Opinión

  • | 2017/12/06 00:01

    ¿Condenados a la mediocridad?

    Todo lo llevaría a uno a pensar que el objetivo de los principales jugadores en el sector es ‘Irrespetar a los pasajeros’ hasta el cansancio.

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Colombia, prácticamente en todas las estadísticas y métricas económicas, sociales y empresariales, es un país de desempeño mediocre. Es más, durante estos últimos 7 años las mediciones, como aquella relativa a la competitividad y a la facilidad de hacer negocios, tienden a empeorar. Montar en Colombia en avión comercial permite darse cuenta de primera mano la mediocridad de las autoridades, de los concesionarios y de la aerolínea líder. Es más, todo lo llevaría a uno a pensar que el objetivo de los principales jugadores en el sector es ‘Irrespetar a los pasajeros’ hasta el cansancio.

Veamos individualmente cada uno de los papeles que juegan los actores:

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1. Autoridades Aeroportuarias: Todo amago de lluvia causa retrasos inexplicables en la salida y llegada de los vuelos. Países con clima bastante más adverso que el nuestro como Japón y el norte de Europa, manejan - sin mayores contratiempos - sustancialmente mayor tráfico de aeronaves porque han invertido ingentes sumas en la tecnología necesaria para manejar el tráfico en todo tipo de condiciones climáticas. Con bombos y platillos la semana pasada la Aerocivil afirma haber invertido 30.000 millones de pesos en instalar el sistema ILS categoría III en El Dorado, sistema que le permite a los aviones aterrizar en condiciones de muy baja visibilidad. En Colombia los impuestos aeroportuarios que le cobran a los pasajeros son altos ($61.000 pesos o $35 dólares). Si aceptamos que anualmente se movilizan 31 millones de pasajeros (15,5 millones en ida y vuelta), el Estado está recaudando, sólo en impuestos, la no despreciable suma de 1,8 billones de pesos. Haciendo abstracción de cuanto de este recaudo se va a los bolsillos de los concesionarios, vanagloriarse de haber invertido magros 30.000 millones de pesos en tecnología disponible hace dos décadas es un hito casi insignificante. Lo que hace evidente las prioridades equivocadas del gobierno es que esta misma administración invierte 40.000 millones de pesos en una consulta irrelevante del Partido Liberal para escoger uno de dos candidatos que ni siquiera en las encuestas superan lo que se denomina ‘error estadístico’.

2. Ministerio de Relaciones Exteriores: Este ministerio también juega un papel más que mediocre en esta comedia y su papel es un himno a la ineficiencia e ineptitud. No es posible que los pasajeros tengan que soportar colas de dos horas, una para salir y otra para entrar al país.  

3. Los concesionarios: En la inmensa mayoría de los casos los recursos que les entrega el estado (nuestros impuestos) se han dirigido más a acrecentar la cuenta de resultados, que a prestar servicios de calidad. Los concesionarios se han dedicado casi de manera exclusiva a convertir los terminales, cuyo principal objetivo debe ser despachar y recibir aeronaves y pasajeros, en costosísimos centros comerciales. La propaganda inoficiosa agobia al viajero en cada pared disponible; y probablemente pronto veremos vendedores ambulantes, debidamente registrados, en los pasillos. Lo de sillas para descansar durante las interminables horas de espera e higiene en los baños (que son un himno a la hediondez e incomodidad) no parece estar dentro de las prioridades de los concesionarios. ¿De qué sirve tener aeropuertos que anuncien lo indecible y que vendan todo tipo de chucherías si hasta caminar por los corredores es incomodo por la explosión de tiendas y anuncios?

4. La Aerolíneas: El tráfico aéreo en Colombia lo controla un duopolio que impone la información, las reglas y las tarifas que le viene en gana. (e.g. aunque esté haciendo un sol radiante, invariablemente todo retraso las compañías se lo adjudican al clima). El autor de esta nota, en los últimos tres meses, no ha podido abordar un solo vuelo a Cali de Avianca que no haya tenido demoras de por lo menos dos horas y media. De las pocas cosas positivas que se puede decir de Avianca es que la empresa contribuye a profundizar la cultura de los pasajeros. Con retrasos de dos, tres y cuatro horas en los vuelos locales, un pasajero puede cargar con ‘La guerra y la paz’ de Tolstoi o ‘Los miserables’ de Víctor Hugo y en dos vuelos puede leer estos clásicos de cabo a rabo. Y mientras que se irrespeta al pasajero, sin darle la menor compensación por los retrasos, a aquel que se atreva a cambiar su reserva le cobran un peaje entre 80 mil y 150 mil pesos. Otro tema que no se entiende es que si se supone que el servicio aéreo es de ‘utilidad pública’ y por ende no puede entra en huelga, ¿por qué no presiono el gobierno al sector judicial para declarar ilegal desde el primer día la huelga de Avianca? ¿por qué el gobierno y la justicia dejaron pasar casi dos meses mientras los pilotos de Avianca tuvieron en vilo a los colombianos? ¿No es buena hora que en Colombia se establezca una política de ‘Cielos Abiertos’ señor Presidente? ¿O por el contrario los pasajeros debemos seguir aguantando los atropellos hasta el día del juicio final?

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