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Fanny Kertzman

| 6/12/2013 6:00:00 PM

Érase una vez la minería

La minería tradicional integrada verticalmente fue asfixiada por el Estado y sus impuestos. La minería moderna a gran escala no arranca porque el Estado no tiene los pantalones para apoyarla.

por Fanny Kertzman

Hace 150 años había tres grandes mineras de oro integradas verticalmente en Antioquia: Fundiciones Álvarez, Fundiciones Escobar y Fundiciones Gutiérrez. El negocio consistía en que en las minas de veta, donde los pequeños mineros tenían título, o en las de aluvión, donde barequeaban, el oro era vendido a intermediarios en el pueblo. Estos pagaban en efectivo, a un precio fijo. Estos compradores de pueblo se iban a lomo de mula a Medellín, donde vendían, también en efectivo, el oro a los Álvarez, a los Escobar o a los Gutiérrez. Estos señores fundían los lingotes de oro y vendían en Nueva York, al precio establecido por el mercado. No había lugar a negociación. Los márgenes que se manejaban hoy y entonces eran de menos de 2%.

Fuera de eso, estaba y está el costo de la inseguridad. El nordeste antioqueño, donde están las minas, es una de las zonas más violentas del país, aún hasta el día de hoy: Remedios, Segovia, Amalfi, Cisneros. Antes eran escenario de la lucha territorial de la guerrilla y las autodefensas. Hoy, el control territorial se lo pelean los Urabeños, los Rastrojos y la guerrilla. Todo esto tiene un elevado costo que todos tienen que asumir. El minero pagando “impuesto”, el intermediario pagando protección.

Súmenle a ello la tributación especial que sufren las comercializadoras internacionales de oro. Tienen que pagar una retención en la fuente de 1% de los ingresos, que no paga ningún otro sector. Según la Dian, no pueden ejercer figuras de comercio como mandato o consignación, en una interpretación claramente inconstitucional del Código de Comercio. Además, tienen que pagar otra retención en la fuente de 0,3% por el CREE. El margen de las comercializadoras es de 1,8%. Lo dicta el mercado, las bolsas internacionales, el precio del oro. El Gobierno se queda con 1,3%. No es de extrañar entonces que empresas de 150 años, como Fundiciones Escobar y Fundiciones Álvarez hayan quebrado. Hoy solo sobrevive Fundiciones Gutiérrez y está boqueando.

Eso en el modelo de la minería tradicional integrada. Pasando al modelo de la minería a gran escala, solo una de las empresas está produciendo: Gran Colombia Gold, que compró la operación de Frontino Gold Mines y varias minas productivas en Segovia y Marmato. Las otras multinacionales canadienses inscritas en la Bolsa de Toronto, aquellas de las que nos habían dicho que eran las grandes locomotoras mineras, no han producido una onza de oro porque no les han dado los permisos ambientales: Anglo American, Anglogold Ashanti (La Colosa), Aux Colombia y Eco Oro ya han empezado a liquidar trabajadores. Debían estar produciendo desde hace rato.

Pero la guerrilla ha sido muy efectiva en azuzar a las ONG ambientalistas, al punto que tienen aterrorizado al Ministro del Medio Ambiente, que ha sido incapaz no solo de otorgar una sola licencia ambiental, sino que se ha encargado de echar para atrás las licencias que había. No se tienen en cuenta la posición de las poblaciones aledañas, como Vetas y California, en Santander, que apoyan el empleo formal que brindan las multinacionales, ni los estudios ambientales que se le exigen a las mismas compañías.

Pero a la guerrilla no le conviene la extensión de la gran minería porque con ella llega la formalización y la presencia del Estado. Usan a las ONG ambientalistas, que al igual que las ONG internacionales de derechos humanos sufren de una ignorancia suprema frente a la problemática colombiana.

La minería tradicional integrada verticalmente como la de los Álvarez y los Escobar fue asfixiada por el Estado y sus impuestos. La minería moderna a gran escala no arranca porque el Estado no tiene los pantalones para apoyarla. Perú y Chile tienen un exitoso desarrollo de gran minería y no se destruyó el medio ambiente, no se acabaron las fuentes de agua. Qué lástima que el Estado se haya dejado vencer sin siquiera dar la batalla y haya dejado solos a los mineros.

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