Opinión

  • | 2015/03/09 18:20

    Economía, detonante de la mayor crisis del chavismo

    Las políticas sociales ya no serán el arma electoral del chavismo que ad portas de las elecciones parlamentarias, maniobra entre estrategias desesperadas para debilitar el liderazgo de la oposición. Opinión de David Barguil Assis.*

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La situación que se vive actualmente en Venezuela es extremadamente compleja. La reciente detención de Antonio Ledezma, uno de los líderes de la oposición y alcalde en ejercicio de Caracas, ha generado una crisis política que, a diferencia de las detenciones que sucedieron en la era de Hugo Chávez, está acompañada de una grave disminución en el gasto social que siempre acompañó estas épocas electorales.

Los reconocidos economistas Daron Acemoglu y James Robinson publicaron en 2012 uno de los libros más interesantes sobre desarrollo económico y político de los últimos tiempos llamado ‘Por qué fracasan los países'. Uno de los principales argumentos de los autores es que las naciones fallan por la calidad de sus instituciones políticas y económicas. Venezuela es un caso interesante pues, según estos autores, el éxito de la revolución Chavista y la imagen positiva de Hugo Chávez como gran salvador del país se debió a que el mandatario no falló en proveer servicios públicos básicos y vitales a los más pobres, sin importar, en muchos casos, que esto estuviera acompañado de actos abiertos de corrupción; algo similar a lo que sucedió en Argentina con los peronistas en los años 40s.

Lo que hoy hace peligrar la continuidad del régimen político, es que por primera vez, el gobierno es incapaz de proveer a los pobres con los bienes más fundamentales. Hugo Chávez obtuvo el poder y mantuvo niveles de popularidad superiores al 50% impulsado en buena parte porque proveía de servicios públicos, alimentación y combustibles a la población más pobre. Aunque, en distintas etapas de su gobierno hubo serias acusaciones sobre la legitimidad de la institución electoral, la transparencia de las políticas estatales y la libertad de la empresa privada, entre otros, siempre, fueron contrarrestadas con inversión social y nuevas Misiones Bolivarianas, con especial fuerza en épocas electorales.

El escenario de hoy es diferente debido a que no solo se ha perdido la legitimidad sino que el desplome económico ha hecho que la escasez y la falta de recursos hagan insostenible hasta el subsidio de la gasolina. Por tal motivo, vemos a un Nicolás Maduro con una popularidad en niveles cercanos al 22% como resultado de un Gobierno que falló en sostener la estabilidad económica de Venezuela, eje vital del proyecto Bolivariano.

Ejemplo de lo anterior es que durante el 2012, último año de gobierno efectivo de Hugo Chávez, el país presentó niveles de inflación del 20%. Mientras que en 2013 y 2014, con Maduro en el poder, Venezuela llegó a cifras de crecimiento en el índice de precios al consumidor de 52.7% y 64.7%, respectivamente, donde los productos más afectados fueron alimentos y bebidas no alcohólicas.

Muchos han afirmado que esta situación tiene origen en la mala jugada que le ha hecho el mercado del petróleo mundial a Venezuela. Sin embargo, como se ha visto, esto sólo ha sido el detonante de una crisis que se ha gestado por el debilitamiento de las instituciones del país.

Al final, con esta situación y la reducción de divisas, seguirán cayendo las importaciones del vecino país, causando aún más escases de productos de consumo diario. Para la ciudadanía esto implicará mayores filas y mayores precios en los supermercados, además de nuevas contracciones en la ya afectada industria venezolana. Mientras tanto, Nicolás Maduro seguirá culpando de todo a la ‘guerra económica’ que según ellos, lideran la oposición a nivel interno y Estados Unidos a nivel externo.

El gobierno Venezolano no podrá mantener un electorado con hambre y con niveles de pobreza que solo se veían antes del Chavismo. En función de la obra de Robinson y Acemoglu, espero que la oposición se convierta en la alternativa histórica para proveer de bienestar a la sociedad y generar un cambio estructural. Pero por encima de todo, permita la relegitimación de las instituciones electorales y judiciales que actualmente son débiles y manipuladas.


* Representante a la Cámara
@davidbarguil


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