Opinión

  • | 2016/06/08 00:01

    Brexit y el péndulo de la integración global

    La dificultad de mantener la cohesión en la Unión Europea y las diversas intenciones separatistas son un gran desafío mundial.

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El próximo 23 de junio en el Reino Unido se llevará a cabo el referendo para definir si este país permanece o deja la Unión Europea en un evento que se ha venido conociendo como Brexit. A esto se suma el proceso independentista de Cataluña iniciado en noviembre del año pasado como un síntoma más del resquebrajamiento que vive la unidad política en Europa.

La dificultad de mantener la cohesión en la Unión Europea y las diversas intenciones separatistas son un gran desafío mundial. Luego de un próspero resultado de crecimiento económico global que duró entre comienzos de siglo y hasta la crisis financiera de 2008 en las economías desarrolladas, están dados los elementos para configurar un retroceso significativo de la integración global. La aldea global que contó incluso con la decidida participación de China al entrar a la Organización Mundial del Comercio en 2001, parece estar desvaneciéndose.

El Reino Unido hace parte de la Unión Europea desde 1975, pero con la llegada del actual primer ministro, David Camerón, al gobierno en 2015 y por petición de los partidos políticos de oposición se ha convocado el referendo este año. Quienes defienden o impulsan el voto por salir de la Unión Europea afirman que los costos son mayores que los beneficios y allí se destacan no solamente el costo fiscal anual del gobierno británico por pertenecer a la Unión Europea sino la percepción de que la fuerte migración hacia el Reino Unido que significa una entrada neta de 300.000 inmigrantes al año, está ocasionando mayores costos en la prestación de servicios públicos al tiempo que está deteriorando los salarios que reciben los ingleses.

Así mismo, hay una preocupación por la pérdida de influencia política del Reino Unido en el marco de política global en temas cruciales como la defensa y la seguridad, recordando que la Unión Europea nace como una forma de implementar acuerdos para evitar confrontaciones militares que llevaron a la Segunda Guerra Mundial. En todo caso, hoy las encuestas muestran un resultado bastante incierto puesto que la intención de voto por quedarse en la Unión Europea está en 45%, mientras que 43% favorece la opción de salirse. En septiembre del año pasado era mayor la probabilidad de que ganara la opción de mantenerse en la Unión, toda vez que el porcentaje superaba el 50%.

Llama la atención que mientras las dinámicas demográficas y económicas apuntan claramente hacia una mayor integración global, los gobernantes y líderes políticos de los países europeos parecen ir en contravía por defender fronteras que con la evolución de los negocios son cada vez más tenues. El surgimiento de grupos nacionalistas y la inclusión del tema de migración en la campaña presidencial de EE.UU. son reflejo de la principal preocupación que puede compartir la población con sus gobernantes para el impulso de políticas proteccionistas, pero la realidad de los flujos migratorios originados por diversas causas no parece tener reversa y menos poderse controlar con el uso de la fuerza.

Una importante razón que está moviendo el péndulo de la integración global hacia el proteccionismo es, sin lugar a dudas, la resaca de la crisis económica experimentada en las economías desarrolladas desde 2008 y que todavía no finaliza. Esta situación ha generado presiones prácticamente inmanejables para los gobiernos debido al alto endeudamiento público que han restringido considerablemente la capacidad de respuesta de la política fiscal que, además, es la que permite mostrar resultados a los dirigentes políticos. En consecuencia, la política monetaria ha tenido que lidiar con buena parte de la respuesta a la crisis en las economías desarrolladas llevando a distorsiones de consecuencias desconocidas como, por ejemplo, la adopción de tasas de interés negativas.

En el caso de la Unión Europea el tema ha sido más complejo aún a la hora de poner de acuerdo a 28 miembros sobre cualquier decisión política; sobre todo al tener en cuenta que países fuertes como Alemania o Francia tienen problemas al intentar legitimar con sus nacionales muchas decisiones que, al menos inicialmente, solo benefician a los países con mayores problemas como ha ocurrido con Grecia en años recientes.

En síntesis, lo que suceda en Europa con el referendo que llevará a cabo el Reino Unido será una gran prueba de qué tan cercano está el inicio de una fase proteccionista en las principales economías mundiales. Nuevos pasos en esta dirección probablemente traerán mas costos que beneficios para todos, pues, en general, la menor competencia que promueven las estructuras de protección en mercados que tiene la capacidad de autorregularse terminan generando costos para todos sus participantes.

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