Opinión

  • | 2014/11/24 16:30

    Temas ambientales: un asunto de doble moral

    Mientras los políticos se rasgan las vestiduras denunciando las atrocidades que se comenten con el medio ambiente, los ciudadanos le meten el diente a las discusiones en las redes sociales, en vez de tomar consciencia ecológica. Opinión de Jefferson Galeano Martínez.*

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Colombia es un país de grandes contrastes. No hace mucho una columna publicada en “El Espectador”, que criticaba a los ambientalistas, generó un gran debate; mensajes en Twitter, cartas de protesta; por fortuna, la discusión no terminó en otras instancias.

Ahora bien, en los últimos días fueron noticia dos eventos que, de alguna manera, se relacionan con la dimensión ambiental del país. El primero, las inundaciones en algunas zonas de Bogotá, producto de abundantes lluvias que se han registrado. La segunda, el incendio de un lote de llantas usadas, que resonó más por ser el responsable de la detención de actividades en el aeropuerto El Dorado que por sus efectos ambientales.

Sin ánimo de buscar responsables de estos dos eventos, solo pondré en evidencia una realidad que es inadvertida para la mayoría de los colombianos de a pie, que muchos desconocen o no entienden; y que por ello, solo pasan la hoja sin pedir mayor explicación –típica colombianada–.

Al finalizar el primer semestre de este año, las entidades gubernamentales que monitorean el clima en el país mencionaban el riesgo que el Fenómeno del Niño llegará a Colombia; es decir, época de sequía, el riesgo que varios cuerpos de agua se secaran era latente, amenazando la seguridad energética e hídrica de la nación. Los órganos ejecutivos de las regiones atendiendo este llamado, movilizaron recursos y empezaron obras que mitigaran el impacto del visitante. Pasó el tiempo, y la realidad fue que “El Niño” no ha hecho presencia; por el contrario, se registran altos niveles de lluvia que ocasionan que la capital del país colapse. ¿Por qué ocurre esto?

Colombia cuenta con una estructura normativa ambiental pertinente y clara. Pero la planeación, el diseño y el desarrollo no se realizan para que responda de manera asertiva a los impactos del cambio climático, sin importar que sea Niño o Niña. Por lo que las comunidades sufren inundaciones o cambios drásticos de su entorno.

Otro elemento que agrava los problemas ambientales de la ciudad es la falta de cultura ciudadana. En Bogotá, por ejemplo, la Empresa de Acueducto y Alcantarillado retira desde “simples” papelitos hasta colchones del sistema de aguas lluvias de la ciudad, este material que permanece en tuberías y canales afecta la libre circulación del agua, y por ende, el líquido no tiene otra salida que estancarse en las calles, afectando la movilidad y causando pérdidas económicas.

Otro problema que se registró, fue el incendio de un lote de llantas utilizadas en la localidad de Fontibón, por fortuna, la red de atención de desastres fue oportuna y no hubo pérdidas humanas que lamentar. La consecuencia fue la liberación de gran cantidad de material particulado altamente contaminante a la atmosfera, afectando de manera negativa el nivel de aire en varias localidades de la ciudad, obligando a la Alcaldía a decretar alerta naranja. Este evento, en particular, permite parafrasear la obra de nuestro Nobel en Literatura “Crónica de una tragedia ambiental anunciada”.

Un medio de comunicación ya había denunciado las irregularidades existentes en el programa de pos consumo de llantas usadas. Los ciudadanos diariamente somos testigos de la cantidad de llantas que reposan en esquinas y al lado de postes, o simplemente en la rivera de los ríos. En las noches se observan como algunas personas las queman para extraer el alambre que traen. Y aun así, los reportes a la Secretaria de Ambiente siguen siendo mínimos y los que llegan no se tramita como lo demanda la ley.

Entonces la lógica dicta que frente a estos hechos se genere discusión, mensajes en redes sociales, cartas de indignación; como ocurrió frente a la columna publicada en El Espectador, pero no. Los eventos ocuparon un espacio en los titulares del día, alguna que otra declaración de expertos, pero no fue importante para la opinión pública, se esperaría que por lo menos una caricatura se refiriera al tema, pero tampoco ocurrió.

En conclusión, parece que los ciudadanos de Bogotá no están interesados por la realidad ambiental de su ciudad, no existe identidad ecológica, es decir, son analfabetas ecológicos. Es de mayor interés una puja entre dos opiniones, que si bien son respetables, no considero que sea el eje central de la discusión.

Propongo, muy humildemente, que se genere mayor discusión alrededor de los hechos que afectan el equilibrio ambiental, que desde los colegios los jóvenes se manifiesten, y desde las empresas se generen acciones que elimine el analfabetismo ecológico.


* Profesor de Educación Ambiental de la Universidad de La Sabana

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