Opinión

  • | 2017/01/20 00:01

    Actitud, y no aptitud, determina la altitud

    El talento es, ante todo, actitud, porque con buena actitud cualquier meta está al alcance de las manos.

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La verdad es que no existen los profesionales fracasados, solo proyectos que no han conseguido salir adelante. Si se aprende de los errores, no se ha fracasado. Cada experiencia, si se sabe digerir con serenidad e inteligencia, proporciona información sobre cómo hacer o no hacer las cosas al momento de enfrentar los retos.

Así que solo se fracasará si no se aprende de las experiencias y se aprende aceptando que no se logró el objetivo por razones que entendemos al analizar la situación previa.

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“El fracaso es un evento, nunca una persona”

Tal vez no tengamos conocimientos suficientes sobre muchas cosas, pero eso no es tan importante, pues con la actitud adecuada se aprenden. La técnica se va adquiriendo con preparación y práctica, pero aprender a tener actitud es mucho más complejo.  El fracaso llevará etiquetas en metas no cumplidas, no de personas.

“El conocimiento suma, la actitud multiplica”

Una organización no necesita héroes, sólo requiere de profesionales que desempeñen su rol con compromiso y actitud positiva, el desarrollo personal empieza por cada uno.

La buena actitud también sugiere ayudar a desarrollar a otros profesionales para que consigan lo que buscan, si se hace algo por el equipo, éste tendrá una deuda con nosotros, por eso también ayudaremos a que en un futuro ellos contribuyan a nuestro desarrollo. Lo mismo ocurre en el mundo de los negocios, preocuparse por otros siempre generará mayor rendimiento; si ayudamos a los demás a conseguir objetivos y solucionar problemas, ellos lo sabrán retribuir oportunamente. 

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“Ser ganador es una decisión consciente mientras que perder es una decisión inconsciente”

Los profesionales con etiqueta de “ganadores” no creen saberlo todo, intentan absorber todas las enseñanzas de las personas que han conseguido resultados óptimos y que han demostrado ser capaces de conseguir metas que también les gustaría alcanzar a ellos.

Este tipo de profesionales siempre tienen en su mente la frase: “mejora continua” y tienen claro que la lectura, es gasolina para el conocimiento, los libros constituyen un arma de incuestionable ayuda para aprender. No todos los lectores son líderes, pero con seguridad todos los líderes son buenos lectores, hay que aprovechar que muchos emprendedores, ejecutivos, consultores, pensadores, profesores y especialistas en desarrollo, han tenido la generosidad de dejar por escrito sus conocimientos y experiencias.

Dentro de cada profesional hay un “ganador” en potencia, pero muchas veces ese “ganador” está adormecido. Con frecuencia la educación tradicional va aniquilando el potencial interior que cada persona acumula, no obstante, ese potencial es innato y no desaparecerá jamás. Es necesario activarlo para prender la chispa, a veces una conversación, un libro o una experiencia determinada pueden hacer que todo se precipite favorablemente. Por esa razón todos los profesionales están obligados a ser inspiradores y a transmitir a la gente la idea de que ellos también pueden convertirse en la persona que les gustaría ser.

Es el carácter lo que nos saca de la cama, lo que impulsa a lanzarse y asumir riesgos, el compromiso es determinación, lo que nos pone en acción y, la disciplina lo que nos permite seguir adelante y construir hábitos que conducen al éxito. Con esos tres ingredientes se puede hacer un buen guiso en el mundo del desarrollo profesional.

Un profesional “ganador” no valora los éxitos sólo por lo que ha conseguido, sino por todo lo que ha dejado en el camino para poder alcanzarlos. Además de tener una vida personal estimulante que ayude a rendir plenamente en el ámbito profesional.

Así pues, que para ser un ganador hay que planificar el cómo se va a ganar, prepararse para ganar y esperar ganar. Y ganar es conseguir aquello que a uno le gustaría ser, hacer o tener, desde el interior, con un sello diferenciador y con la autenticidad suficiente para hacerlo propio. Todo esto para el final de la carrera profesional poder dejar lo único que permanecerá en el tiempo, el legado.

Finalmente, hay que tener claro que todo proceso exige: deseo de lograrlo, determinación por materializarlo, fe en la posibilidad de hacerlo, estrategia para verlo hecho realidad y paciencia para no desistir por el camino; todo eso resumido en una palabra: actitud. 

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