Opinión

  • | 2016/08/03 17:00

    América Latina: “Más papistas que el Papa”

    Documentos del BID contienen claves maravillosas sobre patrones y modelos de comportamiento para nuestras ciudades, pero particularmente para quienes estamos relacionados con la toma de decisiones de entidades de educación superior. 

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El Banco Interamericano de Desarrollo publicó un interesante estudio sobre condiciones de vida en ciudades líderes y ciudades emergentes de América Latina titulado “Voces emergentes, percepciones sobre la calidad de vida urbana en América Latina y el Caribe”. En su análisis ha considerado los principales  aspectos de la actual calidad de vida en las urbes de nuestra región, basadas en la percepción de la ciudadanía.

Para quienes estamos en el mundo académico este documento contiene claves maravillosas de reflexión e información valiosísima sobre patrones y modelos de comportamiento para nuestras ciudades. Particularmente para quienes estamos relacionados con la toma de decisiones de entidades de educación superior o del sistema en general de educación, ciencia y tecnología, los análisis y las conclusiones de este documento nos plantean grandes y graves retos de futuro en términos de educación.

Permítame, querido lector, proponerle en este sentido 4 prioridades de trabajo de nuestros sistemas educativos y particularmente del ámbito de la educación superior:

  1. Acceso y Equidad – La cobertura y los mayores y mejores ambientes de inclusión continúan siendo no solo una preocupación ciudadana sino una responsabilidad en sí misma de las entidades de educación. El desarrollo de ambientes y culturas más incluyentes en los temas de minorías étnicas, personas en situación de discapacidad, género, adulto mayor, víctimas y colectivos desfavorecidos, etc. Esta sigue siendo una deuda de nuestros sistemas educativos y nuestras instituciones.
  1. Pertinencia y relevancia - De qué nos sirve crecer en cobertura y acceso si al mismo tiempo la sociedad no crece en oportunidades para el empleo, para el emprendimiento y la generación sostenible de riqueza. Es muy diciente que la evidencia indique que los latinoamericanos calificamos como muy buena la calidad de nuestra educación superior y no se encuentra entre las principales preocupaciones de la población, pero al mismo tiempo, el acceso a empleo y oportunidades sí resulta ser una de las principales preocupaciones de los ciudadanos de nuestra región. Esto demuestra nuevamente la desconexión que existe entre nuestros sistemas educativos y nuestros sistemas productivos.
  1. Ética y Valores – Este sí que es el gran reto de nuestro sistema educativo. Podemos hacer todo tipo de esfuerzos en mejorar el acceso, la calidad, la pertinencia, la docencia y la investigación, pero si no nos involucramos con la construcción y fortalecimiento de nuestro capital social, la labor educativa seguirá alejada de su papel como elemento fundamental para el desarrollo de la sociedad. Hace pocos días oía mi colega y amigo, José Manuel Restrepo Abondano y suscribo su reflexión: ¿Dónde queda esa dimensión no-racional en el proyecto educativo de nuestras instituciones y de nuestro sistema?. Él, que es el rector de la Universidad del Rosario, se refiere a conceptos tan complejos y tan sofisticados como la Ética, los valores, la felicidad, la honestidad, la solidaridad, el respeto por la dignidad humana y muchos etcéteras, que algunos seguimos considerando pilares en la construcción de cualquier sociedad.
  1. Competitividad de nuestros sistemas educativos – Es momento de que América Latina dé saltos cualitativos relevantes para posicionarse como una región de referencia en educación. Es momento de que nuestra región entienda de una vez por todas que más allá de buenas intenciones retóricas y lugares comunes  sobre la educación como prioridad social necesita avanzar en la destinación cierta, eficiente y eficaz de  los recursos necesarios. En este punto adolecemos de dos complejos culturales interrelacionados entre sí y cuya erradicación debe convertirse en una cruzada de todos: el complejo de “Adán” y el complejo de “sangre azul”. Con el complejo de “Adán”, cada generación, cada persona, cada institución cree que está inventando la rueda, desconocemos con enorme facilidad el mérito de quienes nos han antecedido en nuestras responsabilidades, nos cuesta aceptar que muchos caminos ya han sido inventados y que nos resultaría socialmente menos costoso aprender de los éxitos, aplicar y adaptar las mejores prácticas en nuestras realidades.  Y por otra parte está el complejo de “sangre azul” más conocido como complejo de superioridad. Con esa tendencia (generalmente inconsciente) intentamos compensar también sentimientos de inferioridad; muchas veces tendemos a creer que nuestro sistema es superior al del mundo. Esto se refleja perfectamente en procedimientos como el reconocimiento o la homologación de títulos de instituciones de educación superior extranjeras, muchas de ellas aparecen mejor referenciadas en esa maraña de rankings y  clasificaciones internacionales, que nuestras propias instituciones y sin embargo muchas veces también tenemos la soberbia de despreciar y obstaculizar este tipo procesos. En estas cuestiones somos, como dice el adagio popular, “más papistas que el Papa”.
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