Opinión

  • | 2016/03/21 00:01

    Brasil, la ‘fea’ más buena

    El desenvolvimiento en las esferas políticas de Brasil con el escándalo de corrupción conocido como ´Lava Jato´ ha sido una de las mejores historias de la vida real que he escuchado en mi vida, y que definitivamente merece una recreación cinematográfica.

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Hace poco menos de dos semanas, el ex Presidente Lula da Silva había sido detenido por la policía federal para ser interrogado por pruebas que supuestamente lo involucraban con los hilos de corrupción de Petrobras, además de sospechas sobre supuesto lavado de activos. Menos de dos semanas después, Lula se encontraba en Brasilia no precisamente detrás de rejas,  sino en el palacio presidencial al frente de la Presidenta Dilma Rousseff siendo nombrado Jefe del Gabinete, un puesto equivalente a Primer Ministro. Esto es evidentemente una estrategia de protección antes los beneficios de inmunidad que tienen más de 700 oficiales gubernamentales en Brasil. La excusa de la Presidenta Rousseff es, ganar popularidad entre los congresistas, la pérdida de credibilidad entre los mismos políticos para aprobar las leyes necesarias para tener nuevamente crecimiento económico.

A estos eventos se une la anulación del juez federal sobre el nuevo cargo de Lula da Silva como Jefe del Gabinete por las grabaciones de las conversaciones con Dilma Rousseff tratando de protegerlo, las cuales fueron anuladas tiempo después por “ilegales” y “anti-democráticas”. Me recuerda a las historias de Pablo Escobar, conocido por todos como el mayor narcotraficante en Colombia mientras fuera nombrado como suplente al Senado por el movimiento Alternativa Liberal.

No obstante la historia todavía puede tener un final donde los ‘buenos’ ganan. El riesgo de derrocamiento del poder para Dilma como Presidente sigue estando latente, lo cual sería la luz al final de túnel para los brasileros, y con ello, sus inversionistas. La mala noticia es que faltan unos cuantos capítulos por terminar antes de ver el desenlace de esta historia. En el caso específico de proceso político para el impedimento, el tiempo estimado para una resolución sería hasta julio de 2016. Durante este tiempo, es necesario la creación de un comité especial por parte Congreso, responsable de conducir el proceso. A esto le sigue varias sesiones parlamentarias en las Cámara Baja y Alta donde la Presidenta Rousseff presentaría su defensa, y por ende, se aprobaría o rechazaría dicho proceso. Es necesario 342 votos en la Cámara Baja y 54 votos en la Cámara Alta a favor, como mínimo, para el despido de la Presidenta Rousseff. En este caso, el Vicepresidente Michel Temer asumiría el cargo de Presidente interim.

El momento de invertir en Brasil es….

Invertir en un país con la inestabilidad política de Brasil, la debilidad de sus instituciones y un escándalo de corrupción de escala monumental, es suficiente para tenerle ‘asco’ como destino de inversión. A esto toca sumar un crecimiento negativo de 3.8% en 2015, inflación de 9%, tasa de desempleo de doble dígito, y expectativa de recesión en 2016.

A pesar de esto, creo que Brasil es la ‘Bety la fea’ como destino de inversión en el largo plazo, la que nadie quiere pero después es la más deseada. Desde otra óptica, Brasil es la casa destrozada con ratoneras y paredes rotas que nadie quiere comprar, pero que es perfecta para remodelar y ganar una fortuna con su venta.

Actualmente, varios fondos de inversión institucionales tienen restricciones importantes para invertir en Brasil dada su responsabilidad fiduciaria. Las reducciones en la calificación de su deuda, además de las situaciones negativas mencionadas anteriormente son factores que limitan la entrada de capitales en Brasil. Esto genera una oportunidad per se para los inversionistas más flexibles que quieren aprovechar a niveles de compra ‘VIP’.

Bank of America Merril Lynch recientemente aumentó su recomendación para Brasil a overweight, es decir, una ponderación sobre el portafolio recomendado para América Latina. Los altos retornos, el mejor entorno económico a nivel global, la recuperación en los precios del petróleo, y mayor probabilidad de un equilibrio político hacen atractivo el país como oportunidad de inversión.

Mi perspectiva sobre invertir en Brasil depende netamente del horizonte de inversión. En el corto plazo, invertir en Brasil es especulación, ya que los mercados locales de acciones, deuda y divisas se estarán moviendo de acuerdo a las oleadas de eventos políticos, y por lo tanto, cualquier cosa puede pasar (como acabamos de ver recientemente). En el largo plazo, prefiero no tener un gran resentimiento mientras veo a Brasil con los mejores retornos de inversión a nivel global, sin haber puesto una ficha para este ‘final feliz’.

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