sus hogares, las empresas necesitan de energía eléctrica para el desarrollo de sus actividades.

Por tanto, la pregunta es: ¿Por qué los cambios climáticos inciden en la generación de energía eléctrica? Según la Comisión de Regulación de Energía y Gas (CREG), en Colombia el 64% de la capacidad instalada para la generación de energía, está concentra en centrales hidroeléctricas. Situación que evidencia la vulnerabilidad latente que tienen las empresas generadoras de energia del país ante condiciones de altas temperaturas “producto del cambio climatico” pues la acumulacion de agua en los embalse es menor, ocasionando que la generacion de las plantas hidroelectricas se redusca.

Según el cargo de confiabilidad el cual permite asegurar que los recursos de generación estén disponibles para abastecer la demanda en situaciones de escasez todas las empresas generadoras de energía eléctrica deben garantizar la confiabilidad del suministro de energía para la demanda colombiana; esto implica que en caso de no cumplir con el cargo de confiabilidad, las empresas generadoras deben buscar otras alternativas de generación de energía como las termoeléctricas las cuales funcionan a partir de la quema de gas o carbón que hace que el costo de generación sea mayor, o deben comprar la energía no generada a través de contratos en la bolsa de energía que ante la alerta de un presunto fenómeno del niño el precio en bolsa se triplica. Evidentemente, cualquiera de las alternativas mencionadas, ocasionaría un aumento en el precio de la energía; lo cual repercutiría directamente en los costos asociados a la producción de las empresas en Colombia, ocasionando así, una pérdida en la competitividad frente a los productos importados, aumentando el problema de la desindustrialización que vive hoy la economía colombiana y finalmente afectando el bolsillo de las familias, puesto que el ingreso disponible para el consumo de otros bienes se reduce.

Ante el anuncio hecho por el IDEAM sobre la alta probabilidad de que el fenómeno del niño comience a mediados de éste año, y con un nivel crítico de reservas hídricas en la región Caribe – se considera un nivel crítico cuando los embales llegan al 20% de sus reservas hídricas – el panorama a corto plazo para las empresas generadoras no es nada alentador; primero, la generación de energía va a ser menor; segundo, los ingresos se van a ver reducidos; tercero, el margen de ganancia va a disminuir porque reciben menos ingresos por la venta de energía y gastan más en la generación de ésta, afectando la capacidad de generación de caja de las empresas.

Después de analizar las implicaciones económicas derivadas de los efectos del cambio climático, es hora de reflexionar también sobre el cuidado que debemos darle al medio ambiente. Una de las mejores maneras de cuidar el medio ambiente es el ahorro energético, pero no basta con tomar medidas preventivas por parte del Estado con la implementación de políticas que busquen la compensación económica para subsanar los costos generados por los daños ambientales, sino que debe ir acompañado de educación social para preservar un medio ambiente sostenible un ejemplo de esto es la campaña de ahorro del agua adoptada por el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible. En términos de algunos analistas lo que se necesita para gobernar adecuadamente los ecosistemas es más ecología y menos pasión.

Los daños al medio ambiente no son una cuestión “coyuntural” como dirían los economistas, pues los análisis ecológicos difieren de los económicos, porque los daños al medio ambiente son irreversibles y necesitan de periodos largos de recuperación, a diferencia de los problemas económicos que son cíclicos. Advertencia: chigüiros, tenemos que apagar la luz o si no vamos a pagar la luz más cara.


* Área de Regulación Financiera Unidad de Análisis del Mercado Financiero UAMF.
Faculta de Ciencias Económicas.
Universidad Nacional de Colombia.


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