Opinión

  • | 2016/02/01 00:01

    ¿Sabe usted cómo influye su historia personal para ser un buen líder?

    A lo largo de los años, he observado en varias empresas donde he sido cabeza de recursos humanos, que los líderes que se conocen a sí mismos le llevan una gran ventaja a los que no.

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“Quien conoce a otros es un sabio, quien  se conoce a sí mismo es un iluminado” - Buda

Uno de los grandes retos de los líderes es inspirar, generar compromiso y motivación en  su gente. Así entonces empiecen a preguntarse con su historia de vida qué los inspiro, los comprometió y los motivó.

Si no se han hecho estas preguntas, es en este momento donde empieza a ser relevante hacer una mirada atrás acerca de la historia personal, es clave que identifique aquellos elementos que lo formaron y que lo llevaron hasta donde está actualmente.

Para contestar lo anterior, lo primero es reflexionar acerca de: ¿Qué comportamientos, creencias o valores tengo de mis padres, tíos, abuelos, profesores  entre otros, que hayan sido un referente importante en mi vida?, ¿qué no me gustaría repetir de ellos?, ¿cuáles eran los lemas, dichos o refranes más comunes en mi casa?, ¿qué caracteriza a los hombres o mujeres en mi historia familiar?, ¿qué me dijeron en casa acerca de la vida, de lo que yo era capaz y de mi futuro?, ¿cuál ha sido la etapa de mi vida más exigente y cómo salí adelante?

Una vez están claros e identificados los comportamientos, creencias y valores, evalúo cuáles estoy usando que me sirven y cuáles me dificultan u obstaculizan el ejercicio de ser líder. Hacer este ejercicio en un taller de liderazgo le permitió a un líder darse cuenta de que había recibido el mandato de su padre de ser perfecto y esa creencia hacía que cualquier retraso o ajuste de planes hecho por alguna persona de su equipo fuera juzgado de una manera muy dura, haciendo críticas sobre el desempeño en frente de otros, dejando heridos por el camino.

Otro líder descubrió que un comportamiento importante en su formación fue estudiar y obtener conocimiento por el solo hecho de aprender, dejando de lado las emociones porque eran tontas. Gracias a esto empezó a conectarse de manera diferente con su gente a cargo, teniendo en cuenta las emociones, preguntando a su gente por otros temas y ya no juzgaba las emociones como tontas. Su gente percibió que sí se interesaba por ellos y eran más que resultados.

Finalmente si un líder empieza a  hacer conciencia de sus comportamientos, creencias y valores, y la forma en que los utiliza con la gente que tiene a cargo, con el equipo de trabajo, con otros líderes y otros equipos, encontrará la  forma de ajustar su estilo de liderazgo a la cultura donde se encuentre y a las diferentes personalidades. Se ve una diferencia muy grande entre un líder que sabe que inspira, compromete y motiva a las diferentes personas con las que se relaciona y el que no, ¡ahí está el verdadero reto!

Lea también: Yo, mi propio líder

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