Opinión

  • | 2016/07/13 00:01

    Colombia: donde es más caro ser pobre que rico

    Si comparamos el incremento del 7% en el salario mínimo con el 14,28% de incremento en los alimentos, vemos que algo anda mal, claro está que una tragedia mayor es que el 28% de la población se encuentra por debajo de la línea de pobreza, es decir, tienen ingresos menores a $223,638.

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Investigando un poco encontré que al parecer la famosa frase “es mejor ser rico que pobre” no fue acuñada por Antonio Cervantes (Kid Pambelé) sino por algún periodista que luego se la atribuyó al púgil palenquero. En todo caso, esta frase se cumple a la perfección para Colombia. Tenemos un sistema perfectamente articulado para perpetuar la pobreza y aunque existen casos de superación, estos obedecen más a esfuerzos titánicos de los individuos que a un sistema incluyente donde las oportunidades deben ser el común denominador  y no la excepción.

Observando la inflación encontramos lo difícil que es ser pobre en Colombia:

Primero encontramos que los individuos con ingresos bajos deben destinar una mayor proporción de su ingreso a los gastos de alimentación sacrificando educación, diversión y transporte. Si muchos nos escandalizamos al saber que la inflación en junio llegó al 8,6% vale la pena que demos una mirada al dato desagregado por nivel de ingresos: 

Como es evidente, las personas con ingresos bajos enfrentan actualmente una inflación de 9,16%, medida inferior al 7,75% de los ingresos altos con lo que se corrobora que en Colombia definitivamente es mejor ser rico que pobre.

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¿Pero a qué se debe este fenómeno? Acaso es más barato hacer mercado en el Chicó que en Corabastos?, pues la respuesta es que no, el problema es la manera en que se han incrementado los precios de los alimentos. Al respecto muchos culpan a la devaluación, al fenómeno de El Niño o a los iracundos transportadores, pero el verdadero problema es que no estamos en capacidad de abastecer la demanda interna, no existen estímulos suficientes para producir alimentos en Colombia, uno de los tantos males que nos dejó la bonanza petrolera y su posterior enfermedad holandesa…y así es como la subida del dólar la terminamos pagando todos:

Si comparamos el incremento del 7% en el salario mínimo con el 14,28% de incremento en los alimentos, vemos que algo anda mal, claro está que una tragedia mayor es que el 28% de la población se encuentra por debajo de la línea de pobreza, es decir, tienen ingresos menores a $223,638.

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