Opinión

  • | 2017/12/03 00:01

    Con Pasión de la Buena

    Si todos entendiéramos el concepto y la solidaridad como un valor aplicable a la vida diaria y profunda podríamos vivir mejor. Es simple y a la vez complejo.

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La sociedad adolece de valores comunes. Tal vez todas las épocas han tenido problemas de trasgresión de normas y valores. La ambición extrema, la lujuria y los “pecados capitales” son los que han dominado la mayoría de las civilizaciones regidas obviamente por los preceptos del bien portar que debe ofrecer la religión. Sin el temor de un castigo divino por los pecados terrenales el mundo se hubiera auto aniquilado hace siglos.

Independientemente de si somos creyentes o no, si nos gusta la espiritualidad o solo la ciencia y el raciocinio hay que ser claros con algo, sino tenemos acuerdos en reglas de manejo social y bien colectivo con o sin religión vamos condenados a acabarnos. Quizás no veamos la total muerte de la humanidad en el corto plazo, pero eso si el vivir se va a volver más doloroso.

No me gusta ser apocalíptica y lo último que tengo es de pesimista, pero solo es cuestión de tomar un par de minutos de observación de los comportamientos sociales para entender que estamos en serios problemas de convivencia en general.

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Si todos entendiéramos el concepto y la solidaridad como un valor aplicable a la vida diaria y profunda podríamos vivir mejor. Es simple y a la vez complejo. La solidaridad es una virtud que va en total contravía al egoísmo; su indicador principal es el bien común y la empatía y su objetivo más importante es encontrar que todos tengan un grado de armonía y equilibrio.

Este es un problema social, que lo podemos ver reflejado en todas las acciones de la vida. Parece que a la gente no le importa lo que pueda pasarle al otro, solamente importa el propio yo, el ego; en términos sencillos se traduce en mi espacio, mi casa, mi familia, mi trabajo etc. La palabra favorita es mi.

Este concepto es absolutamente homologable a la vida organizacional. No podemos ser totalmente diferentes en una empresa, cuando de puertas hacia afuera el culto al ego es lo que manda la parada.

Es muy difícil crear un verdadero concepto de trabajo en equipo sin que prime el valor primario de la solidaridad. El cuestionamiento es si realmente la cultura y el sistema corporativo están hechos para que sea más importante la solidaridad que el individualismo.

Algunas preguntas para reflexión, buscando llegar a un exitoso encuentro de equipos de alto desempeño;

-Está el sistema de incentivos pagando por resultados de equipo en su mayoría? O son los incentivos más de cumplimiento individual?

-El programa de Talento reconoce la labor colectiva y los ejemplos reales de solidaridad o es más bien un sistema donde tengo que competir a muerte con mis colegas para ganar un espacio?

-Los procesos de mentoring son al equipo o siempre individuales?

-Las políticas salariales son realmente equilibradas y propenden por igualdad de condiciones?

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-Los ascensos se hacen siempre con la participación de todos los que podrían aplicar? (o solo con los que mejor relación tienen con los altos cargos)

-Los líderes de la Organización son realmente empáticos o para ellos es más importante el propio bono de fin de año que el resultado de su equipo?

Como líderes estamos llamados a hacer algo más que dar resultados financieros a una Compañía. Hay que construir sociedad, tocar vidas y aportar algo a una cultura que cada día se golpea más por la falta de valores. Es solo un llamado simple y básico a guardarse en un cajón cerrado el individualismo y a pensar que este mundo es compartido y que el centro de Universo no es el ego.

Aporta con pasión de la buena. Un gol se celebra mejor en equipo, con el corazón vibrando por el resultado colectivo.

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