Opinión

  • | 2017/11/08 00:01

    Coherencia entre el adentro y el afuera

    La coherencia es el eje del cambio y esto aplica tanto para el entorno personal como profesional. ¿Cómo alcanzarla?

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En épocas de cambio, o cuando se enfrentan situaciones incómodas, es común que se traten de encontrar culpables. Sin embargo, pocas veces nos detenemos a observar el rol que jugamos dentro de dicho evento. Pues cuando nos enganchamos en los conflictos, jugar el rol de víctima es el camino más fácil. Pero ¿Cuántas veces nos detenemos realmente a pensar en nuestra parte del problema? Es cierto que cuando se presentan momentos de efervescencia y calor, hacer un alto en el camino y aceptar que también nos hemos equivocado puede sonar loco, pero es la capacidad de hacerlo la que demuestra nuestro grado de conciencia, inteligencia emocional, pero ante todo de coherencia.

Esto aplica igualmente a los problemas del país e incluso del planeta. ¿Dónde se encuentra nuestra responsabilidad en el asunto? Culpar a lo gobiernos, la política, la religión y hasta el vecino es sencillo. ¿Pero hasta dónde nuestro propio comportamiento legitima el accionar de los demás?

El proceso de crecimiento siempre comienza con uno mismo, porque como es adentro, es afuera. Por tanto, si nos cuesta perdonar y ser compasivos, quizá es porque aun no logramos serlo con nosotros mismos, y el problema es que los demás son espejos de nuestros bloqueos y es por eso que ir hacia el interior, cuando se tienen dificultades con alguien, es el mejor mecanismo para resarcir el daño y fortalecer nuestro proceso de crecimiento.

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Ahora, si esto se traslada al contexto organizacional, vemos que el mecanismo actúa de la misma manera. muchas organizaciones no logran altos grados de coherencia pues están muy enfocadas en su posición externa, pero poco analizan sus capacidades externas. Como resultado, se realizan muchos esfuerzos por alcanzar nuevos mercados en donde no se tienen las capacidades para ser exitosos. Dicho de otra manera, como lo plantea Paul Leinwand, “nos llenamos de adquisiciones adyacentes que no son más que exploración de océanos azules en los que no se puede nadar”. Si no existe un fortalecimiento y conocimiento profundo de lo que podemos hacer, nuestro campo de acción no solo se reduce, sino que perdemos alineación entre la propuesta de valor, la calidad y las habilidades. Es decir, se pierde la coherencia.

Si de verdad se quiere generar cambios positivos en el mundo, no importa si hablamos del contexto individual u organizacional, tenemos que lograr que nuestras actitudes, emociones e intenciones sean coherentes en el esfuerzo de generar cooperación y transformación. Esto puede lograrse cuando nos movemos en la búsqueda de acciones y emociones más balanceadas y controladas, pues de esta manera, se pueden encontrar verdaderas soluciones de innovación a las problemáticas globales.

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Bien sea en el día a día de interacción con el otro, o en la búsqueda de nuevos clientes y mercados, el entendimiento de mí mismo, es lo que marcará una verdadera diferencia en la interacción con el otro. En la medida en que nuestras relaciones personales, laborales, familiares, comunitarias se vuelven más coherentes, así mismo construiremos un  mundo que vibra diferente y que resuelve sus problemáticas sociales, políticas, económicas y ambientales desde una perspectiva mucho más efectiva.

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