Opinión

  • | 2017/04/06 00:01

    ¿Cuál es el “motor” de una organización?

    Toda organización requiere construir una cultura del gobierno de los comités. Esto implica definir códigos de gobierno en las juntas y los comités de dirección, promover procedimientos; así como la formación y capacitación permanente en esta materia.

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Un motor es algo que produce movimiento. Por lo tanto, toda organización (como un grupo de personas que se coordinan para alcanzar un fin) requiere de movimiento. Para lograrlo, hay un motor denominado trabajo en equipo y, a su vez, el trabajo en equipo tiene un vehículo propio: los comités. Esto quiere decir que el arte, la ciencia y el oficio de mover una organización hacia sus fines consiste en desarrollar la habilidad de gobernar una empresa mediante los comités y las reuniones.

La delimitación de la tarea de gobierno 

Esta tarea requiere delimitar muy bien la tarea de gobierno. Son dos niveles: en primer lugar, cada comité debe tener muy precisos sus objetivos, lo cual consiste en saber si un comité decide, informa o hace seguimiento. Muchas veces asistimos a un comité y no sabemos a qué vamos y como consecuencia perdemos el tiempo. Para evitar este problema, la agenda previa, invento universal, especifica el objetivo (decisión, información, seguimiento). En segundo lugar, los organigramas son los instrumentos de la estructura llamados no solo a precisar los cargos, áreas y funciones, sino a describir los comités de la organización y la definición de sus derechos de decisión.

El modelo de gobierno

Todo comité requiere un modelo de gobierno. Lo más común es que el CEO tome las decisiones. No obstante, esto no es lo más recomendable ni para la empresa ni para la organización; la razón es simple: la suma de varias personas supera la visión de una sola para tomar decisiones. Por este hecho, hay modelos de gobierno que facilitan la toma de decisiones.

Gobierno por consenso

Consiste en que las decisiones sean fruto del acuerdo entre los interesados. Su mayor virtud es que las decisiones se ejecutan sin dificultad porque son aceptadas. Sin embargo, la búsqueda de consenso genera mayor lentitud en la toma de decisiones. Asimismo, requiere capacidad de escuchar y de ampliar las perspectivas frente a un problema o una decisión.

Gobierno democrático

Consiste en decidir de acuerdo con una mayoría numérica. La democracia es tremendamente peligrosa para el mundo de la empresa porque genera heridas y confrontación en la toma de decisiones y permite que las ideologías o los sentimientos se involucren en el proceso, lo cual produce cierta irracionalidad y falta de unidad. Por otro lado, se alcanza la eficacia a un costo muy alto.

Según mi experiencia, les sugiero a las empresas que en sus juntas directivas no utilicen las mayorías para tomar sus decisiones y, por el contrario, construyan una cultura del consenso y la conversación enfocada a objetivos. Toda imposición es eficaz en el corto plazo pero es insostenible en el largo y deteriora la salud de las relaciones personales. 

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Gobierno unipersonal

En este modelo, la toma de decisiones depende de quien hace cabeza. Eso es lo natural porque alguien tiene el poder último de tomar las decisiones. Su particularidad es reconocer cómo se configura la decisión, es decir, la información que se acopia, las personas que se escuchan y, sobre todo, la manera como se leen las circunstancias. El riesgo es la soledad porque toda persona de poder puede recibir la realidad filtrada por los colaboradores y, también, juega un papel negativo la tendencias subjetivistas de quien lidera. El mejor ejemplo es el autoengaño cuando tomamos una decisión de compra. ¿Cuántas veces nos decimos a nosotros mismos: lo merezco, he trabajado mucho por esto o tanto esfuerzo merece una recompensa? Lo mismo sucede con las decisiones porque muchas veces las toma el ego, la vanidad o alguna animadversión.

Gobierno colegial

Es el modelo de gobierno caracterizado por la participación de varias personas en el estudio y discusión de un asunto para la toma de las decisiones. Su virtud consiste en que la colegialidad no significa la dilución de la responsabilidad. Por el contrario, su rasgo característico es la persona que hace cabeza, dado que, este se hace responsable de la decisión última, pero en ella concurren opiniones y múltiples visiones de los otros. No obstante, lo propio del gobierno colegial es la unidad (que no es unanimidad), la cual consiste en que todos se adhieren a la decisión cuando esta se ha tomado. Esto evita el conflicto, murmullo, la intriga política y fomenta la lealtad a la organización y a quien hace cabeza. Si la organización no ha acogido este sistema con profundidad, el riesgo puede ser la lentitud o la parálisis.

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Conclusión

Toda organización requiere construir una cultura del gobierno de los comités. Esto implica definir códigos de gobierno en las juntas y los comités de dirección, promover procedimientos; así como la formación y capacitación permanente en esta materia. Trabajar el gobierno, es decir, la manera como se decide, se informa y se hace seguimiento; es fundamental para el logro de los objetivos de las organizaciones y, sobre todo, para la velocidad y la minimización del conflicto y, por ende, la mejora de la convivencia en la empresa.

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