Opinión

  • | 2017/09/25 00:01

    Buenaventura sin Caney

    La medición de los impactos de la infraestructura no es algo predecible y cuantificable con exactitud. Sin embargo, es indudable la relación que existe entre una gestión eficiente de la inversión en este sector y los beneficios que puede traer en materia económica y social, especialmente en un lugar tan estratégico geográficamente y tan golpeado por la violencia y la pobreza como lo es Buenaventura.

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La linda ciudad de Buenaventura ha estado aislada sistemáticamente por muchos gobiernos, y no hemos logrado que tenga su caney, como lo dice la canción del Grupo Niche, que es como las comunidades caribes del interior del país denominan a sus áreas de trabajo, en general anexas a la construcción principal de habitación, y que sirven como sus pilares básicos de empoderamiento laboral.

Hoy día se discute el aporte potencial del Complejo de Actividades Económicas de Buenaventura (Caeb) que se marca como una propuesta fuerte de industrialización para una de las zonas portuarias y geográficamente más importantes del país. La finalidad es construir un lugar en el que converjan las actividades relacionadas a la producción, la academia, la comunidad, el Gobierno y de diversos factores que se pretende impacten positivamente la situación actual que se mantiene en la ciudad y en la región.

El Caeb se ha potenciado y consolidado bajo el programa Nuevas Ciudades del Departamento Nacional de Planeación –DNP. Bajo los pilares esenciales de transformación económica y social para Buenaventura, se quiere aprovechar el increíble potencial productivo, portuario y logístico mediante la promoción de una gran zona que concentre varias actividades económicas. Por ende, es una iniciativa que planea mejorar la situación de la región y del país, bajo el empoderamiento empresarial y regional.

Por lo pronto, algunas de las líneas de negocio que ya han sido identificadas dentro de la estructura del Caeb son un gran centro de servicios, un parque industrial y logístico, un centro empresarial, la zona franca, un punto de cargas locales, una central de abastos, viviendas y algunos centros de innovación, ciencia y tecnología. Toda una gran apuesta que se enmarca para el desarrollo y el fortalecimiento de la competitividad de la ciudad, bajo el desarrollo potencial de infraestructura energética asociada.

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Buenaventura es considerado como el principal puerto colombiano sobre el océano Pacífico. Conecta con más de 200 puertos alrededor del mundo, y tiene el segundo mayor recaudo a nivel nacional, transitando por él, cerca del 35% de comercio exterior en todo el país. Este aspecto es una importante causal del potencial desarrollo del departamento del Valle del Cauca bajo un enfoque en la región pacífica.

En 2016, Bogotá fue la economía que más creció con una participación del 25,7% en el PIB nacional, seguida de Antioquia con 13,9%, Valle del Cauca con 9,7% y Santander con 7,7%. En el Valle el aumento se debió especialmente por el jalonamiento del sector construcción, pero también destacan otros representativos como los servicios financieros, la industria manufacturera y los servicios sociales y comunales.

Si llega a convertirse, como se prevé, en un importante nodo estratégico para la nación en términos industriales y de comercio exterior, generaría hasta 60.000 nuevos empleos, motivaría la llegada de aproximadamente 150 empresas de diversas ramas productivas y sería un punto de encuentro de más de 320 rutas comerciales navieras a nivel mundial. Esto sería, entonces, la más relevante de las inversiones a pesar de que años atrás se adelantaron proyectos como la Sociedad Portuaria de Buenaventura y la Terminal de Contenedores de Buenaventura (TCBuen).

Sin embargo, bajo una radiografía más panorámica, Buenaventura demanda mucho más que sólo el fortalecimiento portuario y logístico. Se necesita generar recursos y obtener apoyo del sector público-privado, bajo una gran cantidad de apoyo social, para que pueda ser consolidada como un centro económico internacional, con índices óptimos de bienestar poblacional para que el desarrollo se refleje en mejoras de calidad de vida en la región.

Se debe evitar que resuciten situaciones tales como la asimetría tan profunda que se evidenció hace aproximadamente tres años, en donde de $4,2 billones que el Gobierno Nacional recaudó por concepto de impuestos, sólo le correspondió una cifra cercana al 3.5% del monto total. Ello repercute en una perpetuidad de los índices de pobreza en Buenaventura que circulan en un estimado de más del 70-80% de la población según cifras del DANE.

Asimismo, con iniciativas como el Caeb deben generarse estrategias para mitigar los duros efectos de la minería ilegal y la persistencia de grupos armados como el Clan de Golfo que diversifican en un amplio portafolio de actividades ilegales. Hay que procurar que este tipo de violencia disminuya en la medida en que se generen mejores chances a los habitantes del municipio para que prosperen en ámbitos laborales, económicos, educativos, comerciales, y demás asociados.

Otro aspecto importante de desarrollo para el departamento, es la decisión de la firma uruguaya Zonamerica, en alianza con el Grupo Carvajal, de llegar a Cali como una zona franca especializada en servicios corporativos. Al parecer, Colombia fue escogida gracias a la posición estratégica que permite llegar con una mayor facilidad a los países del norte. Aparte, es un polo potencial de exportación.

El punto clave en todo esto es que el país por fin está evidenciando la importancia tan grande que merece la inversión en infraestructura adecuada y competitiva para sembrar la semilla de la diversificación económica. Así se empieza a conformar el núcleo del avance social, en este caso, en una región que ha sido tan golpeada por aspectos de violencia, narcotráfico y guerra. El reto ahora es poder dotar a este tipo de proyectos de atractivo de inversión y autosuficiencia para que se vean los resultados de una estratégica inversión de los recursos nacionales.

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