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¿Está el zorro cuidando el corral de las gallinas? II

Hace cerca de cinco años publiqué una columna bajo este mismo título y, lamentablemente, todavía sigue vigente. Por eso he decidido reeditarla.

En la edición de agosto de 2007 publiqué una columna, en la Revista Dinero de Colombia, con este mismo título. He decidido reeditarla después del artículo publicado en el New York Times hace unos días, escrito por Greg Smith, ex empleado de Goldman Sachs. En el mismo, justificaba su salida por los grandes conflictos de interés a los que estaban sometidos muchos de los empleados de la industria Financiera.

Fueron estos mismos motivos los que me llevaron hace ya 12 años a fundar una compañía de asesoría independiente. A continuación encontrarán el artículo publicado hace 5 años (8/30/2007), y que, lamentablemente, sigue de actualidad:

Cada día es más importante separar la labor de asesoría de las compañías y de análisis de las mismas, de la de asesoría a clientes inversionistas.

La tercera semana de agosto fue de las más caóticas que he vivido en casi 20 años trabajando en los mercados financieros. Siempre he tenido dudas de la objetividad de muchos de los intermediarios, al existir claramente conflicto de intereses entre la actividad de banca de inversiones y la actividad de asesoría de portafolios. Pero una situación que se produjo la tercera semana de agosto me pareció´ totalmente fuera de lugar, por no decir temeraria.

El día 13 de agosto, uno de los principales bancos de inversión a nivel mundial emite un análisis de una compañía del sector financiero dedicada a financiamiento de hipotecas. En dicho análisis estaban recomendando comprar acciones de la empresa bajo la premisa que esperaban una revalorización substancial en el mediano plazo, aunque destacaban que el riesgo existía en la misma. Comentaban que, si bien sus resultados se iban a ver claramente afectados por la crisis subprime que estamos viviendo, el mercado ya había descontado claramente las noticias negativas. Al cabo de dos días, el 15 de agosto, el mismo banco de inversión y, curiosamente, el mismo analista, hace una recomendación de venta de la empresa, destacando que se podría ir a la bancarrota. Esa nota de prensa acaparo´ los titulares de los medios especializados, afectando no solamente la cotización de dicha compañía, sino que envió un mensaje al mercado que provoco´ el desplome de todas las bolsas a nivel mundial, evaporando el valor de los mercados en varios cientos de billones de dólares en solo un día. No se´ que´ llevo´ a ese analista a tener un cambio de impresión tan radical en menos de 48 horas, sobre todo, considerando que habían participado en el sindicato colocador de su última acción preferente hacía menos de seis meses.

Hace pocos años, en los peores momentos de la crisis de Enron y WorldCom, varios bancos de inversión fueron multados o llegaron a acuerdos extrajudiciales por haber estado recomendando por un lado acciones o bonos de compañías al tiempo que estaban vendiendo de sus carteras o al menos involucrados claramente en mandatos corporativos con ellos.

El sector financiero esta´ 100% basado en confianza, y la misma es difícil lograrla, pero muy fácil perderla en poco tiempo. Es por ello que cada día es más importante separar la labor de asesoría de las compañías y de análisis de las mismas, de la de asesoría a clientes inversionistas, tanto privados como institucionales.

Es complicado ser independiente cuando las comisiones por una colocación, por una emisión o por una reestructuración superan considerablemente las que se van a lograr por la parte de asesoría de inversiones a clientes. Lamentablemente la parte más desprotegida, con menos información y, sobre todo, con menos capacidad de reacción, esta´ en el lado de los pequeños y medianos inversionistas. Estos últimos, muchas veces toman sus decisiones en función de las recomendaciones, verbales o escritas de sus brokers, o banqueros privados, sin tener en cuenta que el interés de sus casas de bolsa puede ser muy diferente del de sus clientes. Si a esto se añade un sistema perverso de remuneración a los vendedores, donde reciben un porcentaje de las comisiones que generan sus casas, se complica aún más la ecuación, lamentablemente en contra del cliente individual.

Soy un convencido de la obligación de dar una asesoría independiente, donde la única fuente de remuneración sea el cliente, donde la institución que custodie los activos no esté involucrada en labores corporativas y que se dedique exclusivamente a buscar las mejores opciones de inversión para cada perfil de riesgo. Es un modelo relativamente nuevo, pero que cada día va a estar más en boga, y si llega a ser exitoso, claramente será por los excesos que otros han cometido en el pasado. No nos vaya a pasar que, tal como en las fábulas, el zorro acabe cuidando el gallinero o, en este caso, el dinero, que es más importante.

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