Opinión

  • | 2015/06/30 06:00

    Beneficios de la eliminación de las cláusulas de permanencia

    Según el más reciente informe de la Comisión Reguladora de Comunicaciones la venta de celulares en el país se incrementó un 9,1% en el último año como consecuencia de la resolución de la CRC con la cual se eliminaron las cláusulas de permanencia desde el 1 de julio del 2014.

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Una iniciativa que surgió de un proyecto de ley que promovimos desde el Congreso y que demostró como los oligopolios de la telefonía venían derrotando al mercado y a su justa competencia obligándonos a expedir normas que limitaban potenciales beneficios para los usuarios. En su momento la eliminación de las cláusulas fue una norma incomprendida pero el tiempo nos ha dado la razón de su existencia.

Jean Tirole, premio Nobel de economía en 2014 galardonado por sus contribuciones en temas de regulación y poder de mercados, asegura que la mala regulación puede llegar a reducir sustancialmente el crecimiento económico y puede generar problemas al interior de los mercados. La discusión de las cláusulas de permanencia nació justamente de un claro ejemplo de errores en la regulación anterior que como bien lo indicó el profesor Tirole, estaba limitando el desarrollo de este mercado y generando problemas de distribución de la riqueza.

Soy amigo de que la competencia entre agentes, independiente de su tamaño y cuota de mercado, impulse los precios hacia una especie de óptimo social, en el cual las firmas obtengan ganancias y los consumidores gastemos una proporción justa de nuestros ingresos en los productos que se nos ofrecen. Sin embargo, esto no pasaba con el mercado de celulares.

En el 2012 cuando hicimos los primeros análisis, nos dimos cuenta que los operadores estaban usando la figura de las cláusulas de permanencia para abusar de sus usuarios. Por ejemplo, el Iphone 5, que era un teléfono altamente demandado en su momento, era vendido a $1’252.000 con planes mayores a $219.000 mensuales. En planes de menores cuantías o prepago, el celular era vendido a $1’350.000 o incluso podría llegar hasta $1’500.000.

El argumento de las empresas era que con la prohibición de las cláusulas de permanencia los usuarios perderían este subsidio. Nos dimos cuenta de que en países como Chile, el mismo operador vendía los planes de este celular por los mismos $200.000 y con una cláusula de permanencia de 24 meses. La diferencia era que en este país el celular era gratis; léase bien, gratis. Incluso cuando se vendían en prepago, salían a un precio mucho menor que al valor “subsidiado” que ofrecían los operadores colombianos.

En su momento, por estos planes que oscilaban entre los $200.000, se otorgaban cargas limitadas y por minutos, donde si un usuario cortaba la llamada transcurridos 10 segundos, perdía 50 segundos. Y los abusos no paraban ahí, había operadores que ofrecían dos precios distintos por un celular, uno de contado y otro a cuotas; cuando hacíamos el cálculo de la tasa de interés a la cual se financiaban estos equipos descubríamos que era de 89,4% efectivo anual, en épocas en que la usura era de 30%.

En este caso, las cláusulas de permanencia no estaban sirviendo para subsidiar ni ofrecer intereses razonables y al contrario ataban a los usuarios por dos años con la promesa de una reposición que al final del día era publicidad engañosa.

Luego de la eliminación de las cláusulas de permanencia los operadores anunciaron que aumentarían los precios y así lo hicieron. De la misma manera muchas personas hicieron fuertes críticas con respecto a la reglamentación debido a que no entendían el impacto de la medida y consideraron en su momento que no tenía ningún sentido.

No obstante, con el tiempo el impacto positivo de esta medida se ha hecho sentir. Con el aumento del dólar los celulares empezaron a subir su precio progresivamente en todo el mundo mientras que en Colombia el aumento se produjo a menor velocidad debido a la competencia entre operadores por mantener a los usuarios. Esto quiere decir que el precio relativo de los teléfonos móviles en Colombia cayó con respecto a otros países de la región.

Adicionalmente, desde la entrada en vigencia de la eliminación de las cláusulas los operadores principales cambiaron su modalidad de facturación de minutos a segundos. Así mismo hoy ofrecen planes de segundos ilimitados por cerca de $140.000, mucho menos que los $200.000 que antes ofrecían valores en minutos limitados. Y por supuesto estas medidas no fueron lanzadas al mercado simultáneamente, los grandes operadores se vieron forzados a competir gracias a que empresas como Virgin Mobile se atrevieron a bajar sus precios ofreciendo mejores modelos de facturación.

Otro gran avance en esta materia está relacionado con la apertura del mercado para grandes superficies que ahora compiten en la venta de equipos con los operadores móviles e incluso, algunos bancos en sus páginas principales publicitan celulares con planes de financiamiento alternos a los de los operadores.

Los logros son evidentes y se respaldan en las cifras publicadas reciéntenme por la CRC que asegura que la venta de terminales móviles aumentó en 9,1% y el consumo de teléfonos inteligentes un 22%.

Crear reglas para hacer más competitivo un mercado ayuda a redistribuir mejor la riqueza y en la medida que la falta de competencia no se solucione con las normas vigentes, es nuestro deber impulsar legislación que incentive mejores comportamientos competitivos de los actores en el mercado. Actualmente, tenemos un proyecto de ley en curso que busca que los saldos de minutos no consumidos sean devueltos a los usuarios.
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