Opinión

  • | 2015/04/09 15:30

    La parábola del puercoespín

    Independientemente del modelo de Gobierno escogido y de la política que lo acompaña, hay una realidad global que tenemos que aceptar: La Inteligencia Humana sobrepasa en agilidad a los Gobiernos que tratan de regularla.

COMPARTIR

A pesar del empeño del legislador de regular para "protegernos" de nosotros mismos, a veces con un derroche de creatividad francamente propio de la ciencia ficción, la realidad es que existe una permanente tensión entre Estados lentos e ineficientes y un sector privado en donde la agilidad hoy es, en muchos casos, sinónimo de supervivencia.

No crean que somos la cuna del arte de legislar, leyes excéntricas se cocinan en todas las latitudes: En Inglaterra por ejemplo es ilegal morir en casas del Parlamento; en Francia es ilegal llamar "Napoleón" a un cerdo; es ilegal hablar de Jesús en las calles de Singapur; en Missouri es ilegal conducir con un oso por fuera de la jaula; en Israel está prohibido hurgarse la nariz en Sabbath; en California ningún coche sin conductor puede ir a más de 96 kms, ni los animales pueden aparearse en público; en New Jersey si estas cometiendo un asesinato está prohibido llevar chaleco antibalas (¡hágame el favor!);en Bahréin un ginecólogo sólo puede inspeccionar los genitales de una paciente a través de un espejo; y finalmente en la Florida está totalmente prohibido hacerle el amor a un puercoespín.

El problema, sin embargo, -apartándonos de las permanentes metidas de pata de un legislador, cuya desafortunada creatividad muchas veces genera tendencia-, es que cuando necesitamos agilidad, casi siempre, ya es tarde.

El 1 de diciembre del 2013, Jeff Bezos lanzó, con el nombre de Amazon Prime Air, sus planes de utilizar drones como mecanismo para hacer más eficiente la logística de entrega de paquetes. Un servicio futurista presentado por la empresa líder a nivel mundial en el negocio de retail en línea. El video de lanzamiento, que se presentó con bombos en el programa 60 Minutes, tuvo que ser rodado por fuera de los Estados Unidos para evitar problemas con la Federal Aviation Administration.

Poco tiempo después Amazon pidió a la FAA los permisos pertinentes para empezar a realizar las pruebas con uno de sus drones. Apenas el pasado 19 de marzo la FAA aprobó el inicio de estas pruebas para un modelo de Dron en particular, que hoy, casi un año y medio después, es considerado totalmente obsoleto.

No estábamos hablando de la definición de un marco regulatorio global que defina el funcionamiento de los drones como nuevo mecanismo de transporte de mercancías, era simplemente una ¡PRUEBA!.

En todas partes se cuecen habas, pero al final la reflexión es la misma: el estado, en general, es incapaz de ir al ritmo de una realidad tecnológica y de negocios en donde el insumo tiempo es absolutamente de vida o muerte para viabilizar proyectos so pena de que, ahí sí, vuelen hacia otras latitudes con reguladores menos creativos, pero más veloces.

Ya Letonia dio su aval, y mientras tanto Amazon ha estado haciendo sus pruebas cerca de Londres donde parecería no le ven un riesgo mayor a que se hagan pruebas experimentales con Drones que vuelan 25.000 pies por debajo de los aviones. El servicio, finalmente, será una realidad en la medida en que atiende una necesidad, mejora un producto/servicio, y satisface a un consumidor que a diferencia de los tiempos que manejan los Estados, vive, disfruta y exige la velocidad que impone el mundo moderno.

No quiero ni imaginar lo que pasaría en Colombia si la iniciativa hubiere sido local. Ya vimos el afán estatal para proteger a Uldarico vs Uber, pero su lentitud para responderle a un ciudadano que en la mayoría de los casos hace empresa a pesar del Estado (seguimos muy atrás en el ranking de Doing Business). En nuestro país hacer empresa es a veces más difícil que hacerle el amor a un ¡puercoespin!.

¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 531

PORTADA

La Bolsa de Valores necesita acciones urgentes

Con menos emisores, bajas rentabilidades y desbandada de personas naturales, la Bolsa busca recuperar su atractivo. Finca raíz, su nueva apuesta. ¿Será suficiente?