Opinión

  • | 2015/05/21 05:00

    ¿Qué pasó con el plazo a las FARC?

    Señor Presidente: ¿Qué pasó con el plazo a las FARC?

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Luego del crimen perpetrado por las FARC en el Cauca en el que murieron 11 militares se deben tomar correctivos más allá del restablecimiento de los bombardeos, ya que los diálogos de paz en La Habana pasan por una profunda crisis de credibilidad cuya salida esta vez no sólo depende de las esporádicas muestras de voluntad de paz de la guerrilla sino ante todo de que el Gobierno actúe con firmeza de cara a las negociaciones. Una amplia mayoría de los colombianos creen que la situación con la guerrilla está empeorando y hoy, lejos de los calores de la contienda electoral, casi la mitad de los colombianos cree que la solución al conflicto no es negociar sino derrotar a la guerrilla militarmente. La confianza de los colombianos en el proceso depende de que se tenga alguna certeza acerca de cuándo debe llegar a término.

Hay que destacar que en el proceso el Gobierno Nacional ha dado de buena fe ciertas condiciones a la guerrilla. Hace dos años y siete meses cuando iniciaron formalmente los diálogos, el Presidente Santos manifestó que la negociación se mediría en meses, no en años; y además señaló la importancia de enmarcar los nuevos acercamientos dentro de tres principios rectores: aprender de los errores del pasado para no repetirlos; cualquier proceso tiene que llevar al fin del conflicto, no a su prolongación, y mantener las operaciones y la presencia militar en cada centímetro del territorio nacional.

Hoy, sin embargo, vemos como la aplicación de estos principios rectores en las negociaciones se ha desdibujado. Desde agosto de 2010 hasta mediados de 2013, nuestra fuerza pública había neutralizado a dos miembros del secretariado, a tres del estado mayor y a 42 comandantes de frente. Entre 2013 y 2014 en cambio, el número de guerrilleros neutralizados cayó en 8,6% mientras que los éxitos contra comandantes de frente cayeron en un 27%. Así mismo, hemos visto con el tiempo como los verdaderos líderes de las FARC ya residen en Cuba, dejando serias dudas sobre el control real que tiene la cúpula del grupo armado sobre sus hombres.

A su vez el ritmo de las negociaciones ha mostrado pocos avances, pues desde mayo de 2014 cuando se llegó al último acuerdo que incluso fue parcial sobre el tema de drogas, no se han registrado acuerdos concretos en los puntos de la agenda, excepto en el caso específico del desminado. Pareciera que los diálogos prolongan el conflicto en lugar de acercarnos a su fin y que se cometen los mismos errores del pasado; estamos sumidos en un “estado dialogante”, expresión utilizada por Álvaro Gómez Hurtado para referirse a aquella circunstancia en la que se dialoga y dialoga sin llegar a acuerdos concretos.

Por supuesto que la fijación de un plazo a las negociaciones es un asunto que debe abordarse de manera concertada. En primer lugar, el equipo negociador debe tratar de pactar un plazo de manera bilateral. Ahora bien, si los negociadores de las FARC se oponen a la fijación de una fecha para darle fin a las negociaciones, es deber y obligación del Gobierno establecerla unilateralmente. Este plazo no puede ser prorrogable y el Gobierno tendrá que tener la misma solidez para declarar los diálogos como fallidos.

En los puntos de la agenda que se han evacuado hasta ahora, ha sido el Gobierno Nacional quien ha cedido y asumido la mayor parte de los compromisos para replantear el desarrollo rural y dar garantías a la futura participación política del grupo guerrillero. Ahora las FARC son quienes deben ceder y comprometerse, y por ello esperamos que se generen cambios oportunos que le den celeridad al proceso y que eviten que el grupo guerrillero maneje la agenda.

En este punto de la negociación, fijar un plazo concreto es la única manera de tender un puente entre lo que se discute en La Habana y el anhelo de paz de los colombianos.

@davidbarguil
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