| 5/23/2012 6:00:00 PM

Grexit

La salida de Grecia de la zona del euro producirá una recesión en América Latina.

Que Grecia abandone el euro (Grexit) ya no es una hipótesis remota: el electorado griego ha rechazado los partidos políticos que apoyan las medidas de austeridad exigidas por los acreedores. El gobierno que se formará después de las elecciones del 17 de junio difícilmente estará dispuesto a cumplir con esas exigencias. En consecuencia, se verá forzado a una moratoria de pagos y a introducir de nuevo la dracma para poder financiar con emisión el déficit fiscal. La moratoria y la inevitable quiebra del sistema bancario griego generarán pérdidas de capital en la banca europea y americana. La incertidumbre financiera global producirá huidas masivas de fondos hacia los pocos títulos de gobierno considerados seguros. La sequía de créditos y el pesimismo sobre lo que pueda ocurrir en Portugal, España e Italia llevarán a una recesión profunda en Europa y detendrán la recuperación en Estados Unidos.

América Latina puede escaparse de la recesión si la crisis europea toca fondo rápidamente y se despejan las dudas sobre los otros países periféricos. Pero ese escenario es poco factible. Es más probable que la crisis se extienda al menos hasta 2013, especialmente porque no hay ninguna solución inmediata para España, atrapada como está en el círculo vicioso de la austeridad fiscal, la contracción del PIB y el deterioro de los indicadores de deuda. Aunque es menos probable, incluso Italia podría ser chupada por este remolino.

El futuro más factible se parece cada vez más al escenario pesimista que planteó un influyente informe del BID1 publicado hace un par de meses. En este escenario, hay una caída de varios puntos en el crecimiento en Estados Unidos, la zona del euro y China, y el peor año es 2013. En América Latina, el boom actual llega a su fin en lo que resta de 2012, y en 2013 hay una caída del PIB de más de 1%. Aunque después seguiría una recuperación, las pérdidas de producción acumuladas hasta 2016 serían de aproximadamente 12% del PIB, con respecto a un escenario sin crisis en Europa.

Hay cinco factores externos de los que dependerán los impactos que sufra cada país en particular. (1) Las economías más expuestas comercialmente a la zona del euro (Bolivia, Chile, Perú) sufrirán más que las expuestas a Estados Unidos o Asia. (2) Los países más dependientes de las exportaciones de petróleo (Ecuador, Venezuela) tendrán caídas abruptas de ingresos externos y fiscales porque el precio del petróleo es muy sensible al ritmo de actividad económica en el mundo desarrollado.

(3) Los exportadores de otros commodities (Argentina, Bolivia, Colombia, Perú) dependerán más de cómo reacciona China, que está enfriándose rápidamente, pero donde podrían adoptarse políticas contracíclicas (aunque de menor alcance que en 2009). (4) Sufrirán por la vía financiera los países con sectores bancarios más vinculados directa o indirectamente a la banca de la periferia europea (como son México, Perú, Uruguay, Chile y Argentina, en ese orden). (5) Y, por último, entre las circunstancias externas está la vulnerabilidad a los movimientos de capitales. Podrían cambiar de dirección los abundantes flujos de portafolio a Brasil, Colombia y Perú, lo que pondría fin al boom de finca raíz y otros activos pero aliviaría las tendencias de apreciación, al menos temporalmente, como ocurrió después de la quiebra de Lehman.

Si, como parece probable, Grexit está a la vuelta de la esquina, ya no hay mucho que los países puedan hacer para protegerse. La mayoría ya ha hecho bastante en materia de acumulación de reservas internacionales, reducción del endeudamiento público y fortalecimiento de la supervisión bancaria. La cuestión ahora es cómo reaccionar cuando llegue el momento. El espacio fiscal para políticas contracíclicas es ahora mucho menor que en la crisis anterior y por consiguiente debe usarse con más cautela.

También es menor el espacio para las políticas monetarias, pues las tasas de interés en la mayoría de países están mucho más bajas que a fines de 2008, y en un par de países hay fuertes presiones inflacionarias represadas. Acudir a medidas heterodoxas para financiar el déficit fiscal o para proteger empresas en problemas podría traer un respiro muy temporal pero a costa de sacrificar las posibilidades de recuperación futuras.

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