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Alberto Naranjo, Director del programa de Economía, Universidad de La Sabana

| 8/5/2013 9:00:00 AM

Colombia no está preparada

Muy pocos economistas discuten las enormes ventajas que significa la firma de tratados de libre comercio bilaterales entre Colombia y otras naciones. Opinión de Alberto Naranjo.*

por Alberto Naranjo

Respecto al acuerdo con la Unión Europea –que se oficializa hoy–, es claro que este continente ha sido históricamente el segundo socio comercial del país y que con los beneficios arancelarios que ofrece el TLC, crecerá el comercio y las exportaciones, habrá mayor demanda de nuestros productos y mejorará el empleo. Para Europa, la situación es similar. Mejores beneficios arancelarios con un país que tiene una clase media en pleno crecimiento y cuyas expectativas de progreso son mejores que el promedio mundial.

La tarea para Colombia no es de poca monta. Debemos hacer un mejor uso de los recursos que tenemos y generar estrategias para ofrecer mejores precios de los productos a los consumidores, quienes por lo general no cuentan con estructuras de lobby que apoyen sus intereses.

Ahora, además de las ventajas directas que se puedan tener en los sectores productivos ya constituidos, una gran oportunidad que ofrece este tipo de tratados de libre comercio son las ideas que surjan bajo las nuevas condiciones en los mercados. Esto es quizás una de las principales ventajas de la firma del TLC. Sin embargo, hay un elemento fundamental a la hora de evidenciar ventajas y costos, y por lo tanto de poder evaluar el efecto de estos acuerdos comerciales. Este elemento tiene que ver con el tiempo que toma la firma de un tratado y posteriormente con el tiempo que se tarde la desgravación de productos específicos; aspecto fundamental para aprovechar las ventajas de este tipo de acuerdos.

En ese sentido, hay que analizar con cuidado el estado de aquellas instituciones que adquieren relevancia durante esos momentos de transición. Recordemos que estas instituciones no son solo las reglas de juego creadas e implementadas por los gobiernos sino también las normas sociales que los mismos ciudadanos, día a día, asumen en sus comportamientos económicos.

Si vemos el caso colombiano, pareciera que su desarrollo institucional es precario y no esta preparado para enfrentar los retos que imponen los tratados de libre comercio. O al menos, para poder sacar mayores ventajas de la firma de estos acuerdos.

Acaso, ¿Cuántos de nuestros sectores productivos han tomado en serio los tiempos de transición de los tratados firmados y han implementado estrategias para mejorar su competitividad y así poder enfrentar con éxito la competencia extranjera que se avecina? o ¿Cuántos programas han sido implementados con éxito por parte de nuestros gobiernos (locales, regionales y nacionales) para apoyar un mejoramiento de competitividad de nuestras empresas?

Si a esto se le suma el hecho que gran parte de nuestro aparato productivo y del empleo colombiano está en empresas pequeñas y medianas, que por lo general cuentan con grandes restricciones de crédito y pocas posibilidad de acceso a capital humano altamente calificado, entonces estamos hablando que la importancia de esta política pública debería ser mucho mayor, y por lo tanto su ausencia es mucho más crítica.

Aun cuando la firma y entrada en vigencia del TLC con Europa sea bienvenida, es evidente que Colombia no está preparada para encarar los retos que esto representa con el objetivo de aprovechar al máximo las ventajas de un mayor mercado para nuestros productos.


* Director del programa de Economía
Universidad de La Sabana


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