Opinión

  • | 2014/02/03 11:00

    ¿Qué tan sofisticadas son sus decisiones financieras?

    En muchos temas de la vida diaria solemos opinar abiertamente como si fuéramos expertos. En política, por ejemplo, normalmente nos sentimos con derecho a evaluar las decisiones de nuestros gobernantes. Opinión de Pablo Moreno Alemay.*

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Claro, nosotros los elegimos y en el caso que el vencedor no hubiese sido nuestro candidato, con mayor razón tendríamos derecho a manifestar nuestro inconformismo y asumir el rol de opositores. Otro notorio ejemplo es el fútbol, nuestra posición de hinchas es la que nos permite aplaudir a nuestros jugadores cuando los resultados son favorables, pero a convertirnos en los técnicos más capaces cuando llegan las derrotas. Y en cuanto a temas de inversiones y finanzas en general, las opiniones al respecto muchas veces se escuchan como innegables afirmaciones a pesar que las digamos, en algunos casos, por pura intuición. En política y en fútbol quizás sí, sin embargo, en cuanto a finanzas se refiere, bien podemos hacer una reflexión y qué mejor que ahora cuando los futuros profesionales del país han retornado a sus aulas universitarias.

La educación financiera es un reto que el país debe tomar más en serio a pesar de los logros alcanzados. Hace unos años la crisis internacional alarmó al mundo por el incontrolable crecimiento en innovación financiera que llevó a negociar instrumentos que pocos entendían pero que al final se hicieron célebres por las pérdidas que generaron. Y en el contexto local, el mercado bursátil que poco a poco había ganado terreno entre las personas naturales, se vio duramente golpeado por las ilícitas maniobras de una famosa y poderosa firma que por su escándalo generó una masiva salida de inversionistas temerosos y con desconfianza del hasta entonces creciente mercado de valores colombiano.

Educación financiera para financistas, sí, naturalmente, pero educación financiera para todos, pues todos somos potenciales inversionistas, todos somos usuarios del sistema financiero, todos recibimos ingresos y los queremos utilizar de la mejor manera. Empecemos con los financistas, reuniendo acá a aquellos profesionales oferentes de productos financieros. En esta parte es de reconocer la tendencia creciente hacia las certificaciones bajo el liderazgo del Autorregulador del Mercado de Valores y a futuro el impulso de certificaciones internacionales.

Adicional a ello, la academia debe hacer mayor énfasis en la formación cuantitativa de las finanzas que permitan un proceso de toma de decisiones con fundamento matemático que en principio genera una mayor probabilidad de éxito, y asimismo en la aplicación de las llamadas finanzas comportamentales al momento de utilizar estos modelos.

En cuanto a los no financistas, pero igualmente usuarios del sistema financiero, el reto es más ambicioso. El portafolio de productos y servicios en el país ha crecido significativamente en el último lustro pero el aprovechamiento de estos instrumentos debe acompañarse con estrategias de educación financiera.

Por ejemplo, se debe enfatizar y promover el uso de los contratos derivados como mecanismo de cobertura de riesgo. Volviendo al tema del fútbol donde criticamos a los entrenadores por sus tardíos cambios, por haber arriesgado un resultado cuando se pierden los puntos en los últimos minutos, en las finanzas de empresa también podríamos criticar a aquellos gerentes que no tomaron decisiones oportunas antes de asumir consecuencias negativas por variaciones imprevistas en las tasas de cambio, en las tasas de interés, o en los precios. Claro, el uso de derivados permite anticipar dichas pérdidas y al respecto hay mucho por trabajar en las empresas colombianas.

El reto de la educación financiera apunta al médico, al ingeniero, al biólogo, o a la ama de casa quienes cuentan con excedentes para ahorrar o para invertir y no saben en dónde colocar estos recursos, o que por el contrario, creen saberlo y pueden llevarse desagradables sorpresas. Reconocer que las acciones son instrumentos de inversión a largo plazo, que es normal que se presenten tendencias bajistas en los precios, que no sólo se gana por valorización de la acción sino por repartición de dividendos, que invertir en acciones no es necesariamente un vehículo para volverse millonario pues tiene implícito un riesgo al ser un instrumento de renta variable, y que justamente para no asumir riesgos exagerados se debe diversificar, son aspectos de los que la academia debe empezar a ocuparse… Y obviamente, todo esto acompañado de una sólida formación ética.

Termino citando al reconocido investigador en temas financieros Ross Levine quien visitó al país el año pasado y argumentó cómo todos los ciudadanos nos vemos favorecidos cuando el mercado de capitales se desarrolla. Mayores instrumentos de ahorro, de inversión, de financiación, no sólo benefician a las personas o empresas que los utilizan sino al conjunto completo de la población de forma que directa o indirectamente el país entero gana con un sistema financiero sofisticado.

En ese sentido debemos prepararnos para que las opiniones que damos, o las decisiones que tomamos, no se queden en el nivel de la pasión de un partido de fútbol o en el aferro hacia una tendencia política, sino que se realicen bajo un sustento teórico que todos, desde nuestras necesidades particulares, podemos procurar alcanzar. Este es uno de los grandes retos de la educación financiera que empieza desde las universidades y que luego las empresas del sector, y el gobierno, deben seguir profundizando.

* Jefe de Área de Finanzas
Universidad de La Sabana


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