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Juan Manuel López Caballero.

| 11/25/2012 3:00:00 PM

La elección en Estados Unidos y el periodismo colombiano

En cuanto dependa de los medios y del periodismo colombianos nos falta mucho para entender lo que esos eventos electorales conllevan como contenido político de fondo.

por Juan Manuel López Caballero

Respecto a la elección americana nuestro periodismo no fue más allá de destacar que al Presidente en Estados Unidos lo elige un Colegio Electoral. No apareció la explicación de que los Estados Unidos es, como lo dice su nombre, una unión de Estados; que ese es el origen y la razón de ese sistema electoral; que como modelo federal solo maneja lo que los Estados acordaron –la moneda, las relaciones internacionales, la fuerza militar y el comercio–; que por eso cada Estado es autónomo y tiene su propia policía, su propia Corte Suprema, su propio órgano legislativo, etc. y en consecuencia se presenta como Estado en las elecciones presidenciales; que por ejemplo la competencia de la Corte Suprema Americana se limita solo a resolver en instancia de apelación casos de diferencias entre los Estados; o que por eso pueden existir ‘paraísos fiscales’ internos como Delaware; en fin, que contrariamente a lo repetido por la mayoría de nuestros comentaristas, no es un sistema anacrónico, ni falto de ‘democracia’, ni necesita ser actualizado –o si lo fuera debería serlo modificando la naturaleza y la estructura de ese país–.

Tampoco se tocó lo que podía suceder con otros temas de interés, como que se decidía al mismo tiempo la representación en la Cámara de Representantes, esa sí en proporción a la población de los Estados; o el relevo de la tercera parte de estos en el Senado; o la conformación de cada legislatura estatal; ni hubo mención a los referendos estatales sobre temas de impacto tan importantes como el matrimonio gay, o tan interesantes para nosotros como la legalización del consumo recreativo de la marihuana.

La ‘información’ se limitó a seguir en las encuestas las posibilidades de que ganaran Obama o Romney (así, solo las personas). Pero quién ganó y quién perdió va mucho más allá de los candidatos, y poco o nada se comentó entre nosotros lo que, como voceros de grupos e intereses, significó el triunfo del uno sobre el otro.

Lo primero y lo de más peso (aunque no lo más destacado): el descartar la teoría según la cual la oferta es el motor de la economía, y por eso se requieren gabelas para la inversión (lo que por supuesto favorece a los dueños del Capital); y el aceptar que lo importante es la demanda, y que para estimularla la generación de empleo es la que da poder para el consumo del sector laboral.

Pero la segmentación del voto muestra algo más: Si solo 40% de la población joven acompañó a Romney, debe entenderse que fue por una mayor sintonía con el ganador en los temas que afectan el futuro, en particular el tema ambiental; si cifras similares se dieron en el voto femenino, debe entenderse que apoyan el progresismo que se ve con la reelección en relación a temas como las políticas de género o el aborto; la posición respecto a los derechos del homosexualismo, el rechazo a la guerra y la actitud benevolente ante los inmigrantes también favorecieron la opción que ganó; pero, sobre todo, que se consolida una nueva sociedad americana –por lo menos en la población votante– cuando sobre 60% del voto ‘wasp’ (blancos, anglosajones y protestantes) que apoyaba a Romney, repitió su triunfo 80% del voto ‘no wasp’ (siendo de destacar la presencia de los hispanos).

Geográficamente es significativa la división entre la llamada ‘América Profunda’ –o sea, la de los Estados del interior y el Partido Republicano–, y la de las costas –que se inclinan por los demócratas–. Los primeros aislados de las relaciones con el exterior (con la simple visión de que ser potencia asegura su tranquilidad –como lo propone la derecha–), la de los segundos más cosmopolita, orientada a una inserción en el mundo según las realidades que se van presentando. Ejemplos de esta diferencia se ven entre las leyes migratorias de Arizona, y los referendos de Washington y Colorado que liberalizaron el uso del cannabis; y algo también dice el que las religiones arcaicas como los Menonitas, Amish, Cuákeros o los mismos Mormones están en esos fortines republicanos de Ohio o Utah, mientras la ubicación de las grandes universidades (Berkeley, Caltec, o todo el Ivy league) es en los Estados en contacto con el mundo.

En fin, la omisión total de cualquier referencia al proceso simultáneo del Congreso Chino –del cual saldrán más consecuencias y a más largo plazo para el planeta y la humanidad– muestran que en cuanto dependa de los medios y del periodismo colombianos nos falta mucho para entender lo que esos eventos electorales conllevan como contenido político de fondo... Y lo mismo sucede con los procesos políticos de aquí...

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