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Germán Retana, columnista

| 4/8/2013 3:00:00 PM

¡A fuego lento!

¿Recuerda aquella fábula del animalito que mientras disfrutaba chapoteando en un pequeño pozo de agua fría, ésta se fue calentando, poco a poco, hasta poner en riesgo su vida pues no se percató del ascenso paulatino de la temperatura del agua? Opinión de Germán Retana.

por Germán Retana

En igual modo, hay organizaciones y personas que padecen un empeoramiento casi imperceptible. "¡Esto pasará pronto! ¡No creo que se agudice más!" Afirmaciones así denotan resignación o baja percepción de una situación cuya gravedad crece hasta que llega al punto de difícil retorno. Identifiquemos tres posibles orígenes de este comportamiento.

Primero, cuando quienes detentan el poder saben que la imposición de cambios radicales afectaría su cuenta "bancaria" de autoridad, recurren a la introducción gradual de transformaciones, evalúan las reacciones o efectos de cada paso y deciden cuidadosamente el siguiente. Su lenguaje se va endureciendo, las relaciones con quienes discrepan sufren distanciamientos progresivos y la sutil manipulación se acrecienta hasta acumular suficientes recursos políticos para imponer decisiones, sin preocuparse de la resistencia que pueden enfrentar. ¿Por qué? Mientras unos miembros se aferran al poder, otros se van resignando a la coerción, a paso lento, sobrellevando el aumento gradual de la crisis.

Una segunda situación sucede cuando no se reacciona a errores propios porque se consideran pequeños o pasajeros. Luego llegan más fallas y se cree que éstas no se repetirán. Las falencias van subiendo de nivel y se va consolidando una actitud de no reacción, de impotencia y tolerancia ante resultados desfavorables. Solo quedan unos pasos más para que se declare que todo es por mala suerte y huir así de la responsabilidad de hacerse cargo del rumbo propio. La mediocridad suele germinar en un ambiente así.

Finalmente, puede ocurrir que la sensación de deterioro se apodere de la organización. Sin embargo, sus miembros se convencen de que todo lo malo proviene de afuera, de otros actores, por lo que poco o nada pueden hacer para librarse de ese impacto externo. El determinismo ajeno inunda la mente de los miembros que se declaran víctimas del destino decidido por "otros", lo que sirve de excusa perfecta para no entrar en acción.

Revertir estas situaciones requiere valor para frenar el deterioro, tomar la decisión de ser protagonistas y no mártires del devenir. Urge de voluntad para defender convicciones propias en el primer caso, de coraje para romper la espiral del conformismo en el segundo, y de proactividad para erradicar la resignación en el tercero.

Los miembros de los equipos de alto desempeño agudizan su pensamiento crítico, actúan con valentía para cambiar a tiempo y son determinados para imprimirle un rumbo retador a su futuro. De esta forma siempre están lejos de caer en la trampa del "fuego lento".

* Profesor Incae Business School
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