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Jorge Gabriel Taboada.

| 9/22/2013 8:00:00 AM

Pedid y se os dará

En general, el mensaje sobre el paro agrario no se inspira en el estalinismo sino en la ideología de la antiglobalización: desconfianza del capitalismo, oposición al neoliberalismo y cierre del comercio internacional.

por Jorge Gabriel Taboada

¿Por qué hubo tanto apoyo al paro agrario? La razón por la cual los dos extremos políticos apoyaron el paro es obvia. Querían debilitar al Gobierno. A los colombianos muy derechistas – que por lo mismo añoran a Uribe- les gusta que las cosas se le compliquen a Santos a quien tachan de “débil”, mientras que a los que están muy a la izquierda les parece útil -por alguna razón misteriosa- repetir la misma estrategia que usaron en la epoca del Caguán -con gran éxito pero sin ningun beneficio- de desgastar al gobierno mientras este negocia la paz, y al parecer también les anima mucho ver cómo los encapuchados se dan palo con la policía, en ese juego de Tom y Jerry, violento, monótono y sin sentido, que llevamos 50 años jugando.

Pero es más difícil de explicar el apoyo que dieron al paro los moderados, cuyos intereses económicos -de consumidores- no son compatibles con los de los productores que participaron en el paro, y quienes, por pertenecer en gran medida a la clase media, no ganan políticamente del debilitamiento de un gobierno como el de Santos, que evidentemente garantiza la estabilidad del sistema.

Mucho revelan sobre esta paradoja los numerosísimos posts, blogs y cosas similares, que circularon -y aún circulan- entre estudiantes de universidades conocidas, profesionales liberales, profesores, alumnos de colegios privados -incluyendo los carísimos y los simplemente caros- y demás personajes conectados, en los que se expresa solidaridad con los campesinos colombianos y sus causas y, por ende, con el paro agrario.

Ciertos blogs –como los que aparecen en ANNCOL– plantean el paro como una batalla contra el establecimiento, en la que se usó “la novedosa arma” de bloquear las carreteras y afirman, de forma preocupante, que la lección que dejó el paro fue que “con muy poca gente, con muy poco combustible y con un nivel mínimo de organización logística se pueden llevar al borde de la crisis alimentaria y sanitaria a las más robustas y pobladas de nuestras ciudades”[1] .

Pero, en general, el mensaje de los posts que se pusieron sobre el paro agrario no se inspira en el estalinismo sino en la ideología de la antiglobalización (desconfianza del capitalismo, oposición al neoliberalismo y cierre del comercio internacional), a la que algunos le agregan un elemento local, basado en el arquetipo que los colombianos citadinos tenemos de los campesinos, que parece venir de la imagen del pesebre católico, con todo y su niño en la paja, su mula, su buey, sus tres pastorcitos y sus tres reyes magos, mezclado con el discurso de la revolución mejicana.

Y ningún post –al menos ninguno de los que pude encontrar para preparar esta columna- dice nada sobre los intereses de los consumidores ni tampoco sobre la diferencia entre los problemas sociales de los campesinos y las pretensiones económicas de los grandes productores agrarios.

¿Por qué los posteadores apoyan los intereses de los productores agropecuarios en vez de defender los derechos de los consumidores? Esta alianza, al parecer antinatural, probablemente se explica en que los posteadores: i) tienen una ideología fuerte, influenciada por el movimiento internacional antiglobalización, y ii) cuentan con los recursos necesarios para pagar sin ningún problema su comida, lo que los hace insensibles a los pocos cientos de pesos diarios de más que cada uno de ellos tendrá que desembolsar como consecuencia del cierre de la competencia internacional, del alargue del impuesto al 4 X 1000 para pagar los subisidios, y de las mayores tarifas impuestas en las tablas de fletes a favor de los camioneros, que el Gobierno tuvo que acordar con los del paro para calmar las cosas.

¿Y qué mensaje dejan los posts a los campesinos? Al leer los posts aparece el mismo cuento que los productores locales de los países desarrollados lograron deslizar en el saco de ideas de los profetas de la antiglobalización, según el cual hay que pedir a los gobiernos que cierren sus fronteras para evitar que los productos agrícolas de los países del tercer mundo –como Colombia- ingresen en esos ricos mercados, truncando así la única esperanza de que la vida de los campesinos mejore de manera sostenible. Pero también aparecen otros dogmas, como el de las zonas de reserva campesina, en virtud de las cuales, para proteger a los campesinos, se les prohibirá que puedan vender sus tierras, decisión que les caerá desde el cielo, en paracaídas, sin que los habitantes de las zonas afectadas puedan opinar o votar sobre la conveniencia de la medida.

Para terminar cabe preguntarse cómo reaccionarían los blogueros que tanto escriben sobre los campesinos colombianos si al Congreso se le ocurriera sacar una ley que les impidiera vender sus propias casas para protegerlos de que se muden.
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[1] Anncol, Julián Otoya, septiembre 11.


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