Opinión

  • | 2015/08/08 05:00

    El enfado y la rabia, ¿son emociones extraordinarias?

    No existe nada más fuerte y devastador para el progreso de una persona que aquella que no le importa si logra sus objetivos o no los logra.

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“Acceda a la emoción correcta en el momento correcto”

Muchas corrientes se han referido a estas emociones como emociones negativas, sin embargo en mis diez años como entrenador he podido concluir que no existen emociones buenas ni malas, solo existen emociones. Poniendo un ejemplo, la emoción contraria a la rabia, es la tranquilidad, una muy buena emoción, que si se usa en exceso no lo llevará a lograr los resultados que desea obtener.

La rabia como emoción significa “BASTA” es suficiente y muchas personas exitosas con las que he podido interactuar me han confirmado que utilizar precisamente esta emoción es lo que los ha llevado a tomar decisiones y les ha generado un progreso notorio en sus vidas. Es a lo que le denominamos “umbral emocional”, un momento en el cual se vincula tanto dolor a una circunstancia actual que se llega a experimentar enfado y rabia, para luego precisamente emprender acción inmediata.

En uno de mis entrenamientos, una persona dedicada al mundo de los negocios y las ventas levantó la mano y dijo: “el enfado y la rabia son las mejores emociones”; ante esa afirmación la mayoría de las personas lo miraron con gestos de desaprobación y uno de los asistentes con enfado dijo: “¿la rabia?, está loco”. Casualmente era un asistente que no había participado y cuando escuche que lo hizo le dije: sí, es una de las mejores; por ejemplo con usted, lo acaba de llevar a tomar la decisión de participar en el entrenamiento, algo que no había hecho durante las 5 horas anteriores.

Posterior a eso el asesor que había mencionado que la rabia era una buena emoción dijo: “el mes pasado recibí mi salario producto de las comisiones por las ventas que había efectuado y después de cubrir mis gastos fijos fui a sacar dinero de mi cajero y qué sorpresa, no podría retirar un solo centavo ya que contaba con tan solo siete mil pesos. La rabia y el enfado que sentí en ese momento produjo que me hiciera una promesa: nunca más vuelvo a estar en esta situación y cada vez que estoy de frente a mi cliente traigo a mi mente esa imagen de “fondos insuficientes” y vuelvo a la emoción de ese momento y es el impulso necesario que me lleva a decirle a todos mis clientes que hagamos el negocio. Gracias a esa emoción, hoy tengo ingresos 10 veces superiores a los que tenía antes y jamás he vuelto a ver ese letrero -fondos insuficientes-”.

En este momento lo que busco explicar es que no existen emociones buenas ni malas, lo que sí es bueno o malo es la manera como las usamos en cada momento de nuestras vidas y ahí radica la clave.

Una emoción que aparentemente por otras ramas es catalogada como negativa también puede ser la emoción más poderosa si sabe qué hacer con ella y mantiene su enfoque en aquello que va a lograr.

Este ejemplo sencillo es para preguntarle algo: ¿cuál es la diferencia entre la rabia y la euforia si lo vemos desde la perspectiva de la fisiología o el dominio de nuestro cuerpo? Y le hago una segunda pregunta: cuando estamos en esos dos estados, ¿no es verdad que liberamos una gran cantidad de energía? Y esa energía, ¿cómo la refleja nuestro cuerpo? Veámoslo más detallado:

Respiración:
¿cómo es su patrón respiratorio cuando está en esos estados?, ¿respira rápido o respira lento? Rápido, ¿no es cierto?

Tonos de voz: ¿qué pasa con su tono de voz?, ¿habla alto o bajo?, ¿su ritmo es rápido o lento? Es alto y rápido, ¿correcto?

Posturas:
¿cómo usa su cuerpo?, ¿se mueve lento o rápido? Rápido, ¿no es verdad?

Si lo analiza con detenimiento se podrá dar cuenta de que la manera como usamos la fisiología es casi idéntica en estos dos estados: euforia “bueno”, enfado “malo” y entonces, ¿cuál es la diferencia? SU ENFOQUE.

Y es en este punto en donde nos damos cuenta que sentir un poco de rabia, cuando no logra sus objetivos, resulta muy productivo o quizás sienta rabia por el presente que está viviendo y es desde esa emoción precisamente donde debe tomar decisiones verdaderas y emprender acción inmediata para lograr transformar su destino.

En una ocasión tuve la oportunidad de conocer la Gerente de una compañía importante en Colombia, había escuchado que era una persona sin mucha formación profesional, sin embargo había llegado a un puesto bastante alto, lo cual, como es obvio, me creó mucha curiosidad y cuando tuve la oportunidad de conocerla le hice la pregunta lógica: ¿cómo ha logrado llegar a donde está actualmente? Su respuesta fue la siguiente: “Andres, le voy a explicar como lo hice. Hace unos años mi familia se encontraba en una situación económica muy compleja, éramos mi esposo, mi hija de 2 años y yo. Un día le pedí a mi esposo $5.000, ya que tenía que comprar algo para la bebe y la manera despectiva como me preguntó mi esposo: ¿para qué necesitas TU $5000, me hizo experimentar tanta rabia y enfado que en ese momento me prometí algo a mi misma: “JAMÁS LE VUELVO A PEDIR UN SOLO PESO A NADIE Y HASTA LA FECHA LO HE CUMPLIDO”. A esto es a lo que yo le llamo tomar una verdadera decisión y comprometerse con la misma desde la emoción del enfado y la rabia.
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