| 8/15/2012 6:00:00 PM

Petro y los ricos

Las capacidades de Petro le dieron para ser congresista, pero como administrador y gobernante no ha podido. Su interés no era realmente la Alcaldía. Él aspiraba a ser Presidente e iba a dar el gran salto. Hoy esas aspiraciones están aniquiladas.

Conocí a Gustavo Petro en el Congreso, cuando en 1998 tramitamos una reforma tributaria. Hay que reconocer que no pedía favores, ni puestos, ni metía micos, al contrario de sus colegas en el Senado. Pero era terco, no escuchaba razones. Era imposible entablar un diálogo con él.

Esa terquedad afloró en la campaña, cuando nunca aceptó, por ejemplo, que sus declaraciones de fusionar las tres compañías de servicios fueron las que dispararon la caída en la acción de la EEB. Al contrario, se empeñó en decir que eran movimientos especulativos, al mejor estilo de Chávez, para quien todos los males se deben a una conspiración capitalista de la mano de los gringos.

Para Petro esa conspiración existe y los conspiradores son los “ricos”. En el Congreso tenía una desconfianza infinita al equipo de gobierno, al punto que uno sentía que había un resentimiento social. Esto se manifiesta hoy en día en sus declaraciones contra “los ricos”.

En la séptima no se hace Transmilenio porque sería para los “ricos”. Las corridas de toros se acabaron en Bogotá porque eran un espectáculo para los “ricos”. Los “ricos” van a pagar un impuesto predial adicional. Pero hay unos ricos que sí le gustan a Petro.

María Isabel Rueda le hizo treinta preguntas sobre su relación con los Nule, que aún están por aclarar. De los Gilinski, aquellos que demandaron al Banco de Colombia por una multimillonaria suma después de haberlo vendido al Sindicato Antioqueño, se dice que hasta el día de hoy financian las campañas de Petro.

Hay una vieja historia sobre cómo, en épocas del M-19, este movimiento secuestró a un miembro de la familia Cardonski, de Panamá, en cuyo banco los subversivos tenían un millón de dólares depositados, aquellos que iba a recoger Jaime Bateman cuando su avión se accidentó. La pretensión era que el banco devolviera la suma al M-19, en una cuenta donde aparentemente solo tenía firma Bateman. El dinero finalmente se pagó y el secuestrado fue liberado. Años más tarde, por matrimonio, las familias Gilinski y Cardonsky se emparentaron. Ello dio lugar a que se creara una relación con Petro, porque al parecer víctimas y delincuentes acabaron teniendo una relación muy estrecha. Hay ricos de ricos.

No solo en el tema de la conspiración de los ricos se parece Petro a Chávez. Hasta el día de hoy no sabemos qué tipo de cáncer sufre Chávez, como tampoco sabemos cómo se originaron aquellas extrañas hemorragias subdurales que han mandado dos veces a Petro al hospital. Un gobernante se debe a sus gobernados. Ellos tienen derecho a saber de qué enfermedades sufren los mandatarios.

Virgilio Barco fue totalmente abierto cuando le diagnosticaron una diverticulitis en Corea. Ronald Reagan mostró las imágenes de su intestino cuando sufrió un problema similar. Pero parece que aquello del secreto médico es una cosa de la izquierda. Hasta el día de hoy no sabemos qué tipo de lesiones tiene Angelino Garzón y cuál es el pronóstico.

Petro tiene reputación de ser muy inteligente. Podrán decirlo, pero no tiene inteligencia social. Aquella inteligencia que nos dice que a los funcionarios no se les pide la renuncia por las noticias. Aquella inteligencia de saber manejar su horario. Petro es descortés con todo su gabinete llegando siempre tarde a las reuniones. Aquella inteligencia social de no dar la pelea por los medios. O simplemente la inteligencia de no mandar a sus funcionarios a atizar una revuelta contra Transmilenio. Por algo el día de la toma Petro andaba tuitiando en vivo y en directo. Estaba celebrando.

Como dijo un columnista, Petro llegó a su nivel de incompetencia. Sus capacidades le dieron para ser congresista, pero como administrador y gobernante no ha podido. Su interés no era realmente la Alcaldía. Él aspiraba a ser Presidente e iba a dar el gran salto. Hoy esas aspiraciones están aniquiladas por cuenta de sus propias acciones. Petro no aglutina, Petro divide.

A todo esto hay que sumarle su incoherencia ideológica al haber votado por el inquisidor Ordóñez para la Procuraduría. El mismo ente que puede darle la puñalada trapera de destituirlo e inhabilitarlo para ejercer funciones públicas. Y eso también será una conspiración de los ricos.
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