Opinión

  • | 2017/07/17 00:01

    Cambio climático y desplazamiento forzado

    Aunque no esté reconocido, el cambio climático tiene una estrecha relación con la vulnerabilidad poblacional pues es potencial causa de desplazamiento, acto que genera alteraciones a nivel geográfico, demográfico y económico.

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Constantemente en la prensa mundial hay titulares respecto a desplazamientos forzados de la población, que obedecen principalmente a ciertos motivos migratorios que ejercen presión sobre una significativa diversidad de población en donde, en muchas ocasiones, tienden a ser razones llevadas por índole social o político. Sin embargo, el cambio climático también ejerce últimamente un significativo protagonismo actuando como agente desestabilizador que ha generado el desplazamiento de miles de personas en el mundo, en busca de condiciones que garanticen una mejor calidad de vida.

Los efectos del cambio climático son relativos a la geografía, y sus consecuencias pueden evidenciarse desde el corto hasta el largo plazo. Sin embargo, bajo un análisis en paralelo de las alteraciones humanas y climáticas, expresadas estas con datos de la Nasa, se evidencia una correlación de las variables que postulan al cambio climático como una potencial amenaza para la población.

Y es que sus consecuencias no sólo se relacionan con el desplazamiento poblacional en sí, sino que el cambio climático contribuye también a potenciar la inestabilidad económica y a una intensificación de las probabilidades de aparición repentina de desastres naturales, tales como inundaciones, tormentas o sequías. En la medida en que se presenten este tipo de cambios, se agravan las condiciones de hacinamiento en las grandes urbes, por daños irremediables en diversas zonas rurales e impacta cultivos, lo que a su vez afecta también la crisis económica por la escasez de alimentos, y por los elevados precios de los mismos causando esto, a su vez, revuelos en materia política. Toda una mezcla de motivos suficientes para producir aún más desplazamientos, y dar lugar a un círculo vicioso que se acrecienta.

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Infortunadamente, aunque el cambio climático sea un detonante, no está reconocido formalmente como un motivo migratorio; es decir, no existe un registro oficial que indique cuántas personas han tenido que abandonar su hogar por alteraciones climáticas. Por ello, la subestimación de su importancia aún está latente y no se presta la suficiente atención a sus efectos e impacto en las comunidades.

Dentro de las malas noticias que se avecinan con una gran probabilidad de ocurrencia en futuros no muy lejanos, según expertos meteorólogos, están la aparición de otro fenómeno de El Niño este mismo año. Aunque no se conoce qué tan fuerte puede ser, ya se estima que por más leve que se presente, tendría afectaciones climáticas en muchas partes del mundo. Dentro de estas se cuentan periodos de sequía en América del Sur.

Precisamente, dentro de la región latinoamericana se han logrado establecer diversos escenarios relacionados a los desplazamientos humanos, dentro de los que se cuentan desastres hidrológicos, la designación como zonas de alto riesgo por parte de los gobiernos, la degradación medioambiental que reduce la disponibilidad de agua, la generación de estados insulares o la reducción de recursos vitales que llama el conflicto y la violencia. Incluso, se ha previsto un aumento en el nivel del mar de las áreas costeras provocando la pérdida de tierra, aspecto que requeriría de atención si se tiene que casi el 75% de las 77 ciudades más grandes de Iberoamérica, están en zona costera.

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Como consecuencia, ante la falta de importancia que se les presta a las alteraciones del medio ambiente, se tiene más y más personas afectadas; aspecto que contribuye al deterioro de los derechos relacionados con la protección de vida, educación, alimentación, salud, vivienda, entre otros. Y ante el vacío legal existente para los desplazados por cambio climático, terminan en situación de pobreza e indefensión; lo preocupante es la escasez de planes de reubicación, o tratamiento para este tipo de casos, en los que los gobiernos nacionales tienen gran responsabilidad.

Asimismo, también debe tenerse en consideración el despliegue de otro análisis que revise las implicaciones del desplazamiento forzoso en las estructuras económico-financieras de las regiones involucradas. Esto debido a la susceptibilidad presupuestal que se tiene en cada una de las naciones, dependiendo de los recursos disponibles, pues se incrementa la demanda bajo un mismo nivel de oferta, lo que ocasiona rezagos y límites en sus políticas de atención. Sin lugar a dudas, se hace vital la implantación y adopción de planes de consolidación y estabilización socioeconómica de la población afectada.

El conocimiento de los efectos adversos que genera el desplazamiento forzoso, ha de ser una justificación válida para los hacedores de política pública. Por lo pronto, en Colombia es importante ponerse las pilas ante las alertas por un nuevo fenómeno de El Niño, que se prevé a mediados o finales de este semestre. Aunque sea un evento fuera del dominio estatal, la tasa inflacionaria podría desestabilizarse aún más si, en efecto, reaparece este año. La idea es implantar estrategias que mitiguen el impacto y procure los menores efectos posibles en la población y la economía nacional.

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