Opinión

  • | 2017/09/24 00:01

    ¡A liderar con coherencia!

    Si queremos transformar una organización debemos empezar por entender para qué queremos el cambio.

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Hablamos de ésto y no vemos por dónde empezar, solo consideramos que es importante hacer algo distinto pero ni siquiera hay un diagnóstico claro de cuál es el ambiente al que me enfrento hoy, viendo lo bueno y lo malo para así saber qué mantener y en qué mejorar.

De lo que he observado en el comportamiento organizacional de diferentes empresas he podido concluir que cada cultura corporativa forma a sus empleados de acuerdo con lo que considera correcto, muchas veces porque los comportamientos se han heredado de manera automática y otras por que el líder es el que define el estilo para moverse.

Los empleados son seguidores de líderes. Muchas veces la “empresa” tiene la cara de su líder para cada uno de los miembros de una corporación. Esto quiere decir que cuando los empleados hacen afirmaciones como “es que la empresa es justa” “es que la empresa no se preocupa por nosotros” “es que la empresa tomó ‘x‘ o ‘y‘ decisión”, básicamente la cara en la cual se piensa es en la de su líder.

Hay una serie de ciudadanos con los que nos estamos encontrando hoy en día en las organizaciones. Traté de hacer una buena agrupación para que cada quien reflexione en cuales  fomentar y cuales controlar para que su crecimiento no desborde ni a las personas ni al colectivo.

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1. Los animales políticos: Su descripción es muy fácil. Son excelentes moviéndose políticamente, haciendo los contactos necesarios y adulando a quien corresponda. Normalmente logran sus fines y no necesitan tener tanto fondo. Los políticos son importantes pero creo que debe controlarse mucho su crecimiento porque pueden ser epidemia y esto les sirve más a ellos como individuos que a la organización total.

2. Los que enredan: Con éstos haga un test. Si usted lleva en una reunión 10 minutos y está distraído o no ha entendido nada de lo que dice el sujeto, ese es estrella del enredo. Normalmente se mueve muy bien en el “flow” del power point pero si le quitas su libreto convulsiona. Personalmente estos me parecen inútiles y su aporte es nulo.

3. Los filósofos: Estos son los que llevan conceptos, citan autores, hablan de artículos y tendencias. Siempre están bien enterados y juzgan todo. Estos seres conceptuales me gustan. Lo realmente importante es que ejecuten al menos una cosa de las 100 que hablan. Ese es su riesgo. Con un buen líder, los filósofos son súper buenos aportando.

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4. Los que hacen caso: Siempre habrá autoridad y necesidad de obediencia porque si no el mundo sería una anarquía. Pero mucho cuidado con la obediencia extrema. Hay que cuestionar un poco y no transar los valores.

5. Los que dan resultado: Estos son mis favoritos. Los que realmente manejan equipos para llegar a resultados de gente, financieros, de desarrollo de crecimiento con alto desempeño. Normalmente tienen mucho fondo y cuestionan cuando hay que hacerlo. Las organizaciones no deben castrarlos deben potenciarlos y ayudarlos a crecer.

6. Los innovadores: Aman el cambio, creativos, fuente de ideas permanente. Hay que encausarlos pero alimentarlos.

7. Los retadores: Son difíciles de controlar pero pueden aportar de manera infinita a una transformación cultural. Para las organizaciones conservadoras que solo pregonan pero no asumen retos es mas fácil sacarlos de la organización que potenciarlos. Personalmente me gustan los toros bravos, así que este grupo lo disfruto.

8. Los que no se ven: Su intención es ganarse el sueldo. Jamás los notas, aportan lo que toca en su mínimo límite. No es cuestión de personalidad es más de actitud y decisión.

9. Los del spotlight: Aquellos que siempre quieren aparecer, que jamás agradecen los aportes de los demás por que toman su brillo como gestionado solo por ellos.

Una buena organización trabaja desde la diversidad entendiendo que para su cultura debe tener de todo. Potenciando los perfiles y generando alto desempeño a través de la diferencia. El pecado está en pregonar algo que no se vive en la corporación. Busquemos ser más genuinos en lo que decimos y hacemos como líderes para lograr un compromiso total por parte de nuestra gente. ¡A liderar con coherencia!

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