Opinión

  • | 2017/04/08 00:01

    Elogio de la lentitud

    Vivimos en un mundo en que imperan la rapidez, la precipitación y el corto plazo. Tener un espacio para reflexionar, hacer una pausa, plantear una adecuada estrategia, disfrutar más la vida, se volvió algo ineludible, debemos buscar y lograr esto.

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En su último libro, “Thank you for being late: An optimist´s guide to thriving in the age of accelerations”, Thomas Friedman (2016) se refiere claramente a lo acelerado que está el mundo hoy que incluso podemos agradecer, como le sucedió a él, que alguien llegue tarde a una cita puesto que nos permite observar, reflexionar y analizar sobre lo que está pasando a nuestro alrededor.

Según este autor existen tres “aceleradores” que se interrelacionan y determinan entre ellos el movimiento de la sociedad y la economía: la tecnología, los mercados (la globalización) y el cambio climático. Las transformaciones resultantes suceden a unas velocidades muy vertiginosas y los seres humanos, las empresas, el sistema educativo y los aparatos normativos, no cuentan con la capacidad de adaptarse oportunamente y actúan de manera reactiva.

¿Pero vale la pena ir tan rápido? ¿Alcanzamos a percibir los múltiples cambios acelerados que se han dado en la economía? ¿En el mundo entero? (pensemos nada más en lo exponencial que han sido las tecnologías especialmente en los últimos 10 años) ¿somos capaces de incorporar esas variaciones adecuadamente en nuestras actividades profesionales o personales?

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¿Esos cambios en realidad han sido disruptivos, pero los percibimos así? Hablamos del futuro pero no advertimos el alcance y el significado de dichas evoluciones.

Otro autor, Carl Honoré (2004), en su libro “In praise of slow: How a worldwide movement is challenging the cult of speed”, analiza el culto a la velocidad y afirma que este se está convirtiendo en el estándar social a nivel mundial. Al esforzarnos por hacer todo más rápido, tratando de ser muy eficientes, nos vemos sometidos a un ritmo de vida que escapa a nuestro control.

Para todos aquellos que no queremos vivir tan extenuados, tan dependientes o esclavos del tiempo o proceder aceleradamente ante situaciones cotidianas o actos importantes en nuestras vidas es necesario entender algunas reflexiones para aplicar en nuestra vida personal y profesional.

  • Hay que hacer un alto en el camino. Debemos ser capaces de reconocer ese punto de inflexión en el que nos encontramos tan apresurados en nuestro ritmo de vida y tomar la decisión de parar. Hace ya algunos años nos decían que las máquinas trabajarían por nosotros y que nuestras jornadas serían mínimas. ¿Ha sucedido efectivamente esto? ¿Creemos aún que “el tiempo es dinero”?
  • Cuestione el famoso “hágalo todo más rápido”. Siempre hemos querido hacer muchas cosas en poco tiempo queriendo maximizar la eficiencia de todos nuestros actos. Dejemos de aplicar el principio de que el tiempo es oro tanto de día como de noche y que incluso podemos desarrollar muchas actividades cuando estamos durmiendo!
  • Apliquemos la lentitud a nuestros hábitos alimenticios. Descubramos la diversión que está implícita en cocinar, compartamos y disfrutemos con nuestra familia y amigos lentas y largas comidas elaboradas según recetas tradicionales.
  • Volvamos las ciudades más habitables. A medida que aumenta la demanda de un estilo de vida libre de carros y más lento, se disminuye el deseo de vivir en las típicas urbes. Hay que recuperar la calle para el ciudadano, hacer la movilidad más fácil, favorecer los pequeños comercios, la proximidad, la agricultura sostenible y las tradiciones locales. Si las personas no encontramos ello en las ciudades, vamos a vivir a entornos rurales relativamente cercanos al lugar de nuestros trabajos.
  • Tengamos mente sana en cuerpo sano y solicitemos paciencia de nuestros médicos. Las consultas con los médicos son demasiado rápidas como para poder evaluar efectivamente. Se ha confirmado incluso que los medicamentos occidentales a menudo bombardean los síntomas de una dolencia sin curar el problema subyacente. El yoga, las técnicas orientales, el pilates, los spa, etc. son alternativas muy interesantes para lograr nuestro bienestar.
  • No seamos apresurados en nuestras relaciones íntimas. El construir una efectiva relación toma tiempo y debemos permitírnoslo para poder experimentar placer en la misma.
  • Sepamos equilibrar trabajo y vida privada. Trabajar para vivir y no vivir para trabajar, disfrutar el presente y sacar más tiempo para aprovechar no solo lo que tenemos sino a nuestros seres queridos igualmente, quitemos el pie del acelerador y vamos más despacio.
  • En la educación de los hijos tengamos niños “pausados”. La clase de educación más efectiva que podemos darles es aquella en que se diviertan y jueguen entre tantas cosas bellas y no precisamente aquella en la que estén llenos de tareas y deberes todo el tiempo, que ni siquiera logren realizarlos plenamente en el colegio. "Hay que desenchufar todos los aparatos y decirles a los chicos que salgan a jugar"

Es por todo lo anterior que en el campo profesional y comercial debemos actuar sin apuros, comprender y conocer mejor nuestro mercado brindándonos el placer de dialogar más con nuestros clientes, entender sus procesos de compra, no solicitar indiscriminadamente ventas por parte de nuestros vendedores, la venta como tal es una actividad que tiene ciertas etapas. Algo que sí debemos acometer, es adquirir conciencia del impacto y del alcance de los “aceleradores” en la economía y en la sociedad e incorporarlos a nuestra actividad empresarial, pero con parsimonia y  entendiéndolos completamente antes de utilizarlos.

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En lo personal, en esta Semana Santa trataré de descubrir, con cierta “lentitud”, lugares maravillosos de nuestra bella región, descansar efectivamente tratando de armonizar mi cuerpo y mi mente después de un trabajo valioso pero arduo y agitado, comer disfrutando de una receta tradicional en la que yo haré parte de su elaboración, y sobre todo, gozando todos esos pequeños momentos en compañía de mi familia.

El mundo seguirá su ritmo frenético orientado esencialmente por la tecnología, los mercados y el cambio climático, pero yo me permitiré entrar en sintonía conmigo mismo, para poder tener toda la energía necesaria que me conceda la actitud y la aptitud para seguir desempeñando mis actividades profesionales y personales cabalmente, esencialmente aquellas como miembro de una familia.

Me dice mi pequeña hija: “Papá, no vayas tan rápido, ve pasito a pasito, DESPACITO” por referirse no solo a mi afán permanente sino igualmente para que comparta con ella uno de los últimos éxitos musicales en todas las redes y estaciones, y que ella no cesa de escuchar, y bailar. Vaya que sí lo voy a hacer, y bien lentamente.

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