Opinión

  • | 2015/02/09 16:00

    Yo fui becaria… y ahora decana

    En medio del álgido debate acerca del aparente matoneo del que son “víctimas” los becarios del programa “Ser Pilo Paga”, aquí un breve testimonio de una becaria que hoy en día es reconocida como una brillante profesional. Opinión de Adriana Patricia Guzmán.*

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Mi papá decía que cómo me iba a pagar una Universidad tan cara, que ni sede propia tenía y encima para “esa” carrera.

Corrían finales de los 80s. El país iba medio mal, la economía también y las finanzas familiares, en declive. Éramos tres, hijas de un padre, dueño de una distribuidora de papelería que intentó sobrevivir siempre en medio de las fauces de empresarios bravos, con primaria completa y un bachillerato validado en la experiencia; y una madre, dedicada a la gerencia del hogar (o sea ama de casa) y a ejercer una disciplina de las que ya no se usan, pero que fue la base para ganar en rigor.

Ante ese panorama, estudiar era un lujo que la clase media difícilmente se daba. A pesar de los pesares, mi papá se la jugó y me sentenció que me pagaba el primer semestre a ver qué ocurría. Y así, con un crédito del Banco de Bogotá y cuotas promedio de $80.000 empecé la carrera.

Un buen promedio me valió para optar por la beca que ofrecía la Universidad. Dependiendo el promedio, la necesidad y la declaración de renta, así nos otorgaban el porcentaje de la beca. Aun así me tocaba duro. Unos días llevaba lonchera; otros, alguna cosita. El lujo de cafetería estaba destinado a los viernes. La biblioteca era mi mejor aliada porque invertir en fotocopias resultaba oneroso. Por suerte mi casa no quedaba lejos y podía irme y venirme a pie en un recorrido de media hora. Si llovía, mejor el Trolley que por aquella época aún funcionaba.

Tenía que hacer bien las cuentas. La mesada siempre se quedaba corta y las necesidades eran las mismas que las de cualquier joven que, con mucho esfuerzo, va a la Universidad hoy: transporte, materiales, onces, imprevistos.

No obstante, a punta de trabajo y juicio estuve becada por la Universidad, siete semestres; en medio de algunos que pagan con holgura y de otros que pasaban dificultad como yo. Entre unos y otros hice grandes amigos que acompañan hasta el día de hoy. Todos crecimos como profesionales, nos graduamos juntos y ejercimos juntos un mismo periodismo.

Más adelante conseguí otra de las becas que se ofrecían para saltar a los medios, una pasión que la Facultad de Comunicación me ayudó a encontrar.

Se trataba de un canje del trabajo en la Agencia Colombiana de Noticias Colprensa a cambio del 90 por ciento de la matrícula. Ella me habilitó para entrar a un mundo que por lo general es cerrado, lleno de influencias, trabajo a montón y algunas decepciones; pero un mundo en el que tú quieres estar, vivir y hasta morir porque eres periodista. Y lo logré gracias a esa nueva posibilidad de beca… Un punto de partida, una oportunidad que me abrió la Universidad de La Sabana, para abrirme un camino en el que nunca, gracias a Dios y al trabajo duro, necesité palanca.

Pasé por los mejores medios de este país, estuve en una Institución financiera, en dos grandes revistas económicas, con sueldos dignos (nunca como hubiera querido) y buenos tratos.

Y luego, me apasioné por la formación y aquí estoy, tras recorrer muchos cargos en la Facultad, tratando de ayudar a construir una ilusión que traen cientos de estudiantes que, como yo, hace muchos años quieren hacer realidad a pesar de su condición económica y su social, su estrato, unos padres que los aman pero que no son doctores pero que creen que en este país hay oportunidades para todos. Y las hay.


* Decana Facultad de Comunicación
Universidad de La Sabana

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