Opinión

  • | 2017/12/20 00:01

    Cuando por hacer más se hace menos

    En medio de las distracciones de la época navideña no podemos olvidar dedicar tiempo a nosotros mismos para plantear las metas del año venidero.

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Se está acabando el año y comienza a sentirse el efecto de los excesos. Exceso de tráfico, de gastos, de eventos sociales, de comida, e incluso para muchos incremento de actividades debido al cierre de año. Entre las novenas con sus villancicos, la natilla, los buñuelos y los regalos se vive una ambiente de fiesta, pero también la ansiedad por las compras pendientes antes de navidad, por los kilos que se temen ganar entre tanta comilona, e incluso por estirar la prima hasta fin de mes.

En medio de esta ansiedad y ritmo acelerados, en ocasiones podemos olvidar lo verdaderamente importante y por tratar de hacer más, hacemos menos. Por ejemplo, con los niños tratamos de darles cada vez más regalos, pero en realidad, las investigaciones han demostrado que entre más juguetes se tiene, existe un menor desarrollo de la capacidad creativa. Por su parte en el trabajo, por tratar alcanzar aquellos logros que no se consiguieron en todo el año, nos exigimos al máximo, causando estrés, aislamiento y muchas veces también resultados a medias que solo cumplen el objetivo de acercar la cifra a la meta pero que no generan resultados contundentes, haciendo nuevamente que por lograr más hagamos menos. Todo esto sin dejar de lado la fiesta de fin de año de la compañía que por querer integrarse más, o mostrarse más, se terminan a veces haciendo osos que a largo plazo nos hacen menos.

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No perdamos de vista el verdadero significado de la navidad, de la importancia de compartir en familia, de vivir con compasión y compartir la alegría de la época. Regalémonos más tiempo y menos cosas materiales, creemos experiencias estando más presentes en el momento y menos documentando todo a través de una pantalla, que en últimas los mejores recuerdos son los que se plasman en la mente y en el corazón y el tiempo dedicado a los demás puede muchas veces se mejor regalo que aquella caja bien empacada de moño grande.

Este es, así mismo, un momento perfecto para la reflexión, para recoger los frutos del año y elegir y decretar lo que se busca para el año siguiente. Nos encontramos en una semana de cambio, la del solsticio de invierno, que invita a hacer la lista de deseos para los días venideros. No importa la denominación religiosa o el origen de las creencias; cada año, es un ciclo, y como tal debe tener su momento de bienvenida y su espacio para la despedida. Por eso busque también su momento de recogimiento más allá de los gozos de la novena para evaluar lo bueno que le dejan los últimos 12 meses, entender lo aprendido y buscar ajustes en lo que se deba cambiar, pero así mismo, tómese el tiempo de escribir lo que quiere lograr o transformar en su ámbito personal, familiar, social y espiritual, pues hacerlo nos ayuda a tener objetivos en la mira por alcanzar, al tiempo que se crece en las diferentes áreas. Recuerde que aprender y ser mejor cada día es el regalo más grande que podemos darnos a nosotros mismos.

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