| 12/23/2011 12:00:00 PM

¿Quién tiene el poder?

Con este sugestivo título me enviaron un interesante artículo de Dante Caputo aparecido en Perfil.com.

Trata de como: “Los mismos actores que estuvieron al origen de la crisis financiera de 2008 son los que hoy dictan en gran parte las condiciones de la solución que se aplica en esa región (se refiere a Europa).” O sea que los culpables son quienes califican e imponen las reglas para salir de la situación que crearon.

En efecto, la gran crisis desatada en 2008, la más grave desde la Gran Depresión de 1930, se debió a la falta de regulación o control sobre los mercados financieros que se convirtieron en un casino en el cual todo el mundo quedó arrastrado. Esto en cierta forma cohonestado por unas calificadores de riesgo que en ningún momento se dieron cuenta de lo que se venía. La intervención de los Estados o de sus gobiernos para tratar de minimizar los daños se basó en la suposición de que eran el poder que podría de un lado rescatar las economías y de otro reestructurar las reglas del juego para que esto no se repitiera.

La paradoja consiste en que hoy después de las medidas tomadas tanto entre los diferentes miembros de la Unión Europa como por esta en su conjunto y por los Estado Unidos, hemos caído en que están siendo estos mercados financieros los que determinarán si las políticas que se siguen son apropiadas o no. Y por eso siguen siendo esas calificadoras de riesgo (Standard & Poor) las que amenazan con bajar las calificaciones de los papeles soberanos de los países si no se someten a sus criterios. Los sectores bancarios llevaron al caos a los países y ahora estos toman medidas para impedir que aquellos revienten. Francia y Alemania (con el apoyo y el visto bueno de Estados Unidos) tratan de salvar el Euro –y sus propias economías-, imponiendo medidas y nuevos gobiernos en Grecia e Italia para restablecer así la confianza de los sectores financieros.

Y, dice Caputo: ‘Vea, lector, cómo se cierra el círculo. Los originadores de este desastre son los monitores del ajuste en Europa’. Se olvida quiénes generaron la situación que se vive, y se remplazan los gobiernos de políticos por gobiernos de tecnócratas impuestos a los parlamentos. Se suplanta el manejo del poder según las necesidades y la voluntad del pueblo por el de quienes se guían por los caprichos de los mercados. Es lo que Caputo llama una ‘mutación de nuestros sistemas políticos’ o ‘mutación de la democracia’.

Para completar no solo queda la solución en manos de los ´técnicos´ que pasan a dirigir los gobiernos, y de las calificadoras que dirán si pasan o reprueban el examen: tiene estos un punto en común, a saber, que los funcionarios escogidos coincidieron en trabajar en lo que es prácticamente el símbolo del mundo financiero. El nuevo presidente del Banco Central Europeo, , el presidente del Consejo de Ministros de Italia, y el nuevo primer ministro griego, fueron respectivamente Mario Draghi vicepresidente Internacional de Goldman Sachs para Europa, Mario Monti, consejero internacional de Goldman Sachs y su “lobbista” ante los gobiernos de Europa, y, Lukas Papademos cooperó cuando fue presidente del Banco Central griego con la tarea central que tenía el equipo europeo de Goldman Sachs de reunir legalmente información sobre operaciones a futuro y sobre la política de tasas de interés, que terminó en el maquillaje de las cuentas públicas.

Pero este retorno al poder de los causantes de los males no es una excepción en Europa. Algo parecido puede estar acompañando la nostalgia de la derecha en Estados Unidos con la inspiración del Tea Party y el ascenso de las mayorías republicanas en el Congreso (y la que parece probable no reelección de Obama).

Las protestas de indignados y Occupy Wall Street´s, de somos el 99% contra el 1%, son una manifestación en contra de la triste realidad que son ‘los mercados’ y el mundo financiero quien tiene el poder. Y al mismo tiempo la declaración de que las poblaciones se han dado cuenta de ello, y de que quisieran cambiarlo; la famosa ‘democracia a las calles’.

Y eso nos lleva a pensar si algo parecido sucede en Colombia, cuando se encuentra otra vez en el alto Gobierno el equipo de Andrés Pastrana –seis de su Gabinete: Juan Camilo Restrepo, Francisco Lloreda Mera, Angelino Garzón, Juan Carlos Echeverry, Mauricio Carenas, Rafael Pardo y el mismo Santos-, equipo que llevó al país al peor momento económico de la historia.

Lo que se complementa con que también en la dirección del conservatismo retoma el poder el Pastranismo, como si no hubiera sido la gestión de ese gobierno con su catástrofe económica y la falta de responsabilidad en el tratamiento del tema de la paz la que llevó al desprestigio y la pérdida del respaldo popular para esa colectividad, y su práctica desaparición para convertirse en un apéndice burocrático del Uribismo.

Y aquí también el círculo se cierra y se completa con el Golpe de Estado impuesto por el equipo de Gaviria al tomarse ilegal e ilegítimamente el poder en el Partido Liberal, minimizando el hecho no solo que bajo su dirección perdió completamente el apoyo de sus militantes –al punto de caer a menos de una décima parte (¡a un 6%!) del respaldo tradicional tanto a su candidato nacional como al de la plaza fuerte que era Bogotá-, sino sobre todo, que la causa de ello fue se posición de apoyo a las políticas neoliberales –siendo el mismo Cesar Gaviria como presidente quien lo importó a Colombia-.
Parecería que no solo con la desaparición de la militancia nosotros también podríamos habernos dado cuenta de algo parecido, cuando en todas las encuestas sobre expresidentes son Cesar Gaviria y Andrés Pastrana quienes aparecen como los peor calificados (ni Samper con todo lo que lo atacan por los problemas del 8.000, ni Betancur con el Palacio de Justicia llegan a tan baja aprobación).

Pero no nos equivoquemos: el poder lo tiene el modelo; el modelo neoliberal sí, a través de quienes creen en él porque les ha permitido beneficiarse económica o políticamente; pero porque lo que lo caracteriza es que justifica el derecho al abuso del poder; con su filosofía política de la competencia por encima de la solidaridad; de la libertad del mercado sin intervención del Estado, o sea la libertad para que quienes tiene el poder lo ejerzan sin limitación; por su filosofía social darwinista de que solo los eficientes sobrevivan.

Dicho de otra manera, no existe el poder de la democracia. El poder no lo tienen las mayorías ni la población como se predica; bajo el modelo neoliberal los detentores de las diferentes formas de poder (los medios, el sector financiero, los caciques en el mundo político, los ‘lobbistas’ de las grandes empresas) serán cada vez más poderosos y su número cada vez más restringido. Se ve en la concentración en los medios de información; en el aumento de las grandes fortunas; en el poder político de las familias. Quienes defienden el modelo neoliberal es porque lo encarnan en la medida que abusan del poder que tienen. Es el modelo contrario a la verdadera democracia que más que por la mecánica se define por sus objetivos; a saber, la dispersión del poder, la redistribución de la riqueza y de las oportunidades, etc.

En el mundo se produce la reacción contra ello. Esperemos que en algún momento algo similar suceda en Colombia.
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