Opinión

  • | 2016/06/28 00:05

    Crónica de un socialismo corrupto

    Los ejemplos dignos de imitar del socialismo son los de los países nórdicos. Sin embargo, la versión caribeña del mal llamado socialismo del siglo XXI, como es el de Venezuela, genera la mayor indignación y afecta fuertemente la imagen del socialismo internacional.

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La palabra “socialismo” pretende describir un proceso de repartir de manera equitativa la posibilidad de progreso a todos los ciudadanos de un país sin importar su clase económica, social y de género.

A finales de los noventa los venezolanos perseguían un cambio de rumbo y pretendían salir de los partidos tradicionales de la época como Acción Democrática (AD) y Copei (que tienen historias dignas de aprender y recordar pero no de repetir) similares a los partidos políticos en Colombia como el Liberal y el Conservador. Esta situación vive los Estados Unidos en estos momentos electorales en los que se busca un cambio que prácticamente con un voto derrote las estructuras tradicionales que han decepcionado al pueblo en general. Veremos que nos deparará el futuro en ese país también y sobretodo, después de los diferentes atentados que han sufrido en su propio territorio, qué le deparará a los americanos en este último año.

Desde el primer día los gobiernos del presidente Hugo Chávez, Diosdado Cabello y Nicolás Maduro en vez de fortalecer la institucionalidad de los organismos y poderes del estado se han encargado en diezmarlos. Tal es el deterioro institucional y la falta de independencia de los diferentes poderes e instituciones que pareciera que el país anda en un piloto automático permanente y nadie parece notar que si se sigue en esta dirección habrá una eminente colisión. En otras palabras, los enemigos hipotéticos del país para acabar con Venezuela deberían quedarse quietos, pues los mismos venezolanos están liquidando al país desde adentro: los niveles de criminalidad están disparados; la participación de las autoridades policiales y jurídicas es deficiente y nula; la capacidad que se tiene de defender a los ciudadanos es poca; los niveles de impunidad son sorprendentes por no decir aterradores y muchos de los mismos individuos que trabajan para los entes policiales y jurídicos resultan ser cómplices o protagonistas del crimen organizado. En muchos casos estos son los mismos que roban, matan o cometen desmanes contra la población, no por razones políticas solamente si no porque se instauró un régimen corrupto y una profunda falta de respeto por el prójimo. Ni hablar de los cuerpos paramilitares armados por el propio régimen: ¿es esto socialismo?

El país está sin ley ni Dios y todo se vale. A nivel del sector salud la catástrofe puede tornarse en una situación de calamidad pública. Los sistemas educativos también han sido afectados profundamente. De hecho, muchos docentes universitarios han abandonado el país no sin antes reconocer que se ha de tomar por lo menos una década para recuperar el sector de la educación y generar un cambio de mentalidad que permita otra vez la viabilidad del país con un enfoque en las próximas generaciones para que estas de verdad trabajen, pues el ejemplo de enriquecerse rápidamente a costa del estado es el que prima en los modelos mentales a futuro. La ley es la del menor esfuerzo. En este momento la nómina del estado es la única que ha crecido en los últimos diez años y prácticamente pagan a los ciudadanos para que voten en las elecciones por ellos y para que no trabajen disminuyendo el flujo de los petrodólares con lo cual hace inviable el modelo.

A nivel empresarial y económico no hay cifras que sean creíbles. Aquellas que deberían emitir los entes gubernamentales como por ejemplo las del Banco Central no generan la más mínima confianza. Los niveles de inflación son extremadamente elevados y las cifras que emiten son falsas tratando de disimular la realidad. Ni que hablar de buscar una solución por la vía democrática pues claramente el oficialismo tiene toda la intención de que esto no ocurra pronto. La percepción general es que ellos no pueden soltar el poder pues es la única manera de evadir a la justicia por los desmanes y sobretodo por la relación con el narcotráfico en el cual están sumergidos varias personalidades de la cúpula. Para la muestra, los famosos narco sobrinos de la actual primera dama: ¿a esto lo llamamos socialismo?

Ni hablar de la ineptitud para manejar y resolver la problemáticas del ciudadano de a pie en el día a día. Por ejemplo, el suministro de electricidad y el transporte son un desastre y  el sector público solo trabaja dos días a la semana.

Recuerdo una estadística del año 1997 donde en el Seniat (Órgano gubernamental equivalente a la Dian en Colombia) se hallaban suscrito algo más de 500000 empresas, este era el número de empresas que conformaban el tejido empresarial de Venezuela. Hoy en día quizás este número ronda por el orden de unas 200000. Es decir, el deterioro de las fuentes de empleos sostenibles en Venezuela han llegado a niveles irracionales: ¿es esto socialismo?

A nivel de política exterior los principales aliados de Venezuela son países como Irán. Un país donde virtualmente no existen o no se aplican los derechos humanos y donde ni las mujeres ni las minorías tienen derechos. Un país que es lo más alejado de lo que es un país socialista y en donde las incoherencias son la fuente de inspiración. De casi las 3000 empresas expropiadas durante el régimen no hay un solo ejemplo que bajo la administración del gobierno o de los personajes que hoy manejan esas empresas (si es que todavía existen) sea digno de mostrar. Lo que impera es la ineficiencia, el saqueo mediático y la destrucción sistemática de patrimonio tanto nacional como privado, afectando fuentes de empleo que antes existían. En otras palabras, todo lo que toca el gobierno se corrompe o se deteriora: ¿es esto socialismo?

Creo que cualquier miembro de un partido socialista de otro país coherente que vaya a Venezuela y vea con sus propios ojos lo que estos personajes llaman socialismo del siglo XXI  sentirá una enorme vergüenza y pena ajena y podrá percibir de primera mano lo que supuestamente es una falta de respeto a lo que ellos tratan de disfrazar como socialismo. Las organizaciones deberían pensar qué es lo que representan los verdaderos valores socialistas y alejarse y apartarse de este régimen disfrazado que lo que hace es afectar la imagen y genera vergüenza al socialismo Internacional. El régimen venezolano lo único que ha logrado hacer bien es socializar el crimen, la pobreza, la mediocridad, la miseria y lo peor: socializar la mentalidad de holgazanes y aprovechados en uno de los países más ricos en América Latina. El régimen totalitario va en una dirección diametralmente opuesta a lo que debería representar los verdaderos principios socialistas del siglo XXI. Generalmente los regímenes políticos no caen por ser de derecha o de izquierda, caen por ser incoherentes.

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