Opinión

  • | 2016/08/08 01:57

    Colombian Brexit

    La demagogia y populismo en el debate sobre el acuerdo con las FARC tienen rasgos similares a los que llevaron a la aprobación del Brexit.

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Ya es verdad de Perogrullo afirmar que el populismo y la demagogia se han tomado los debates electorales más importantes en los últimos tiempos, sean las elecciones en vecinas repúblicas bananeras o aún en naciones del primer mundo como los Estados Unidos o España, ya no importan los análisis sociales o económicos de los expertos sino exacerbar el miedo y las visceralidades del electorado.

El referendo sobre la salida del Reino Unido de la Unión Europea fue el más reciente y fallido ensayo de impedir que el nacionalismo mal concebido y el odio a ciertos grupos minoritarios prevaleciera sobre la conveniencia de un proyecto continental, y fue una sorpresa el resultado aún para los promotores del Brexit.

De lo más revelador, por decirlo menos, fue que al día siguiente de anunciados los resultados, el mismo Nigel Farage declarara que probablemente alguno de los argumentos de su campaña al sí, el valor del ahorro por la salida de la UE y su eventual inversión en salud, no correspondía a la realidad.

Tan folclórico que muchos de los mismos votantes por el sí anunciaron su disposición para recular en un nuevo referendo, dadas consecuencias anunciadas pero no tenidas en cuenta como la inmediata devaluación de la Libra, o el anuncio de retirarse del Reino Unido de compañías que no quieren perder los beneficios de ser parte de la UE.

Son resultados de peligrosas manipulaciones que explotan los resentimientos populares generalizados y que dividen a los pueblos alrededor de conceptos gaseosos como las injusticias sufridas y la defensa de los intereses nacionales.

Hoy Colombia y el debate sobre el acuerdo con las FARC resulta ser un escenario más para demostrar que cuando el electorado es sensible a verdades a medias y perezoso para informarse, es más fácil venderle odios y prejuicios que invitarlo a hacer un análisis riguroso de las consecuencias de sus decisiones. Hoy el proceso lamentablemente tiene las siguientes características:

Ignorancia atrevida. Hoy son pocos, muy pocos, los que hablan con propiedad del tema por partir siquiera de haberse leído el acuerdo. La mayoría de opiniones son especulaciones.

Radicalización. El asunto se ha reducido a mentiras como que el voto al sí es por la paz y al no por la guerra, en posiciones radicales sin consideración alguna a los efectos en el destino económico y social del país, en la visión de los inversionistas y en las relaciones entre los colombianos cualquiera sea el resultado.

Partidización. Un tema tan trascendental como el cese del conflicto y cómo encaja para crear condiciones de desarrollo social para todos los colombianos, es hoy un debate entre viejos líderes partidistas, desplazando a voceros de la academia, representantes de los sectores sociales y económicos que puedan brindar un debate serio que oriente a los colombianos.

Guerra Sucia. Ya empieza a verse la guerra sucia de desinformación sobre uso de recursos públicos o divisiones entre las fuerzas armadas, que llevarán a que cualquiera sea el resultado no habrá una fácil aceptación de los mismos.

Manoseo de las víctimas. Lo más triste del debate es el uso de las víctimas ubicadas en las zonas de conflicto para publicitar cualquier posición. Han pasado de ser escudos de la guerra a figurines de un debate cuyas consecuencias serán ellas las que más sufran.

Falta Información. Hay poca información para poder tomar una decisión razonable. Es imposible creer que negociadores de la talla de los que intervinieron hayan abierto la puerta del referendo sin dejar previsto un plan para el caso de no aprobarse. Si no fue así, el país tiene derecho a saber entonces cuál es la alternativa prevista por el Gobierno en caso que resulten fallidos los acuerdos.

No tiene sentido dividirnos más cuando se trata precisamente de buscar la paz. Hay que ser serios, no puede ser que la debilidad de Santos de comunicarse adecuadamente, frente a la carismática figura del expresidente Uribe y su hábil manejo de los medios, definan el futuro del país.

La historia los juzgará por su responsabilidad en la reconciliación de los colombianos.

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