Opinión

  • | 2012/02/29 18:00

    Los impuestos a las ganancias y el desempleo profesional

    El capital humano se desperdicia cuando las empresas prefieren no crecer y modernizarse por temor a los altos impuestos.

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Los países latinoamericanos no usan bien sus recursos productivos, y esa es la principal razón de por qué no crecen más. Si el capital físico y humano que tienen nuestros países se usara con la misma eficiencia que en Estados Unidos, se reduciría a la mitad la diferencia de ingreso entre el latinoamericano promedio y el gringo promedio. 

El mayor desperdicio de recursos y de esfuerzos es el capital humano desaprovechado. Aunque mejorar los niveles de educación es esencial para elevar la productividad y los ingresos, este potencial solo se hace realidad si la gente más educada puede conseguir empleos en empresas que aprovechen sus talentos y conocimientos. Las altas tasas de desempleo y de informalidad de los jóvenes con educación universitaria son un indicio doloroso del mal uso del capital humano.

Los sistemas tributarios son una causa importante de este problema. En Colombia y en otros países se ha hablado mucho del daño que causan los altos impuestos a la nómina pues, al encarecer el trabajo en las empresas formales, estimulan el empleo independiente y en pequeños negocios de baja productividad. Pero los impuestos a la nómina no perjudican tanto a los empleados con educación universitaria sino a los trabajadores de menor educación que son más fácilmente sustituibles y cuyos servicios pueden tercerizarse.

Algo muy diferente ocurre con los impuestos a las empresas, a los que rara vez se presta atención como posible causa de problemas laborales. 

Los impuestos a las ganancias de las empresas reducen el retorno del capital invertido y, por consiguiente, desincentivan la inversión. Con menos capital, la productividad del trabajo es menor y por lo tanto menores los salarios. En principio, esto tendería a afectar por igual a todos los trabajadores, independientemente de su educación. 

Pero hay dos efectos adicionales que perjudican más a los profesionales. 

En la medida en que las empresas invierten más en maquinaria, equipos y tecnologías modernas necesitan más empleados profesionales con altos niveles de capacitación y menos trabajadores de overol. En la jerga de los economistas, el capital y el trabajo calificado son complementarios, mientras que el capital y el trabajo no calificado son sustitutos.

De ahí que los impuestos a las ganancias reduzcan más fuertemente las posibilidades de empleo de quienes tienen educación universitaria. Este es el primer efecto. El segundo efecto es que para los profesionales independientes, cuyo principal capital es su propia experiencia y talento, los impuestos a las ganancias son directamente un impuesto sobre su trabajo. Ambos efectos reducen las opciones laborales de los profesionales.

Todo esto puede sonar teórico, pero es lo que se observa en América Latina. Un país que eleva en 10 puntos la tasa máxima de impuestos a las ganancias de las empresas tiende a observar una caída de 2% en el empleo de sus profesionales. Si se trata de un país donde hay poca evasión tributaria, el efecto puede ser el doble. También tiende a caer más el empleo profesional en los países que tienen regímenes laborales más rígidos, los cuales dificultan la contratación y el despido de los trabajadores. Los que más sufren en estas condiciones son los profesionales jóvenes, que no logran engancharse en empresas de alta productividad y ven sus talentos desperdiciados. Más a largo plazo, esto desalienta a los jóvenes y a sus familias a invertir en una buena educación universitaria.

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