| 6/8/2011 6:00:00 PM

Strange Fruit?(Versión tropical)

Es clarísimo que en nuestro país la objetividad de la justicia está gravemente amenazada por la seducción del protagonismo mediático.

¿L@ conmueven las canciones tristes? Le recomiendo que oiga Strange Fruit. En Youtube hay un video donde sale la famosa Billie Holiday cantándola mientras pasan fotografías. A nadie deja de producir un malestar inmenso la combinación entre esta canción y ese video. Cualquiera llora si la oye y, sobre todo, si ve las caras tranquilas y complacidas de la gente blanca que aparece en las fotos, al lado de esos extraños frutos que cuelgan de los árboles.

Strange Fruit es sin duda la canción más triste del mundo, y también una de las más importantes canciones-protesta que se haya escrito jamás. La letra de esta canción-denuncia es un poema que comienza así: "Extraños frutos cuelgan de los árboles en el Sur…. "Los extraños frutos son personas negras a las que ahorcaban ante una muchedumbre blanca, para satisfacer su afán de 'justicia'".

Además de ser una canción anti-racista, Strange Fruit ilumina esa sórdida esquina donde populistas de la peor ralea se disfrazan de jueces y -bajo ese disfraz- linchan a quien quiera que esté de moda odiar. Linchar da puntos políticos, porque la gente se siente más tranquila si alguien se encarga de ajusticiar a los malos con el menor trámite posible. Y la gente queda agradecida con el linchador. Por eso no es tan incomprensible que los 4.733 lichamientos que ocurrieron en Estados Unidos hayan sido posibles.

Hay muchas formas de linchar. Para preservar la dignidad de la persona humana frente a la necesidad de hacer justicia, las constituciones establecen las garantías al debido proceso y al derecho de defensa. Pero de poco valen estas garantías si la presión de la opinión pública, inflamada por los medios, puede influir en los resultados de los juicios. Cuando la prensa emite un veredicto de culpabilidad antes de que los jueces lo hagan, surge la posibilidad de que el respectivo reo no sea juzgado por los jueces, en nombre de la justicia, sino linchado por los jueces, en nombre de la multitud que lo quiere condenado.  

Por esto me pregunto si aquí en Colombia llegó la hora de escribir nuestra propia versión de Strange Fruit, sobre el caso de las personas que han sido -o que están siendo- juzgadas mientras que al mismo tiempo se desata un escándalo público sobre los temas que conciernen a sus juicios.

Es clarísimo que en nuestro país la objetividad de la justicia está gravemente amenazada por la seducción del protagonismo mediático. La estigmatización pública de las personas que están siendo investigadas por la Fiscalía, por la Procuraduría, por las contralorías y por las personerías es pan de cada día. Y, en muchos casos, estas entidades ayudan activamente a avivar los escándalos, mediante declaraciones en los medios, comunicados públicos, anuncios para la prensa e, incluso, filtraciones de documentos. Esto ha llegado a un extremo tal que en los principales periódicos del país se citan documentos filtrados como fuentes de las noticias.

Los colombianos sabemos que bastó con que los mensajes del famoso computador se hicieran públicos para que la opinión condenara a Piedad Córdoba. Pero igual le pasó a Valerie Domínguez cuando fue cuestionada por beneficiarse del programa AIS. Desde las senadoras anti-uribistas hasta las ex reinas de belleza, pasando por toda clase de personajes, quienes son mencionados en los escándalos públicos pierden su honra -al menos la honra pública- aún antes de que comiencen los juicios que les seguirán para determinar si son culpables o inocentes.

Y resulta muy difícil para un juez, o para una autoridad de control, exonerar a una persona a la que toda la sociedad considera culpable, aún asumiendo que ese juez, o esa autoridad, no está buscando proyectar una imagen de autoridad justiciera, sino que solo quiere sancionar a los culpables y exonerar a los inocentes.

En Inglaterra, Irlanda, Nueva Zelanda, Australia, Filipinas, India, Pakistán, Canadá, Israel y varios países mas, se aplica la llamada Sub Judice Rule que prohíbe que la información sobre ningún juicio aparezca en los medios, hasta cuando se haya proferido el respectivo fallo. Esta prohibición tiene el propósito de evitar que la opinión pública presione a los jueces a decidir por fuera de lo que dice la letra de la ley.

Tal vez la adopción de esta regla mediante ley o mediante reforma constitucional, para aplicarla a todos los procesos judiciales y administrativos que cursen en Colombia, sirva de remedio para esta situación que nos ha llevado a que tantos juicios, unos pendientes de resolver y otros ya proferidos, puedan ser cuestionados por falta de garantías, porque un juicio en medio de un escándalo público difícilmente puede ser justo.

Según el periódico El Tiempo del día en que escribo esto, el presidente Santos le pidió a las cortes que abran los ojos. Esta es una frase desafortunada. Ningún Presidente puede pedirle eso a la justicia. A la justicia lo que hay que pedirle es que cierre los ojos. A la justicia la representamos con una venda en la cara para que sea objetiva y falle libre de prejuicios y de presiones partidistas o populistas. Solo así habrá justicia para todos.
¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 531

PORTADA

La Bolsa de Valores necesita acciones urgentes

Con menos emisores, bajas rentabilidades y desbandada de personas naturales, la Bolsa busca recuperar su atractivo. Finca raíz, su nueva apuesta. ¿Será suficiente?