Opinión

  • | 2017/08/05 00:01

    Cambiar el rumbo de la economía

    La acentuada desaceleración económica por la que pasa el país exige que se tomen medidas coyunturales que cambien la trayectoria económica buscando la reactivación

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Los más recientes indicadores de desempeño de la economía nacional han puesto en evidencia la acentuada desaceleración de la actividad productiva, en especial del sector industrial que se ha contraído 1,3% a pesar del impulso de Reficar al sector petroquímico, así mismo la construcción de vivienda se contrajo 24,5% mientras que los despachos de cemento permanecen estancados, mostrando que todavía no se siente el impulso de los proyectos 4G en la demanda por insumos.

Por parte de los hogares las expectativas continúan flojas y la confianza permanece en terreno negativo, por lo cual las compras de bienes durables se han contraído, nublando las expectativas de los comerciantes sobre el desempeño del segundo trimestre y lo que ha sido hasta ahora el frío arranque de la segunda mitad del año.

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Con esos datos de contracción de la industria, la disminución del área aprobada para construcción y baja confianza de los consumidores, es momento para que desde el Gobierno se tomen medidas coyunturales para reactivar la actividad económica, que de seguir la trayectoria que trae, puede dirigirse hacia un trimestre de crecimiento cero iniciando el próximo año, lo que abrirá la puerta a una recesión económica.

Es necesario tomar medidas para reestablecer la confianza de los consumidores. Una manera es liberar dinero desde sus obligaciones corrientes, el camino más rápido es usar la regulación para transmitir más rápidamente las decisiones de política monetaria del Banrep, que ha disminuido las tasas de interés desde el 7,75% al 5,5% actual, sin embargo, la tasa de los créditos de consumo continúa en 32% en promedio, afectando la disposición para comprar por parte de los hogares. Esto es un pedido hecho por los comerciantes y el Ministerio de Hacienda, pero el sistema financiero no ha reaccionado, entonces, queda el camino de la regulación para poder cumplir con ese objetivo.  

Así mismo es importante que ese mismo esfuerzo se transmita a los créditos hipotecarios vigentes, particularmente aquellos atados a la UVR, puesto que este indicador está vinculado a la inflación, y ahora que esta ha cedido hasta el 3,9% se requiere que los hogares con hipotecas vean una disminución en el valor de las cuotas de sus créditos. Con menores tasas para los créditos de consumo es más fácil tomar decisiones de compra, y con menores costos en los créditos hipotecarios, se libera dinero en el presupuesto familiar que puede ser empleado en ampliar la canasta de bienes comprados a final de mes.   

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Por otra parte, también se necesita estimular la inversión privada, para ello es necesario poner en marcha programas que incentiven la producción de la industria local, ahí es clave el desarrollo de comprar públicas anticipadas para cubrir la demanda que traerá la construcción de aulas escolares, y la implementación de algunos de los proyectos del posconflicto, así como de los insumos de funcionamiento que necesita el Estado.

Es algo que debe hacerse con prontitud porque en noviembre entrará en vigencia la ley de garantías, que impedirá que el Estado contrate grandes gastos y proyectos y probablemente se extenderá hasta junio del siguiente año cuando se resuelva la elección presidencial. Es decir, hay un riesgo de que el Estado no pueda ayudar a la economía desde el gasto durante todo el primer semestre de 2018.

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Sigue siendo necesario desarrollar instrumentos de financiamiento que permitan que las pequeñas y medianas empresas accedan a la financiación desintermediada del mercado de deuda privada, así pueden disminuir sus costos de capital y encontrar financiamiento a largo plazo para sus proyectos de expansión o de sustitución de pasivos. Además, el mercado de bonos absorbe con mayor rapidez las decisiones de política monetaria, un claro ejemplo de esto es que de enero a mayo las grandes empresas del país colocaron deuda por un valor de $5,56 billones con un interés promedio fijo del 7,7%, y en algunos casos de tan solo el IPC más 4% para periodos de 25 años de duración. Muy importante es que las pequeñas y medianas empresas puedan acceder a ese tipo de financiación que en costos dista mucho de las tasas de entre el 12% y 17% que es ofrecida en créditos tradicionales para ese segmento.

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