| 9/11/2016 12:01:00 AM

Al país no le conviene lo que está pasando con su industria petrolera

David Barguil, columnista online.

Es urgente que le demos una mano al sector petrolero para que en el mediano plazo esta industria vuelva a ser una generadora importante de ingresos para la nación.

por David Barguil

A nadie le conviene lo que está pasando con la industria petrolera nacional.  Más allá del impacto fiscal de la caída de los precios del crudo y la evidente necesidad de incentivar la diversificación de nuestro aparato productivo para superar nuestra dependencia minero-energética, hoy es urgente que le demos una mano al sector petrolero para que en el mediano plazo esta industria vuelva a ser una generadora importante de ingresos para el Gobierno y, sobre todo, para evitar que las dificultades actuales terminen comprometiendo la autosuficiencia del país en petróleo, con las graves consecuencias que este escenario tendría en materia económica y de seguridad energética.

En un reciente informe, la Asociación Colombiana del Petróleo (ACP) ha evidenciado que a pesar de que en las cuentas del Gobierno Nacional la industria petrolera ha dejado de ser la gallina de los huevos de oro, el cumplimiento de la regla y metas fiscales depende de que la industria esté en capacidad de aportarle al fisco por lo menos 5,7 billones de pesos anuales en promedio entre el 2018 y el 2027, eso sin contar las regalías ni los derechos económicos a favor de la Agencia Nacional de Hidrocarburos (ANH).

No obstante, tal aporte constituye supuestos que son todo menos seguros en las actuales circunstancias. El informe de la ACP señala que la estimación de una renta petrolera de más de cinco billones de pesos depende de que el precio del barril se ubique en 70 dólares al final de la década y el país pueda sostener una producción de petróleo de más de 900 mil barriles por día. En otras palabras, para que los ingresos petroleros le permitan a nuestro déficit fiscal converger a su nivel estructural del 1% del PIB en el 2022, dependemos de precios internacionales del crudo bastante optimistas y además, de cuantiosas inversiones en exploración y explotación que hoy no están a la vista.

Aunque la ACP ha señalado que el país tiene el potencial para materializar inversiones de alrededor de 7 mil millones de dólares año que le permitan mantener su autosuficiencia en petróleo con niveles de producción de entre 600 y 900 mil por día, tal volumen de producción no se puede dar por descontado. Los campos petroleros que actualmente están en producción en Colombia tienen una tasa de declinación de casi el 14%, lo que implica que en los próximos 10 años será necesario incorporar en el inventario cerca de 2 mil millones de barriles de nuevas reservas para sostener niveles de producción cercanos a los 900 mil barriles por día (ACP). Además, durante el 2015, la inversión extranjera directa en el sector petrolero fue de apenas 3.063 millones de dólares, cifra que representa menos de la mitad del requerimiento que plantea la asociación petrolera.

Si bien es cierto que debemos superar la dependencia de los ingresos minero-energéticos, la realidad que hoy enfrentamos es que el cumplimiento de las metas fiscales y la estabilidad macroeconómica del país dependen directamente de mantener una producción de crudo promedio de 900 mil barriles por día. Y, como si esto no fuera suficiente, si desconocemos la enorme diferencia entre las inversiones que el sector petrolero viene haciendo y las que el país necesita que haga también terminaremos poniendo en riesgo la autosuficiencia petrolera del país que hoy solo está garantizada por seis 6 años.

Por esta razón desde el Gobierno Nacional se deben tomar con urgencia  las decisiones que permitan la recuperación del sector petrolero y que alejen al país del oscuro escenario en el que nos veríamos sumidos si perdemos la autosuficiencia del país en petróleo. Esto implicaría que pasaríamos de exportar petróleo a importarlo, es decir, habría que comprar petróleo en el mercado externo para satisfacer la demanda interna. El crudo pasaría de ser uno de los principales productos que compraríamos en el exterior con las serias consecuencias que esto tendría tanto en la balanza de pagos como en el déficit fiscal. El efecto sobre la economía nacional sería nefasto, más ahora, cuando se supone que debemos fortalecer las finanzas de un estado que tendrá enormes presiones en términos de inversión en un eventual posconflicto.

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