Opinión

  • | 2016/08/04 01:57

    ¿Cuándo conviene tener una junta directiva?

    Por regla general, todas las empresas deben tener sus juntas directivas. Sin embargo, hay unas que por su dinámica deben pensar esta figura con más cuidado y contemplar modelos de transición.

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Si todas las empresas tienen una junta directiva, entonces, ¿la mía debe tenerla? La respuesta es no siempre, por una sencilla razón: no podemos gestionar una organización de la misma manera como se gestiona otra. No es lo mismo una empresa familiar que una con muchos accionistas; cada una tiene unas reglas diferentes porque la propiedad determina distintas realidades para ese negocio.

Es un hecho es que a medida que las empresas maduran, necesitan cada vez más de un gobierno corporativo que fije normas, parámetros y roles con respecto a la dirección y sus relaciones con los propietarios y accionistas. Esa madurez se refleja en la incorporación de miembros externos en sus juntas directivas y no solo en la calidad y profesionalización de sus equipos directivos.

Una junta directiva es un órgano de gobierno con una doble función: por un lado, dirigir la empresa como un todo y, por otro, establecer controles y mecanismos de supervisión a la administración. Esto quiere decir que un miembro de junta directiva es un director más de la organización con la diferencia que este papel se realiza en otro nivel y a través de la toma de decisiones sobre políticas, definiciones y reglas generales de actuación. Por ejemplo, una de las primeras decisiones que aprueba una junta directiva es la estrategia competitiva y la planeación de la organización.

Por regla general, todas las empresas deben tener sus juntas directivas. Sin embargo, hay unas que por su dinámica deben pensar esta figura con más cuidado y contemplar modelos de transición.

Las empresas familiares

Por las dinámicas mismas entre la familia, los propietarios y el patrimonio, muchas veces no conviene una junta directiva; sobre todo cuando el fundador es, a la vez, director y propietario. No resulta lógico que una persona con características y cuyo éxito está demostrado acepte unas fuertes jerarquías. Lo acertado para estas empresas es pensar en figuras transicionales como los consejos asesores con miembros independientes y, a medida que la empresa se va profesionalizando, puede migrar a la figura de una junta directiva. No obstante, es fundamental el papel de las personas externas que ayuden a equilibrar las decisiones y medien en las relaciones conflictivas que genera el entorno familiar-empresarial.

Las empresas de profesionales

Las empresas de profesionales como las oficinas de abogados, consultores o auditores se caracterizan porque los socios son empleados de la firma y directivos de manera simultánea. Para este tipo de organizaciones también es importante la figura del consejo asesor. Asimismo, cobra mucha importancia la mirada del externo para que ayude a los socios a tomar decisiones sobre el futuro.

Las PYMES

Muchas PYMES, por su tamaño, por la estructura de la propiedad y por el tipo de organización en la que el gerente controla todo, no requieren de juntas directivas por cuanto no se ha desarrollado un equipo directivo que soporte al director general. Este tipo de empresas requiere de consejos asesores que ayuden a construir equipos gerenciales y planes de sucesión y, a la par con la profesionalización del comité de dirección, avanzar en la estructuración de una junta directiva en la que el gerente madure hacia un nuevo rol como la presidencia de la junta directiva.

En conclusión, las empresas descritas muestran que el proceso de contar con una junta directiva no es un punto de arranque sino un punto de llegada. De igual forma se evidencia cómo la estructuración de consejos asesores, con el apoyo de miembros independientes, contribuye a una transición pacífica hacia una mayor profesionalización de la empresa.

Asimismo, el campo del gobierno corporativo es aquel donde menos juegan las recomendaciones generales. Cada organización tiene sus propias dinámicas y realidades. Por eso es importante saber cuál es el momento que vive la empresa para determinar cuándo conviene tener un consejo asesor y cuándo, una junta directiva. El criterio que ayuda a responder esa pregunta es el tipo de empresa y si se tiene la intención de profesionalizar su gestión hacia arriba (junta directiva) y hacia abajo (comités de dirección).

En todo caso, una junta directiva ayuda a gestionar con una visión más amplia, contribuye a generar conocimiento y, sobre todo, permite que diversas ideas enriquezcan las visiones de túnel de los directivos. Además, y no menos importante, se planteen distintas alternativas a los problemas comunes que afronta cada empresa.

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