Opinión

  • | 2015/06/17 05:00

    El miedo al aumento de tasas de interés de la Fed

    Esta semana tiene lugar la reunión del comité de política monetaria de la Reserva Federal y los mercados globales estarán muy atentos a sus conclusiones, pues existe un temor generalizado de que un cambio en la postura monetaria en EE.UU. conduzca a desvalorizaciones fuertes de los activos financieros en las economías emergentes y a un mayor encarecimiento del dólar.

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El miedo está soportado en el ingrato recuerdo de mayo de 2013 cuando Ben Bernanke, entonces director de la Reserva Federal, afirmó que pronto habría que retirar el estímulo monetario consistente en la compra de bonos del tesoro y bonos hipotecarios a razón de US$70.000 millones mensuales. La desvalorización generalizada de los activos financieros y la salida de capitales de las economías emergentes fueron la reacción inmediata que se observó durante un par de meses. Este periodo se conoce como el 'taper tantrum' y es el recuerdo más fresco por el cual los mercados tienden a estresarse cuando se acercan momentos decisivos para la Reserva Federal.

Un reciente analísis del Banco Mundial denominado “Esperando lo mejor, preparándose para lo peor”, recuerda que durante el taper tantrum el impacto inicial sobre los emergentes fue indiscriminado, en términos de salida de capitales; sin embargo, con el paso del tiempo los flujos retornaron a unos países pero a otros no. Débiles fundamentales macroeconómicos, grandes mercados financieros y menos robustas respuestas de política económica estuvieron asociados con caídas más fuertes y sostenidas de los flujos de capital.

Durante el taper tantrum en mayo de 2013, las tasas de interés de largo plazo en EE.UU. saltaron 100 puntos básicos y los flujos hacia economías emergentes se redujeron entre 0,8% y 1,8% del PIB. Sin embargo, la repetición de un escenario similar dependerá de cómo los mercados perciban la llegada de la primera subida en la tasa de interés de la Fed, es decir cómo cambien las expectativas en cuanto a las condiciones financieras y económicas globales (factores push) y de qué tan preparados para afrontar esos cambios se encuentren las economías emergentes, es decir cuales sean los prospectos específicos de los países, sus vulnerabilidades y sus políticas (factores pull).

La medición del cambio en las condiciones financieras y económicas globales son catalogadas de dos formas. Un choque monetario adverso cuando se incrementa la tasa de interés de los bonos del tesoro de largo plazo y caen los precios de las acciones (responde a la expectativa de un ajuste acelerado de las condiciones monetarias), o un choque real favorable cuando sube la tasa de interés del bono de largo plazo y aumentan los precios de las acciones (responde a mejores prespectivas de actividad económica).

En el primer caso, el cambio en las condiciones monetarias podría ocasionar un importante incremento en las tasas de interés de largo plazo en EE.UU., volatilidad en los mercados financieros globales y fuertes alzas en el costo financiero para los mercados emergentes. La cuestión es qué tan preparadas están las economías emergentes, puesto que las vulnerabilidades específicas de los países incrementan, no solamente la probabilidad de una parada súbita en el ingreso de capitales, sino que intensifican su impacto en términos de depreciación de la moneda, contracción del sector privado, caídas del crecimiento y la capacidad de revertir el crecimiento a su tendencia de largo plazo rápidamente.

Al respecto, el documento reseñado, afirma que desde el taper tantrum los fundamentales macroeconómicos en algunas economías emergentes se han debilitado y como resultado sus ratings crediticios, en promedio, se han deteriorado. Uno de los hechos que más llama la atención es la diferenciación entre países emergentes importadores y exportadores de petróleo (commodities). Los segundos se han visto más afectados al reducrise la capacidad de respuesta fiscal y monetaria, pues ante la caída en los ingresos petroleros se han debilitado las finanzas públicas, mientras que la depreciación ha puesto presiones de reducción de las reservas internacionales y/o de aumento sobre la inflación.

El riesgo es, entonces, que el alza en las tasas de interés en EE.UU. se conjugue con factores domésticos que puedan provocar una parada súbita en los flujos de capital hacia las economías emergentes, sobre todo en economías que ya no cuentan con los ingresos extraordinarios generados por el 'boom' de commodities. Por el momento, gracias a la amplia disponibilidad de liquidez global que mantiene vivo el fenómeno de búsqueda de retorno (search for yield), el hecho de tener un mensaje creíble acerca de tomar las medidas fiscales o monetarias adecuadas para enderezar el rumbo de las economías, probablemente, será suficiente para evitar esa parada súbita de los flujos de capital. Un mayor riesgo vendrá si las economías emergentes no aprovechan este último cuarto de hora antes de que otros bancos centrales grandes sigan el rumbo de la Reserva Federal.

La capacidad de hacer reformas estructurales que mejoren los prospectos de crecimiento de largo plazo pueden ser la diferencia entre ingresos o salidas de capital, pues los inversionistas globales entienden que el debilitamiento sería coyuntural. Al respecto, Colombia ya ha recibido el respaldo de las calificadoras de riesgo que en los últimos dos meses mantuvieron el rating BBB con outlook estable, por la credibilidad en que la inversión en infraestructura (consesiones viales 4G) soportarán el retorno a un mayor crecimiento económico en un par de años. No obstante hay nubarrones que habrá que ir despejando como el creciente déficit en la cuenta corriente, la persistencia de una inflación por encima de la meta, el desbalance fiscal soportado en ingresos temporales, el alto gasto público y un eventual proceso de paz que pueda acarrear un mayor gasto público.
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