Opinión

  • | 2016/04/14 00:01

    La ciencia del impulso: ¿Cómo lograr lo que se proponga en su vida?

    Hace poco tuve la oportunidad de observar y entrevistar a uno de los mejores asesores de una compañía reconocida de electrodomésticos del país. Fue fascinante ver como él sabía, de manera precisa, cuáles eran sus objetivos, sus metas, sus sueños.

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Cuando le pregunté cuál era su meta como asesor, abrió una carpeta en la que tenía fotos de todo lo que deseaba lograr. Una de las fotos era una imagen que él mismo había creado colocando a su hija frente al Castillo Disney en Orlando, EE. UU. Cuando le pregunté por esta imagen, con voz entrecortada me contestó: “Este es mi gran sueño y lo voy a cumplir en diciembre. Estaré allí con ella. Tengo la certeza absoluta de que lo lograré, ya que en mi mente tengo esta imagen grabada. Cada vez que hago un cierre de venta pienso en esta imagen. Cada vez que obtengo un “No” como respuesta traigo a mi mente esta imagen para que me impulse a seguir persistiendo”.

Luego le pregunté: ¿y qué pasaría si no lo lograra? Y su respuesta fue: “Lo voy a lograr, tengo la capacidad para hacerlo. Todos los años millones de personas viajan, ¿por qué yo no? Sé que lo voy a lograr. Será un gran placer estar allí con mi hija y un dolor muy grande no estar. El dolor de pensar en fallarle a ella es el impulso que necesito para no dejarme caer y seguir persistiendo, es el impulso que necesito para llamar a cien clientes en lugar de a diez, para visitar a más clientes durante el día, para hacer más cierres de venta. Cuando voy logrando el objetivo me felicito: ¡sí, soy el mejor! Estas palabras me ayudan a mantenerme firme y vuelvo a traer la imagen que me genera gran motivación. En los momentos en los que siento que no puedo, imagino la cara de mi hija al decirle: ‘hija, no lo logre, no vamos a poder viajar’. Imaginar el rostro de decepción y tristeza de mi hija Laura, hace que de nuevo me ponga en pie y me diga, ¡lo voy a lograr!”.

Fue muy grato para mí recibir, cuatro meses después, un correo electrónico de parte de él que decía en el asunto “lo logré” y en el que me adjuntó imágenes de su viaje con ella. ¿Qué hizo el asesor para lograrlo? Aplico el poder del Condicionamiento Neuroemocional. Claro que él no fue consciente de lo que hizo, simplemente, la pasión por lograr el objetivo lo llevó a aplicar esta técnica. Mi función como creador del Modelo Neuroemotion es traer lo inconsciente al consciente y explicarlo de una manera sencilla para que usted lo pueda aplicar. Si se compromete a seguir esta estrategia que ha llevado a muchos asesores a lograr grandes resultados, también podrá conseguirlos, con la ventaja de que la podrás perfeccionar y adaptar a su estilo para que te resulte mucho más efectiva. Recuerde: El éxito deja huellas.

 

A continuación explicaré, en detalle, cada uno de los pasos necesarios para aplicar el condicionamiento neuroemocional. Lo invito a que los use, se dará cuenta cómo sus resultados comenzarán a subir más allá de las probabilidades.

 

  • Defina lo que realmente va a lograr como asesor y qué le impide lograrlo ahora.

Este primer paso hace referencia a lo que conocemos como el “poder del enfoque”. Veamos un ejemplo de la vida real: en una entrevista reciente le preguntaron a un famoso piloto de Fórmula 1: cuando usted va en su carro a grandes velocidades y sabe que en pocos metros hay un muro, ¿hacia dónde mira? La respuesta de él fue: yo miro para donde quiero que vaya el carro, si miro al muro hacia el muro voy a ir y terminaré estrellándome. ¿Qué significa esto? Que a donde mire conducirá su energía.

Recuerdo una experiencia reciente con mi hijo de cinco años cuando le enseñé a montar en bicicleta. El primer paso era corregir su enfoque. Le pregunté qué quería lograr, a lo que me respondió con la mirada en el piso: “papi, no me quiero caer”. Entonces, para corregir su enfoque, le dije: “hacia donde mires irá la bicicleta. Si mira al piso, hacia el piso irá. Si mira al frente, hacia el frente irá. El segundo paso era corregir su diálogo interno. Como respondió “no me quiero caer”, le hice ver que eso era lo que no quería y le pregunté de nuevo: en esencia, qué quiere. Esta vez respondió: “permanecer montado en la bicicleta”. Con estas dos instrucciones sencillas logré que aprendiera a andar en bicicleta en treinta minutos.

Muchos seres humanos están enfocados en lo que no quieren con frases como: no tengo el trabajo que quiero, no tengo el salario que quiero, no tengo la casa que quiero. Ya saben lo que no quieren, pero les hago la misma pregunta que le hice a mi hijo: ¿qué quiere lograr?

Los asesores que han logrado obtener grandes resultados son personas que determinan lo que  van a lograr y no lo que quiere  lograr. Es importante resaltar la diferencia que existe entre quiero y voy. Quiero, hace referencia a desear. En muchas ocasiones nuestros deseos no pasan de ser solo deseos. Voy, implica acción, compromiso, resolución. Existe gran diferencia entre las siguientes frases:

 

  • ¡Quiero ser el mejor!
  • ¡Quiero un carro!
  • Voy a ser el mejor en ventas
  • Voy a comprarme un carro tal de color tal

 

Las dos primeras frases no son más que deseos. Es como si yo dijera: quiero ser el mejor… si no tuviera que hacer el mínimo esfuerzo. Las dos últimas implican acción, un compromiso que se expresa con la palabra voy. Entonces, necesitamos determinar lo que vamos a lograr y mantener el enfoque en ese objetivo, comportándonos de acuerdo a la creencia: “los fracasos no existen, existen los resultados”. Tener claridad absoluta sobre lo que vamos a lograr es la clave, recuerde “claridad es poder”.

 

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